¡Ven a encender la Tierra, Espíritu de Dios!

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Ven, Espíritu creador, pincel maestro del Padre
que pintas de armonía el caos y el desorden.
Ven, Espíritu de luz, que disipas las tinieblas,
pues eres Dios mismo que se comunica y te nos das.

Ven, Espíritu de fuego que acompañas nuestros éxodos,
iluminando nuestras luchas por la verdad y el bien,
ahuyentando a los lobos del rebaño y quemando ídolos,
hasta que alcancemos la tierra que mana leche y miel.

Ven, Espíritu vivificador que eres el viento divino,
que despiertas las conciencias muertas y vencidas,
que resucitas esperanzas caídas y profecías dormidas,
que alientas desde dentro pues me quieres peregrino.

Ven, Espíritu profético que nos quieres libres
para proclamar tus sueños de justicia y libertad.
Ven y seduce a los discípulos para que escuchen
tu suave susurro de cielo nuevo y tierra nueva.

Ven y enséñanos a amar como Jesús y el Padre,
nuestro corazón de piedra sea más bien de carne,
haznos testigos audaces del amor inefable,
que venció al mortal pecado y los sepulcros abre.

Haznos un signo vivo de comunión universal,
haznos levadura, luz del mundo, de la tierra sal,
templo tuyo que no cierra las puertas al pecador,
que se alimenta de tu pan y da frutos de tu amor.

¡Ven, enséñanos a orar y a pedir tu voluntad!
¡Ven y danos de beber de tu agua viva a saciedad!
¡Derriba nuestro orgullo y endereza los senderos!
¡Ven, renueva nuestras vidas y haznos misioneros! Amén.

Fr. Amando Trujillo Cano, TOR

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