Tánger, Iglesia a los pies de los pobres. Primera parte.

catedral española tangerDesde donde estoy, el campanario de la “catedral española” se superpone a la torre de la mezquita Mohamed V que está a pocos metros de distancia. La sencilla iglesia catedral de Tánger aparece rodeada de grandes banderas rojas marroquíes (toda la ciudad lo esta).

Es emocionante estar aquí, es mi primera vez, porque aquí hay presencia cristiana desde el siglo II, porque ya desde el siglo III la Iglesia está aquí presente, porque aquí llegaron los primeros franciscanos en 1219, enviados por el propio Francisco de Asís y porque hoy en día, la Iglesia Católica, es una Iglesia minoritaria. Hoy apenas quedan 2500 católicos en Tánger rodeados de una población musulmana.

He venido a Tánger buscando el rostro misericordioso de la Iglesia y queriendo ver como esa misericordia se practica en tierras del Islam. Lo que he visto y oído es lo que os cuento ahora.

El Obispo-portero

Mi punto de partida es el obispado. Esta junto a la “catedral española”, llego sobre las dos de la tarde y toco el timbre que dice “Franciscanos”. Al cabo de unos minutos la puerta es abierta por un fraile de mediana estatura. Me quedo un poco sorprendido, primero por ver un fraile vestido como tal y luego al comprobar que quien abre la puerta es el obispo, un fraile-obispo-portero…

Mons. Santiago Agrelo, ofm me recibe con una sonrisa, “estamos en Ramadán”, me dice mientras le sigo al piso superior. La casa está en silencio absoluto. Ya en su sencillo despacho me pregunta por las intenciones de mi visita, hablamos un poco de todo y me intereso por el drama de los inmigrantes que intentan llegar a Europa.

Fray Santiago es un hombre alegre pero se pone muy serio cuando habla de “sus hijos” inmigrantes-refugiados. Detrás de sus gafas veo los ojos cansados de un hombre que ha visto mucho sufrimiento, demasiado quizás, pero también mucha indiferencia.

“Me escandaliza que importe más si España marca o no un gol que la gente que se amontona en la frontera”. Muchos de ellos llevan años en el bosque de Beliones esperando el momento adecuado para intentar saltar la valla de Ceuta. Vienen de muy diversos lugares de África, tienen culturas distintas, hay musulmanes, protestantes, católicos y judíos, hablan distintas lenguas pero todos están allí por una sola razón: escapar de la muerte y la miseria. Resulta obvio, aunque no para todos, que ninguno de ellos está allí por placer o por ansias de dinero, mucho menos para invadirnos.

“Les hemos robado todo” me dice con un deje de tristeza y hastió en la voz. Y lleva razón. Occidente ha expoliado África desde hace décadas, siglos quizás, la ha empobrecido y ahora le cierra las puertas a los que huyen de la muerte buscando un futuro mejor. Buscamos proteger un “estado de bienestar” construido a base de explotar a otros, de marginar a otros…

Beliones es una zona boscosa que limita con la frontera de Ceuta (a una hora y media de Tanger) y es allí donde acampan aquellas personas que intenta saltar la valla. Agrelo acaba de volver de allí, va una vez por semana a intentar ayudar a los que esperan… “podemos llevarles comida… pero nosotros volvemos y ellos se quedan…”

Es imposible calcular cuántos son los que allí esperan. Es muy difícil encontrar una solución para su situación. Pero son seres humanos, personas con historias, con familias, con amigos. Seres humanos, hijos de Dios que buscan un futuro mejor. Sus nombres no son “inmigrantes”, cada quien tiene su nombre propio, su vida propia, su propio drama.

¿Cómo se soluciona esto? Pregunto, Agrelo sonríe cansado y responde: “no hay forma de solucionarlo sin que se impliquen los gobiernos. Nosotros, como Iglesia, solo podemos poner parches para ayudarles”

En las inmediaciones de Ceuta hay mayoritariamente hombres intentando cruzar, deben escalar una valla de 6 metros y sortear las cuchillas para luego descender del otro lado y escapar de la policía.

En Tánger, me dicen, hay más mujeres y niños, es más “sencillo” para ellos tratar de cruzar en alguna embarcación hacia España.

Desde esta perspectiva puede resultar escandaloso que salgan 10.000 católicos a la calle para indignarse por una publicidad ofensiva contra la Virgen pero que no salga ninguno para indignarse por los hombres y mujeres que mueren a diario en el Mediterráneo.

¿Qué sucede con nosotros? Sí, lo sé, es mucho más fácil adorar a Cristo en una custodia reluciente, arrodillarse ante Él en el templo que hacerlo en el hombre sufriente, sucio, zarrapastroso. Pero allí, queridos hermanos, también esta Cristo vivo y presente… “Porque tuve hambre, y me disteis de comer; tuve sed, y me disteis de beber; fui forastero, y me recibisteis (Mt. 25, 35)

Una Iglesia a los pies de los pobres.

Quiero saber lo que la Iglesia hace para ayudar a estos hermanos. El obispo me presenta al equipo de la delegación de migraciones. Enrique, Malika, Yolanda, Carmen, Begoña y muchos más trabajan sin descanso. Se involucran personalmente con ellos. Sus sufrimientos son los suyos. ¿Qué trabajo hacen con ellos? Les pregunto, se miran entre ellos, se sonríen y alguien responde “todo”…

… los reciben, los escuchan y según las necesidades que tengan son atendidos por un equipo de profesionales. Hay psicólogos, trabajadores sociales, mediadores interculturales, médicos y un largo etc.

La delegación de migraciones acoge a subsaharianos, muchos de los cuales se pasan 3 o 4 meses caminando para llegar aquí, pero también a inmigrantes de toda África, a todo el que llega aquí luego de recorrer un largo camino.

Se les enseña francés, inglés, español. Se les facilita un lugar donde ducharse, donde limpiar su ropa y, para quien lo necesite, un ropero con ropa limpia proveniente de donaciones. “Es muy importante –me dicen- ayudarles en el cuidado personal”, muchos de ellos viven en los parques de Tánger, otros en pisos sin servicios básicos como el agua.

Me enseñan el taller donde, actualmente, hay unas 14 personas aprendiendo a fabricar distintas artesanías: pendientes, colgantes, pulseras, etc.

Por aquí han pasado, desde 2013, más de 3000 personas.

¿Durante cuánto tiempo participan del proyecto? Pregunto. “Desde que llegan hasta que logran cruzar”… me responden.

El Obispo se acerca y bromea con nosotros. Se marcha, nos dice,  a “cumplir con su obligación ciudadana” (votar en las elecciones españolas del próximo domingo). Le pregunto si tiene claro a quién votar, “lo tengo claro” me dice sonriente mientras se aleja.

Patio del CENDIS
Patio del CENDIS

Mi último paso es para visitar el centro del CENDIS, un colegio para niños especiales y que cumplió hace poco 20 años de trabajo en Tánger. Este centro fue, hasta hace bien poco, el único centro para niños con capacidades diferentes de la ciudad. Ahora hay otros 2.

Aquí se trabaja con 40 niños y niñas de entre 4 y 14 años. Cada uno con sus características.

Es la fiesta de fin de curso y me los encuentro bailando y saltando al ritmo de Yakira. Las maestras son musulmanas, al igual que la mayoría de los voluntarios y trabajadores que me iré encontrando durante todo mi viaje, y trabajan codo con codo con las religiosas y laicos católicos.

Entre los niños me encuentro con 3 jóvenes madrileños, me intereso por saber que hacen allí pasando el verano ¿Por qué has decidido venir aquí y no pasarte el verano en Mallorca? Sara me mira con sus ojos claros bien abiertos “porque lo de ir a Mallorca ya lo pasé –me dice como si hubiese vivido una larga vida- vengo aquí porque así puedo conocer ayudando”. Son 3 amigos, un estudiante de periodismo, una de magisterio y Sara que estudia para ser educadora de niños especiales. Aquí estarán un mes repartiendo su tiempo como voluntarios en el CENDIS, la casa Nazareth y la de las Misioneras de la Caridad.

Les dejo bailando con los niños. Me marcho con el corazón henchido, por un pequeño jardín.

Me esperan las “calcutas” y los franciscanos de la Cruz Blanca. Pero de eso os hablaré la semana que viene.

Paz y Bien!

Gabriel López Santamaria

 

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