Un pastorcico en cruz, en su pastora puesto el pensamiento.

Peregrinación nocturna, bajo la luz de las estrellas. Un diálogo con la creación, con el Señor, con Francesco animada por jóvenes franciscanos de la Toscana
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Un Pastor se pone por delante de sus ovejas como guía protector, es el que enseña el camino seguro por donde no pueden interrumpir al rebaño los ladrones y salteadores. Cristo es nuestro guía, nuestro ejemplo, nuestra senda por donde debemos caminar. Cristo se pone delante del pueblo de Dios a Él encomendado, no con la batuta de mando para decir “aquí mando yo, y punto”. No, no, Jesús se pone delante del pueblo para cumplir una misión, la misión encomendada a Él por su Padre celestial, a saber, Redimir, Salvar, Curar, Consolar…en una palabra: Amar sin medida, esto es desinteresadamente. Éste es el Señor que nos guía. Aquel El que conoce a sus rebaños y  los suyos lo conocen. El Pastor por excelencia que supo respetar todo valor humano y que asumió todo sufrimiento y toda necesidad humana menos en el pecado.

Cristo se expone a sí mismo a la libertad humana que le lleva a la muerte, pero Él fielmente cumple la misión encomendada. ¡Cuánto nos queda por aprender! Nuestra Salvación le llevó a ser coronado de espinas, cuando él cada día que amanece nos coloca una corona de flores en nuestras cabezas. Sus hombros cargaron con la pesada madera de la cruz y todavía sigue cargando con nuestros pecados y como ovejas descarriadas no se cansa de llevarnos en sus brazos retorno a casa, al lugar seguro. Sus manos fueron agujereadas con fuertes clavos para sostener su cuerpo en la cruz, más cada día escribe en sus palmas nuestros nombres como a hijos predilectos. Desde aquella bendita cruz contempló la miseria humana, envuelta en el pecado de la ignorancia y rechazando el Amor gratuito y verdadero del Padre, al mirarlo no deja de atraernos cada día con su ternura y bondad, por su paternal-maternal afecto. ¡Jamás he conocido a otro Pastor tan fiel que expone su misma vida a todo peligro y a toda costa para salvarme!

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Este es el Pastor que sintiéndose Pedro tan potente como roca firme entre las olas del mar en Él, dice a aquella multitud, “a quien vosotros matasteis, a Jesús, Dios lo ha constituido Señor y Mesías”. Éste es el señorío de Cristo y Pedro no puede sino dar testimonio de esta fuerza que rompe hasta las mismas tinieblas de la muerte. Es el día de Pentecostés cuando el Espíritu de Dios baja para alimentar a aquel a quien así lo desee. Esta pues será la llamada que hace Pedro: Hablar de la conversión que solo surge de un corazón humilde que se siente necesitado. Abriéndose pues el corazón a la fuerza de la Palabra llena los corazones de quienes se dejan intervenir por la Palabra de Dios. Ellos una vez bautizados reciben el don del Espíritu santo siendo así consagrados de Dios, la nación elegida.

Dios nos llama pues a una conversión en la vida de cada día  que requiere una acogida amorosa y libre para cada hombre. Esta conversión nos enumera a los hijos, coherederos de Cristo. A quienes nos  acogemos a este camino no podemos sino seguir las huellas de Cristo  el Pastor fiel, Aquel que se humilló hasta revestirse de la natura humana. Esta llamada de Dios consiste en ser testigos de Cristo,  que viven y gozan su misma suerte. Un testimonio que habla por sí solo, un testimonio caracterizado por la misma persona de Cristo. Un testimonio hecho vida. Un testimonio que nos lleve a nosotros y a otros hacia Cristo.

Pues hermanos y hermanas esta es nuestra misión: Ser testigos que exponen sus vidas por Dios y por el hermano. Comencemos pues  todos y todas ya que poco o nada hemos hecho.

Hna.

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