¿Y si recuperáramos la pobreza?

En estos últimos tiempos me han “molestado” algunas convocatorias a participar en encuentros de espiritualidad franciscana. Y también cierta “apropiación” intelectual de bienes que son de todos.

“Y de camino proclamen que el Reino de los Cielos está cerca. Sanen a los enfermos, resuciten a los muertos, limpien a los leprosos, expulsen a los demonios. Gratuitamente han recibido, gratuitamente han de dar. No lleven en el cinturón, oro ni plata ni cobre, ni provisiones para el camino ni dos túnicas, ni dos sandalias ni bastón. Que el trabajador tiene derecho a su sustento”. Mateo 10,7-10

El contexto de la gratuidad permite su traslado a todos los ámbitos en que actúa el discípulo.

Está más que mal que el que tiene el don de la sanación “cobre” por su servicio, lo justo es que reciba una limosna. Y el apóstol Pablo, fue un ejemplo viviente de que no quería ser una carga para la comunidad, trabajando con sus propias manos.

Cuando una comunidad imprime un boletín parroquial resulta terrible ver que se le coloca la leyenda “Prohibida su reproducción total o parcial”…Y cuántos hay que lo consignan en algún lado. Entonces quiere decir que la palabra de Dios esta encadenada y ya no es más un mensaje que debe fluir libremente hasta penetrar todos los resquicios de la sociedad. ¿Qué se ha entendido del Mensaje?

 

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Y cuando los aranceles fijados para acceder a cursos de espiritualidad son altísimos- imposibles de pagar para un trabajador medio…entonces ¿qué hemos aprendido de la Dama Pobreza?

A estos egregios profesores que vienen a dar los cursos ¿Quién les pagó su formación, sus estudios, si no el Pueblo de Dios por la vía de la limosna?

Una tradición interrumpida

Los nuevos aires que circulan por el laicado franciscano estructurado, han roto la bella tradición de  subsidiar “anónimamente” a los menos favorecidos económicamente para que todos “solidariamente” tuvieran acceso a los bienes espirituales. Ahora cunde la “profesionalización”.

Me consta que se recarga el valor de los cursos para permitir que un grupo de  animadores preste su servicio…. Antes se donaba el servicio y discretamente se socorría a todos.

Por otra parte, en la cultura pedagógica “constructivista” en que se parte de las experiencias de vida de los participantes, incluso en ámbitos universitarios formales y serios, ¿cómo no sentir que es un retroceso renunciar a la sabiduría de tantos hermanos desconocidos que pueden enriquecernos con sus vivencias, frustraciones, anhelos y esperanzas? No se niega acá la docencia del maestro, ni los objetivos del formador, etc. etc.  Sin embargo hace mucho tiempo que la clase magistral ha sido desterrada. El taller es la herramienta franciscana por excelencia porque privilegia el encuentro, la participación sin menoscabo de que el animador pueda bajar “contenidos “intelectuales formales siguiendo un esquema “serio”.

Una imagen de Francisco desconocida

Hace mucho tiempo, gracias a las condiciones de “cicerone” de un hermano capuchino ya fallecido, Luis Lombardero, pude conocer una capilla interior del Santuario de Nueva Pompeya, de Buenos Aires.

Me deslumbró una pequeña imagen que representa a san Francisco en actitud de pisotear monedas que van saliendo de una bolsa. Tanto me gustó que llevé a uno de mis hijos, dotado con el talento artístico necesario para que la copiara. Y fue utilizada como tapa de un pequeño libro de novenas a San Francisco. ¡Todo un mensaje! Francisco pisoteando el dinero, nada menos.

Algunos años después tuve la gracia de trabajar en el Museo Franciscano de Buenos Aires. Accedí a una vasta iconografía sobre san Francisco. Había libros con imágenes franciscanas de todas las procedencias, de cientos de autores.

¡Jamás una imagen tan provocadora!

Si. San Francisco con otros santos. San Francisco con los pájaros, con el lobo, con la cruz… pero mostrando  ese gesto de desprecio hacia el dinero ¡nunca!

Parecería que queremos ver un Francisco a nuestra medida y evitar aquellas cuestiones que nos pueden comprometer, intranquilizar… Después de todo  nunca nos encontraremos con un lobo, ni le hablaremos a los pájaros ( salvo en privado). Nunca nos visitaran los ángeles ni los santos…

Y sin embargo al dinero, al vil metal lo manejamos todos los días.

Despojarse de todo tal vez hoy en día sea mucho menos comprometido que compartir los bienes… empezando por los materiales.

Hacer que las propiedades tengan un uso social, eso si es una provocación. Y no estoy pensando en que algún presidente se desprenda de algo… Estoy pensando para adentro.

El padre Lázaro Iriarte OFM cap decía que las reformas y peleas de los franciscanos se originaron en la competencia para ver quién era más pobre… ¡Santas intenciones! Que nos regalaron tanta vida…

Ojalá que los gestos del papa Francisco, anticipados cuando era Arzobispo de Buenos Aires nos inspiren a todos, especialmente a los que más tienen para administrar, a poner los bienes, intelectuales y materiales al servicio de la evangelización… Después de todo no están para otra cosa.

 

Maria Cecilia Jaurrieta OFS

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Escrito por Cecilia Jaurrieta

Maria Cecilia Jaurrieta esta casada y tiene cinco hijos y seis nietos. Profesó en al Orden Franciscana Seglar en 1986.
Es bioquímica y ha colaborado con distintos medios graficos y radiales franciscanos como NUEVA POMPEYA y EL MENSAJERO DE SAN ANTONIO. Ha publicado varios trabajos relacionados con la religiosidad popular en la Editorial San Pablo. Ha recibido capacitación en mediación comunitaria con la cual ha enriquecido los talleres de educación para la paz que anima desde 1998.

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