Signos de los tiempos

Jesús nos advirtió en diversas ocasiones, según se ha recogido en los Evangelios, a estar despiertos, vigilantes y atentos a los “signos de los tiempos”, todo sobre la esperanza en la venida inminente del Señor. Y ese apercibimiento de Jesús tuvo naturalmente eco en el Concilio Vaticano II al tiempo que reconocía el deber de la Iglesia de escrutar a fondo los signos de cada época para interpretarlos a la luz del Evangelio, de manera que se pueda tener discernimiento sobre la voluntad divina en cada momento histórico, para poder cumplir la misión profética que tiene la Iglesia y que en cada etapa histórica, tanto se requiere para el desarrollo del reino de Dios en el mundo, del que tanto habló Jesús y tan poco caso le hacemos sobre dicho particular.

Por consiguiente, aprovecho la invitación de colaboración que se me hace desde PazyBien.es, para inaugurar esta modesta columna que pretende traer cada semana una reflexión de los signos de los tiempos a la luz de la fe y el seguimiento de Jesús.

Y de igual modo que cada día tiene su afán, parafraseando aquella afirmación evangélica, no es menos cierto que cada época histórica tiene sus peculiaridades, su cultura, sus confluencias sociales, económicas y políticas que conforman la historia de cada sociedad en cada tiempo, y de igual modo, se conforma cada biografía personal en el concreto discurrir de nuestra existencia.

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Consecuentemente la dinámica histórica, con sus progresos y retrocesos (devaluado el mito del progreso), con sus desarrollos tecnológicos de la era postindustrial, con el fenómeno multicultural en crecimiento en lo que se ha dado en denominar la “aldea global” propiciada por el fenómeno globalizador facilitado por el desarrollo de la tecnología de la comunicación, presentan sus luces y sombras, sus cumbres y valles, que conviene ir analizando desde las cuestiones que nos acontecen en nuestra vida ante las que hemos de dar respuesta desde una perspectiva poliédrica (como seres humanos, ciudadanos, según nuestro rol familiar, rol laboral, y sobre todo como cristianos en el mundo), y no por eso ha de ser una respuesta disociada, sino conjunta, armada, densamente construida para no ser arrasada por cualquier viento; aunque no por ello haya de ser comprensiva, tolerante, como se correspondería al talante de los valores morales consecuentes con la fe cristiana. Pero que a veces, nos puede llegar a cuestionar algunos posicionamientos tradicionales, de otro tiempo, que hoy día se han podido quedar obsoletos, o escasos en el abordaje de cada cuestión, a tenor de la rápida dinámica de los tiempos en que nos ha tocado vivir, y en los que hemos de dar sencillo y coherente testimonio de nuestra fe.

¡Paz y Bien!.

 

Domingo Delgado Peralta (OFS)

-Periodista, Teólogo, Politólogo y Abogado-

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