Una religiosa de 97 años, una laica y un sacerdote «fidei donum» ganan el “Nobel” de los misioneros

Cristina, Giannantonia y Tarcisio. Tres historias diferentes, un único denominador común: el anuncio del Evangelio. Una laica, una religiosa y un sacerdote «fidei donum» son los ganadores del Premio “Cuore Amico”, una especie de“Nobel de de los misioneros” que será entregado el próximo sábado 14 de octubre en Brescia, dentro del Festival de la misión (del 12 al 15 de octubre) en reconocimiento de la diversidad de carisma en la Iglesia.

La primera que llegó en misión fue Giannantonia Comencini (cuyo verdadero nombre es Giovanna). Maestra de primaria, en 1948, después de la profesión religiosa con las Misioneras combonianas, fue enviada a Eritrea. Durante el largo viaje sufrió fiebres muy fuertes, por lo que fue puesta en cuarentena. Preocupada por la posibilidad de deber renunciar, ocultó su dolor (perdió el oído en una oreja) y comenzó su servicio como maestra. Después de haber visto la crueldad de la Segunda Guerra Mundial se encontró en un país que en los últimos 70 años no ha conocido largos periodos de paz. La religiosa enseñaba, a pesar de las situaciones externas, «lo justo para la vida y el arte de la creatividad». Sembraba esperanza en una tierra en la que la guerra y el miedo son protagonistas absolutos. Hasta 1985 promovió la paz a partir de la escuela. Cuando llegó su jubilación, no abandonó a la población que le fue encomendada, porque la guerra con Etiopía la factura fue muy elevada. Decidió dedicarse a la humanidad marginada, a los más pobres entre los pobres. Todavía ahora, a 97 años, va a buscarlos a las calles y los ayuda a levantarse. Y quienes vuelven a la vida después ayudan a otros a superar el sentido de abandono.

 

También Cristina Togni, misionera laica del PIME, decidió dirigirse a una nación herida por la violencia. Nació en 1964 y partió en 1966 después de haber conseguido un diploma en asistencia de discapacitados mentales. Al llegar a Camboya encontró las heridas sangrantes del periodo de los Khmer rojos (1975-1979). Por no hablar de la presencia católica reducida a 7 mil personas (en 1965 había alrededor de 65 mil). El objetivo de Cristina era promover un desarrollo caritativo en diálogo con todo el mundo budista. Entró inmediatamente a formar parte de la ong “New Humanity”, instituida por el PIME, ocupándose principalmente del desarrollo rural en Kandaok, en donde la población se dedica al cultivo del arroz. Observando las áreas rurales, se da cuenta de las exigencias en el ámbito de la formación de los niños y de las familias que tienen niños con alguna discapacidad mental o física y que deben afrontar una mentalidad extendida: la discapacidad como castigo. Cristina se compromete con la causa de los últimos. Así, vio la luz en 2011 el “Disabled Day Care Centre”, pequeño centro de hospitalidad diurna para niños, jóvenes y adultos con discapacidades mentales. Por primera vez fue involucrada también la comunidad local en la apertura de centros públicos para la rehabilitación y la asistencia a domicilio. Colabora con las actividades pastorales de la comunidad de Kompong Chhnang, ayuda a los maestros del centro diurno para personas con discapacidad mental y se ocupa de la experiencia de la «casa-familia» para la autonomía de 13 personas discapacitadas. En 2016 puso en marcha también una escuela para niños autistas.

 

África también está en el corazón del padre Tarcisio Moreschi. Primero en Burundi, de 1976 a 1980 (cuando fue expulsado por las leyes raciales), después en Zaire, en donde estuvo durante 10 años a disposición de un centro de rehabilitación para niños discapacitados. En 1993, después de haber estado durante un breve periodo en Italia, volvió a partir hacia su nueva meta: Tanzania. Además de la pastoral, se ocupa de muchos enfermos de VIH, organizando un servicio mensual de víveres para las madres enfermas y solas, y para los huérfanos que viven en las calles. Hoy, la parroquia de Mtwango administra 30 escuelas maternas. En 2006 se transfirió a la localidad de Ilembula, en donde (en diciembre de 2016) inauguró la primera iglesia. También se ocupó de la construcción de un hospital autónomo desde el punto de vista energético. En esos mismos años hizo muchas otras cosas, como un orfanato, una escuela de agronomía, laboratorios de carpintería y mecánica y un centro de rehabilitación social para discapacitados en la sabana.

 

Cristina, Giannantonia y Tarcisio ganan el Premio «Cuore Amico», que desde 1990 da valor a la gran obra de la Iglesia a favor de los pobres del Tercer Mundo, premiando a los misioneros que ofrecen testimonio cotidianamente del amor de Cristo por los más necesitados, con quienes a menudo comparten la pobreza y el trabajo. La Asociación «Cuore Amico Fraternità Onlus» concedió, solamente en 2016, 3,5 millones de euros en uso cinco continentes. Este año la premiación contará con la presencia de huéspedes excepcionales, como Ernst Simoni, el sacerdote albanés creado cardenal por el Papa Francisco y que fue víctima de las persecuciones comunistas. La ceremonia forma parte de la manifestación promovida por la Conferencia de los Institutos Misioneros italianos, la Fundación «Missio» y el Centro misionero diocesano de Brescia. Habrá cuatro días de encuentros, testimonios y eventos para seguir afirmando que la misión, hoy, todavía es posible.

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