El Papa: «Combatir el cáncer de la corrupción y el veneno de la ilegalidad»

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09a58be75eFrancisco en la ciudad de Prato comienza su visita desde una ciudad que es simbolo de la inmigración y de la explotación en el trabajo: que para todos haya «respeto, acogida y un trabajo digno». «No se puede fundar nada bueno sobre las tramas de la mentira y de la falta de transparencia». El recuerdo conmovedor de siete trabajadores chinos que murieron trabajando como esclavos hace dos años: «Una tragedia de la explotación y de las condiciones inhumanas de vida. ¡Esto no es trabajo digno!»

 

«La sacralidad de cada ser humano exige para cada uno respeto, acogida y un trabajo digno; la vida de cada comunidad exige que se combatan hasta el fondo el cáncer de la corrupción y el veneno de la ilegalidad». Lo dijo Papa Francisco en su discurso a los fieles desde el púlpito exterior de la catedral de la ciudad italiana de Prato, primera etapa de su viaje de once horas a la región Toscana, en ocasión del congreso de la Iglesia aItaliana que comenzó ayer en la ciudad de Florencia. El Papa se definió «peregrino… de paso, ¡pero por lo menos estoy!», debido a la brevedad de su vista a Prato.Francisco quiso comenzar su viaje en una ciudad que representa un simbolo de la inmigración y de la explotación de extranjeros en el trabajo. El Papa entró a la catedral, saludó a los enfermos y se detuvo en oración en la capilla en la que se custodia la reliquia de la «sacra cintola» de la Virgen. Y justamente a partir de ese signo, Bergoglio comenzó su reflexión. «Ceñirse los vestidos al flanco -explicó- significa estar listos, prepararse para partir, para salir, para ponerse en camino. A esto nos exhorta el Señor también hoy, hoy más que nunca: a no quedarnos encerrados en la indiferencia, sino a abrirnos, a sentirnos, todos, llamados y listos para dejar algo y para alcanzar a alguien, con quien compartir la alegría de haber encontrado al Señor y también la fatiga de caminar por su camino».

Francisco pidió «salir para acercarnos a los hombres y a las mujeres de nuestro tiempo», a pesar del peligro que esto implica, porque «una fe que piensa en sí misma y que está encerrada en la casa, no es fiel a la invitación del Señor, que llama a los suyos a tomar la iniciativa y a involucrarse, sin miedo».«Frente a las transformaciones a veces vertiginosas de estos últimos años -añadió el Papa-, existe el peligro de sufrir torbellino de los eventos, perdiendo la valentía de buscar la ruta. Entonces, se prefiere el refugio de algún puerto seguro y se renuncia a navegar siguiendo la palabra de Jesús». En cambio, nosotros, que «hemos sido servidos por Dios, que se hizo nuestro prójimo», debemos «servir a  nuestra vez, a los que están cerca de nosotros. Para un discípulo de Jesús ningún vecino puede volverse lejano».Francisco agradeció a los habitantes de Prato «por los esfuerzos constantes que su comunidad hace para integrar a cada persona, contrarrestando la cultura de la indiferencia y del descarte. En tiempos marcados por incertidumbres y miedos, deben ser alabadas sus iniciativas para apoyar a los más débiles y a las familias, a las que incluso se comprometen en ‘adoptar’».«No se resignen -añadió- frente a las que parecen situaciones difíciles de convivencia; estén siempre animados por el deseo de establecer verdaderos pactos de projimidad».

El Papa invitó, al final, con las palabras de San Pablo, a usar «una armadura particular, la de Dios Dice, efectivamente, que hay que revestirse de las virtudes necesarias para afrontar a nuestros enemigos reales, que no son nunca los demás, sino ‘los espíritus del mal’. En primer lugar en esta armadura ideal está la verdad».«Debemos ceñirnos de verdad -dijo. No se puede fundar nada bueno sobre las tramas de la mentira y de la falta de transparencia. Buscar y elegir siempre la verdad no es fácil; pero es una decisión vital, que debe marcar profundamente la existencia de cada uno y también de la sociedad, para que sea justa y honesta. La sacralizada de cada ser humano exige para todos respeto, acogida y un trabajo digno».«¡Trabajo digno! Me permito recordar aquí -continuó el Pontífice- a los cinco hombres y dos mujeres de ciudadanía china que murieron hace dos años debito a un incendio en la zona industrial de Prato. Vivían y dormían dentro del mismo complejo industrial en el que trabajaban: en una zona habían inventado n pequeño dormitorio de cartón y tabla-roca, con camas superpuestas para aprovechar la altura de la estructura. Es una tragedia de la explotación y de las condiciones inhumanas de vida. ¡Esto no es trabajo digno!».«La vida de cada comunidad exige que se combatan hasta el fondo el cáncer de la corrupción y el veneno de la ilegalidad. ¡Dentro de nosotros y junto con los demás, no nos cansemos nunca de luchar por la verdad! Animo a todos, sobre todo a los jóvenes, a no ceder nunca al pesimismo y a la resignación».

 

Via VI

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