Via Crucis Franciscano

 

Varios. ‘Francisco de Asís en la escuela’. Ed. SM. La Coruña 2005

Dada la dificultad de peregrinar a la Tierra Santa, en el año 1686 el papa Inocencio XI concede a los franciscanos, el derecho de erigir estaciones en sus iglesias y la posibilidad de obtener en ellas las indulgencias que antes sólo les eran concedidas en Jerusalén. Inocencio XII confirmó este privilegio en 1694 y Benedicto XIII lo extendió en 1726 a todos los fieles.
En 1731 Clemente XII permitió las indulgencias en todas las iglesias, aunque no fueran franciscanas, siempre que las estaciones fueran erigidas por un franciscano, con la sanción del obispo local, y fijó en catorce el número de estaciones.

En 1857 los obispos de Inglaterra reciben el permiso de la Santa Sede para erigir las estaciones en aquellos lugares en que no hubiere franciscanos.
En 1862 se quitó esta última restricción y los obispos obtuvieron permiso para erigir las estaciones personalmente o por delegación dentro de su diócesis.

INTRODUCCIÓN

Hermano León: Francisco, no entiendo cómo un Dios Altísimo pudo llegar hasta aquí, haberse rebajado tanto como para quedar oculto bajo la tierra. ¿Era necesaria ésta, su muerte, para nuestra resurrección?
Francisco: Oh Dios Altísimo ¿qué es el hombre para que te acuerdes de él?

¡Cómo caíste del cielo, astro brillante, hijo de la aurora!

¡Cómo fuiste echado por tierra, tú, el creador de las naciones!

¿Te das cuenta, hermano León? Era necesario tanto sufrimiento para que el hombre se diera cuenta de tanto amor, del Amor de Dios.
Angel: Sin embargo, vemos tanto sufrimiento en las gentes, quizás mayor que el de Jesús. y estoy tan lejos de poder amar como amó El ¿cuándo llegaremos nosotros a amar de ese mismo modo, para aliviar el sufrimiento de las gentes?
Francisco: nos bastaría con saber dar gracias por enseñarnos el camino, y reconocer tanta entrega y tanto amor, no se nos pide más. Rindámosle alabanza, gloria y honor, porque él es nuestra fuerza. Poneos en sus manos y él llevará la paz a través de vuestras manos.
León: Y ¿cómo le hablaremos a las gentes del amor de Dios, si nosotros estamos tan lejos de amar de ese modo?.
Francisco: Es cuestión de caminar, poco a poco, nadie nos pide que amemos así desde el primer día. Nuestra misión es anunciar que Dios nos amó tanto, y que nosotros podemos también amar tanto, día a día el Señor nos hará crecer.

MONICION

Bienvenidos al Vía Crucis, el momento en que todos unidos recordamos la Pasión de Cristo, o lo que es lo mismo, la expresión más grande de Amor que jamás se haya contado en la Tierra. Ese Amor que Jesús puso en nuestras manos, motivó a mucha gente a dar un nuevo rumbo a su vida y buscar a Dios en la vida de los demás. Una de esas personas fue Francisco de Asís.
Y hoy hemos querido imaginar cómo habría sido el encuentro de San Francisco y Jesús en el que ambos recordarían aquellos momentos cruciales para nuestra historia, y así, de su mano, nosotros también disfrutaremos de la imagen de un Cristo más humano que nunca y más Dios que nunca.


I
Jesús recuerda su pasión con San Francisco

Todos: Te adoramos, oh Cristo, y te bendecimos,

porque por tu Santa Cruz redimiste al mundo.

FRANCISCO – Jesús, háblame de tu pasión, quiero compartirla contigo.
JESÚS – No sabes lo que dices Francisco. No es fácil cargar con la tristeza del mundo.

FRANCISCO – Señor, yo te he buscado toda mi vida para ser tu amigo, te pido que compartas conmigo tu dolor, como has compartido tu Amor.

JESÚS – Francisco, Francisco, mi sufrimiento no ha sido para buscar el tuyo, sino para llenarte de alería, para llenar el mundo de alegría, por saberse amado de Dios.

Te compartiré, pobrecillo de Asís, los momentos más fuertes de mi vida, pero no para que llores sino para que veas que que el amor lo puede todo, entregado sin reservas.
FRANCISCO – Heme aquí Señor para seguir tus huellas.
Silencio
“Señor pequé, tened piedad y misericordia de mí y de todos los pecadores”.

II
Jesús en el huerto de los olivos

Todos: Te adoramos, oh Cristo, y te bendecimos,

porque por tu Santa Cruz redimiste al mundo.
FRANCISCO- ¿Cómo empezó todo Jesús?
JESÚS – Todo empezó con una oración. Se hizo de noche, terminamos de cenar, y nos fuimos al monte a orar.
FRANCISCO – ¿Es cierto que Dios siempre está despierto? Que siempre escuhca la oración de los hombres?
JESÚS – Así fue, fíjate…

(Jesús y tres apóstoles)
JESÚS – Hermanos, acompañadme en esta noche de dolor y llamemos juntos a Dios.

APÓSTOL 1 – Estamos contigo Maestro, como siempre y nunca te dejaremos.

JESÚS (Se arrodilla) – Padre, ¿estás ahí? No te siento cerca. Tengo miedo ¿Ves mis lágrimas? Son lágrimas de soledad, porque no quiero morir sólo. Sabes que moriría por ti y por mis hermanos, pero no permitas que muera sólo (mira hacia atrás. Todos duermen) ¿Ves? La carne es débil. Me han dejado sólo con este cáliz ¿Cuál es tu voluntad Señor?

SAN FRANCISCO – Jesús, es verdad, te dejaron sólo ¿Cómo pudiste seguir adelante?

JESÚS – ¿Cómo pude? Después de mis palabras oí una voz dulce que me decía: “¿Sólo? ¿Piensas que estás sólo? Seca ya tus lágrimas porque tu Padre va a morir contigo y va a vivir contigo. No estás sólo, estás conmigo y te amo”.

Padrenuestro
“Señor pequé, tened piedad y misericordia de mí y de todos los pecadores”.

III
La traición de Judas
Te adoramos, oh Cristo, y te bendecimos, porque por tu Santa Cruz redimiste al mundo.

SAN FRANCISCO – ¿Qué pasó después de la oración del huerto?
JESÚS – ¿Después del huerto? Pues sucedió el momento más triste de mi vida. Ya ves, con lo feliz que salía después de hablar con mi Padre y me encuentro con la traición de un amigo ¿Qué hice mal para perderlo? Eso duele más que los clavos de una cruz o los latigazos de un verdugo.

(Jesús y tres apóstoles)
APÓSTOL 1 – Jesús, perdónanos. Te dejamos sólo en la oración. Estábamos cansados, era tarde.

JESÚS – No os preocupéis amigos, nunca estuve sólo, pero pronto nos separaremos. Ya se acerca el que me entrega. (Llega Judas con los guardias)

JUDAS – ¡Oh, Maestro! (le da un beso en la mejilla)

JESÚS – ¿Así demuestras que no me amas? ¿Con un beso?

JUDAS – Esperaba otra cosa de ti, Jesús.
JESÚS – Recuerda hermano que yo te amo igual. Coge tus monedas, entrégame, despréciame si así lo deseas, pero al menos recuerda que yo te amo. (lo cogen los guardias, lo encadenan y se lo llevan)

APÓSTOL 2 – Judas traidor, Dios te maldiga. Has vendido al Maestro (intenta agredirle y lo sujetan sus compañeros)

JESÚS – No, no añadáis más dolor a este momento. Recordad que somos débiles. Todos podemos fallar, pero el perdón de Dios siempre nos sostendrá. Guardad las espadas. Nos veremos pronto.

CANTO: Hazme Tú, Señor, instrumento de tu paz
“Señor pequé, tened piedad y misericordia de mí y de todos los pecadores”.

IV
La negación de Pedro 

Te adoramos, oh Cristo, y te bendecimos, porque por tu Santa Cruz redimiste al mundo.

SAN FRANCISCO – Jesús, ¿no te sentiste triste en aquel momento en el que fueron a por ti los guardias del Sumo Sacerdotey te quedaste solo?

JESÚS – No fue tanta la tristeza por estar solo como por ver que mis amigos, los que más quería, me negaban y me decían que no me conocían.

SOLDADO1: Tú también estabas con Jesús de Galilea.
PEDRO: ¿¿¿Yo??? Nooo… si ni siquiera sé de quién me hablas…

SOLDADO 2: Tú eres unos de los suyos, pues tu mismo hablar te descubre… ¿Acaso no te vi en el huerto con Él?

PEDRO: No sabes lo que dices. Te juro que yo no conozco a ese hombre…

JESÚS: Hermano Francisco, a veces el miedo puede más que el corazón.

Silencio
“Señor pequé, tened piedad y misericordia de mí y de todos los pecadores”.

V
Jesús juzgado por Pilato

Te adoramos, oh Cristo, y te bendecimos, porque por tu Santa Cruz redimiste al mundo.

SAN FRANCISCO – Y entonces fue cuando te entregaron a Pilato para que te juzgara porque no querían que el pueblo se les echara encima…

JESÚS – Y Pilatos, aun viéndome inocente, se lavó las manos y me condenó. Dichoso aquél que busca la verdad y la defiende hasta el final.

PILATO: ¿Qué acusación traéis contra este hombre?
SACERDOTE: Si no fuera malhechor no te lo traeríamos.

PILATO: ¿Eres tú el Rey de los judíos?
JESÚS: ¿Dices eso por tu cuenta o te lo han dicho otros de mí?

PILATO: Los pontífices te han entregado a mí. ¿Qué has hecho?

JESÚS: Anunciar la bienaventuranza a los oprimidos, a los humildes y a los enfermos, proclamar un Reino de Amor, curar enfermos, devolver la vista a los ciegos, amar a los pecadores y a los olvidados… Por eso me han entregado.

...

PILATO: Yo no hallo culpa alguna en este hombre…
SACERDOTE: Como lo dejes libre, sufrirás nuestra cólera y la del César…

PILATO: Al fin y al cabo, ¿para qué complicarme la vida?… No es más que un hombre como tantos que ya he condenado… En fin, haced lo que queráis con Él… Aunque tened en cuenta que por mí es inocente… ¡que quede claro…!

¡Oh alto y glorioso Dios…!; ilumina las tinieblas de mi corazón

y dame fe recta, esperanza cierta, caridad perfecta

sentido y conocimiento, Señor,
para cumplir tu santo y veraz mandamiento
“Señor pequé, tened piedad y misericordia de mí y de todos los pecadores”.

VI
Jesús es flagelado y coronado de espinas 

Te adoramos, oh Cristo, y te bendecimos, porque por tu Santa Cruz redimiste al mundo.

SAN FRANCISCO – Es verdad, Pilato era un cobarde. Buscaba la verdad pero no quería defenderla… ¿Y después?…¿Qué te hicieron los soldados de Pilato?

JESÚS – El dolor es difícil de soportar, sobro todo cuando aquéllos a los que ningún mal has hecho se vuelven contra ti y te torturan…

SOLDADO 1: Pongámosle una corona… ¿dónde se ha visto a un rey sin corona?

SOLDADO 2: Y un báculo… Me arrodillo ante vos majestad…

SOLDADO 1: Salve, Rey de los judíos (le escupen y lo abofetean).

JESÚS: Nunca entenderéis que un auténtico rey no necesita que se arrodillen ante él…

Cantamos: Hazme Tú, Señor, instrumento de paz
“Señor pequé, tened piedad y misericordia de mí y de todos los pecadores”.

VII
Jesús carga con la cruz

Te adoramos, oh Cristo, y te bendecimos, porque por tu Santa Cruz redimiste al mundo.

SAN FRANCISCO – Y después de todo esto, tuviste que cargar con la cruz…

JESÚS – Sí, Francisco. Tuve que cargar con los pecados de la humanidad.

(Jesús carga con un cesto)

HOMBRE: Perdón por no amar a todos los hombres como mis hermanos, sin importarme su color de piel, su cultura o su idioma.

MUJER 1: Perdón por dejarme llevar siempre por la rutina y la pereza. Perdón por mi conformismo, por no intentar siempre mejorar.

MUJER 2: Perdón por no preocuparme nunca de mi alrededor, de la naturaleza, de los animales, por tratarla como algo que no merece ser cuidado y conservado.

Padrenuestro
“Señor pequé, tened piedad y misericordia de mí y de todos los pecadores”.

VIII
Jesús cae

Te adoramos, oh Cristo, y te bendecimos, porque por tu Santa Cruz redimiste al mundo.

SAN FRANCISCO – No entiendo, Señor, cómo fuiste capaz de aguantar en medio de tanto sufrimiento.

JESÚS – Hubo momentos muy duros en los que no tenía fuerzas para seguir. Pero yo nunca estuve solo, recuerda.

(Jesús cae, aparece un ángel y lo levanta)

ÁNGEL – Ánimo, Jesús. Queda poco. No te preocupes. Tu Padre siempre está contigo y más ahora, en estos momentos tan duros. Las generaciones venideras siempre recordarán y venerarán con una gran fiesta esta victoria tuya sobre el pecado. ¡Ánimo! Queda poco para volver a Él.

CANTO: Sí, me levantaré…
“Señor pequé, tened piedad y misericordia de mí y de todos los pecadores”.

IX
La Verónica limpia el rostro de Jesús 

Te adoramos, oh Cristo, y te bendecimos, porque por tu Santa Cruz redimiste al mundo.

SAN FRANCISCO – Seguro que en medio de tanto abandono, alguno de tus amigos siguió a tu lado.

JESÚS – ¡Claro! Pero yo no necesitaba que se pusieran en mi lugar, cogieran mi cruz y mis clavos y murieran conmigo… Yo sólo quería sentir que no me olvidaban.

MUJER – ¡Dejadme pasar! Sois cureles. ¿No veis su cara ensangrentada por las espinar que lleva en la cabeza? Yo te limpiaré, Jesús.

JESÚS – Veo que no todos me odiáis.
MUJER – ¿Cómo íbamos a hacerlo? Tú nos enseñaste a amarnos unos a otros como hermanos, como el Padre nos ama.

JESÚS – Veo que recuerdas mi mensaje. Guarda este paño. En él he dejado mi agradecimiento.

MUJER – ¡Su rostro ha quedado grabado en el paño!

CANTO: Yo quiero ser Evangelio viviente
abandonarme en tus brazos Señor
ser como el niño que juega o se duerme
mientras su padre le envuelve en amor
“Señor pequé, tened piedad y misericordia de mí y de todos los pecadores”.

X
Jesús despojado de sus vestiduras 

Te adoramos, oh Cristo, y te bendecimos, porque por tu Santa Cruz redimiste al mundo.

S. FRANCISCO: Señor, cuéntame,… ¿cómo, después de todo, pedías el perdón para aquellos que te habían hecho tanto daño?

JESÚS: Amigo Francisco, el Padre perdona todo y a todos, y sus juicios llegarán, como llegó el mío…

SOLDADO I: Anda, mirad, al Rey…al Rey de los judíos….¡Je, je, je! sacadle esa túnica, porque un “Rey” no puede ir tan poco elegante….je, je, je…

JESÚS: Padre, perdónales porque no saben lo que hacen

SOLDADO II: Sacaremos un buen dinero por estas ropas.

SOLDADO I: ¿Quién va a querer las ropas de este miserable?

Silencio
“Señor pequé, tened piedad y misericordia de mí y de todos los pecadores”.

XI
Jesús clavado en la cruz 

Te adoramos, oh Cristo, y te bendecimos, porque por tu Santa Cruz redimiste al mundo.

S.FRANCISCO: Señor, pero aun a pesar de tu perdón, seguían sus burlas, sus torturas… y esos clavos… ¿cómo soportaste esos clavos?

JESÚS: Era la voluntad de mi Padre, en aquellos momentos sólo pensaba en reunirme con Él…. Las burlas no me molestaban. Ellos estaban, simplemente, equivocados… ¿Y los clavos? Dolían, claro. Pero algo muy importante se logró con ese sufrimiento: era una expresión de amor…

MAGISTRADO: Miradle, el Elegido, ha salvado a muchos y no sabe ni salvarse a sí mismo. SOLDADO: El Rey de los Judíos, ¡qué risa!. Eh, tú! ¿por qué no haces un truquito de los tuyos….? ¡Je, je, je…!

JESÚS: Podéis burlaros, podéis odiarme, podéis clavarme en la cruz, pero no podéis evitar que os ame.

CANTO: Rosas de sangre han florecido
reviven en tu cuerpo la pasión
Francisco de Amor estás herido
las manos, los pies y el corazón
“Señor pequé, tened piedad y misericordia de mí y de todos los pecadores”.

XII
Jesús con el buen ladrón 

Te adoramos, oh Cristo, y te bendecimos, porque por tu Santa Cruz redimiste al mundo.

S. FRANCISCO: Pero dime Jesús, ¿nunca es tarde para arrepentirse y encontrar el Reino del amor? JESÚS: Claro, mi querido hermano… Aquel día un hombre lo encontró.

LADRÓN I: Mira a éste, sí, tú….si te crees tan listo ¿por qué ahora tu Dios no es capaz de salvarte? o mejor, ¿por qué no te salvas a ti mismo y ya de paso a nosotros también? Seguro que no eres capaz, claro, con las manos y los pies clavados, es un poco difícil…..

BUEN LADRÓN: Cállate ya, ¿es que no ves que es el verdadero Hijo de Dios? Además, Él está sufriendo igual que tú y que yo, pero Él está libre de pecado, no como nosotros. Oye, “Jesús, perdona a este bocazas y acuérdate de mí cuando vengas con tu Reino”.

JESÚS: “Yo te aseguro, hijo mío, que hoy estarás conmigo en el Paraíso”.

Padrenuestro
“Señor pequé, tened piedad y misericordia de mí y de todos los pecadores”.

XIII
La muerte de Jesús

Te adoramos, oh Cristo, y te bendecimos, porque por tu Santa Cruz redimiste al mundo.

S. FRANCISCO: Jesús había muerto… Parecía imposible… Sólo había tristeza mirando su cuerpo, en la cruz, todo sumido en tinieblas, en el cielo y en las almas de los que se burlaban de Él.

APOSTOL I: Todos estábamos tristes, desolados, no sabíamos qué rumbo tomar.

APÓSTOL II: Se nos rompió el alma cuando escuchamos con voz potente: “Dios mío, Dios mío, por qué me has abandonado”… Estaba realmente sufriendo por nosotros, que no merecemos nada.

S.FRANCISCO: ¡Es increible! Hizo falta que muriera para que el mundo se diera cuenta de que Él era, verdaderamente, el Hijo de Dios.

JOSÉ: Yo tomé el cuerpo, lo envolví en una sábana y le di sepultura. Sentía que algo iba a pasar.

SOLDADO: Los fariseos y los jefes de los sacerdotes se acordaron de que Jesús había dicho: “A los tres días resucitaré” y acudieron a Pilatos para que sellara y guardáramos bien el sepulcro.

Silencio
“Señor pequé, tened piedad y misericordia de mí y de todos los pecadores”.

XIV
Anuncio de la Resurrección 

Te adoramos, oh Cristo, y te bendecimos, porque por tu Santa Cruz redimiste al mundo.

MARÍA MAGDALENA: Me acuerdo muy bien de que el sábado, al amanecer del primer día de semana, María y yo fuimos al sepulcro, todo tembló y un ángel con aspecto de relámpago nos dio la Buena Nueva. Jesús no estaba allí ¡Había resucitado!

S. FRANCISCO: ¿Qué gran noticia para todos!! Pero, ¿y después ¿qué?

APOSTOL I: Después quedamos todos nosotros, todos somos testigos de sus enseñanzas, las tenemos que transmitir y, lo más importante, las tenemos que vivir.

S. FRANCISCO: “Quien no nazca de nuevo, no podrá ver el Reino de Dios”.

CANTO: Criaturas todas, load a mi Señor
“Señor pequé, tened piedad y misericordia de mí y de todos los pecadores”.

...

“Quieren imponer la ley islámica y los cristianos estorbamos”

Breves franciscanas del 18 de marzo.