San Francisco: oyente activo.

Carta del Ministro General OFM

Muy estimados hermanos:

¡El Señor les dé la paz!

Estamos próximos a la fiesta de nuestro padre San Francisco. Para la celebración de un padre de familia, sus miembros se reúnen para compartir el gozo, los sentimientos y las experiencias; el acontecimiento es también una ocasión para tomar conciencia de los propios problemas y proyectarse juntos hacia el futuro. Como hijos se nos pide que nos preguntemos sobre el sentido que tiene esta celebración en el momento específico que estamos viviendo. Ningún momento es repetitivo en nuestra vida, y también este año la fiesta de San Francisco cae en un momento inédito para nuestra Fraternidad: nos encaminamos hacia el Consejo Plenario de la Orden que tendrá lugar en Nairobi del 12 al 28 de junio de 2018.

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Para tal evento se ha determinado ya la temática de reflexión: “Quien tenga oídos que escuche lo que el Espíritu dice… a los hermanos menores.” (Ap 2,29) La referencia al libro del Apocalipsis es explícita, y nos ayuda a captar, de verdad, el mensaje especial que el Espíritu dirige a nosotros ahora y en la diversidad de nuestras situaciones.

Del 18 al 22 de septiembre pasados, como Definitorio hemos hecho una visita a nuestros hermanos que viven en Turquía. Les agradecemos su fraterna hospitalidad, así como su testimonio y trabajo.

En esa ocasión, acompañados del Obispo Mons. Rubén Tierrablanca, OFM, Vicario apostólico de Estambul, tuvimos la gracia de poder visitar los sitios arqueológicos de las ciudades citadas en el Libro del Apocalipsisy hacer una pausa para meditar los textos de las cartas enviadas a las siete Iglesias (Ap 1,17-3,22), acogiendo más profundamente los mensajes dirigidos a las comunidades cristianas de entonces y a nosotros hoy.

Un tiempo y un lugar de escucha

Visitando estos lugares en actitud de escucha, hemos captado, ante todo, un proceso y una metodología de misión y de evangelización que permanece fundamental para toda renovación: Juan se siente solidario con los sufrimientos y las persecuciones de sus hermanos, y encuentra en la comunidad reunida en oración en el día del Señor, el contexto apropiado para transmitir su mensaje (cfr. Ap 1,3). El día del Señor es el tiempo y el lugar del compartir fraterno, donde ansias y sufrimientos encuentran una respuesta gracias a la escucha de la Palabra y al sumergirse en el Espíritu.

El encuentro con el Señor resucitado y la escucha de su voz dan luz y fuerza para insertarse en los problemas cotidianos y salir “victoriosos” en la lucha con las fuerzas del mal. La palabra del Señor es siempre un mensaje de esperanza que abre a la felicidad: “Felices aquellos que escuchan las palabras de esta profecía” (Ap 1,3).

Escuchar al Espíritu para saber escuchar al mundo

La escucha de la Palabra y la inmersión en el Espíritu no nos aíslan del mundo concreto en el que vivimos; al contrario, nos ayudan a descubrir nuestra misión en el mundo. Es este el sentido de los mensajes dirigidos a las Iglesias que abren el Libro del Apocalipsis.

La realidad mundana, representada por Babilonia, es el contexto real en el que vive la Iglesia, la cual, aunque siendo por definición la Esposa fiel, en lo concreto de la vida experimenta en sí la presencia del mal y es atribulada por muchos problemas que afligen al mundo. Por este motivo, antes de reprender a los habitantes de la tierra por sus males, la Iglesia es invitada a redescubrir las energías vencedoras de la resurrección de Cristo y a completar un camino de conversión que la lleve a renovarse a la luz de aquella verdad que es llamada a anunciar.

El dinamismo de la escucha

Descubrimos algunas constantes en el esquema de las cartas del Apocalipsis: cada carta es presentada como mensaje del Señor resucitado a una Iglesia particular: “al Ángel de la Iglesia de… escribe: así habla el Hijo de Dios” y se concluye como palabra dirigida por el Espíritu a todas las Iglesias: “Quien tenga oídos escuche lo que el Espíritu dice a las Iglesias”. De tales constantes deducimos que, si la palabra pronunciada por Cristo es dirigida a situaciones específicas y circunscritas, el Espíritu la hace universal y la actualiza, haciendo de ella un mensaje para todas las Iglesias. Pero, no un mensaje generalizado como enunciación de un principio, sino actualizado y específico para cada situación.

La escucha genera un proceso en base al cual la Palabra acogida se convierte en realidad de vida. La primera carta, dirigida a la Iglesia de Éfeso, traza las etapas del camino: “Recuerda – arrepiéntete – haz” (Ap 2,5): la conversión nace de la escucha de la palabra de Jesús, la cual, vivificada y actualizada por el Espíritu que hace memoria de ella, produce un cambio de vida.

 ¿Qué cosa dice el Espíritu a nosotros Frailes diseminados en las siete iglesias?

La palabra dirigida por el Señor resucitado a las Iglesias del Asia Menor es transmitida de nuevo por el Espíritu a nosotros hijos de Francisco en la multiplicidad de las situaciones que la Orden vive hoy en los diversos continentes.

...
  • La Palabra dirigida a la Iglesia de Éfeso pone en evidencia y reconoce notables cualidades de esta Iglesia, por lo tanto, nuestras, como la ortodoxia y la laboriosidad, pero al mismo tiempo nos recuerda que todo sería vano sin el amor.
  • Cuanto se dice a Esmirna refuerza nuestra esperanza e ilumina nuestro discernimiento, enseñándonos a vivir la pobreza como riqueza.
  • La carta dirigida a Pérgamo nos llama a abrirnos a la fuerza purificadora de su Palabra, que es capaz de hacernos superar situaciones difíciles, ya sea en relación con el mundo exterior, ya sea en nuestra vida fraterna.
  • Lo escrito a la Iglesia de Tiatira nos ayuda a reconocer el camino que estamos intentando hacer, pero al mismo tiempo nos invita a un claro discernimiento para eliminar de nuestro interior factores o principios desviados.
  • Lo dicho a Sardis nos revela que en la comunidad la situación más negativa es la falta de vida interior, no obstante la vivacidad de las obras. Pero este juicio es seguido del estímulo de que el cambio es siempre posible, y puede partir de la vitalidad y del dinamismo, presentes entonces en esa Iglesia y hoy en nuestra Orden.
  • La carta a Filadelfia, con la conciencia de nuestra debilidad, nos dirige un estímulo a la perseverancia, recordándonos que la fidelidad a su Palabra asegurará reconocimiento y éxito a nuestro testimonio.
  • Cuanto dicho a la comunidad de Laodicea nos recuerda que la actitud más negativa es el sentido de autosuficiencia: ella sofoca todo deseo de cambio y de progreso, escondiéndonos la gravedad de ciertas situaciones estancadas; en tales situaciones, ni el razonamiento, ni la fuerza de la autoridad o de la amenaza pueden esperar un resultado positivo, sino sólo el calor del amor puede instaurar una relación cordial de amistad y de convivencia; el Señor no derrumba las puertas, sino que toca y espera que la puerta se abra al reconocimiento de su voz; es la estrategia del amor que, para obtener el resultado esperado, espera y pide ser libremente acogido.

Por consiguiente, las palabras dirigidas a las siete Iglesias del Apocalipsis pueden resonar todavía vivas y actuales para nosotros y para nuestras fraternidades.

La escucha obediente de la voz del Espíritu 

Estimados hermanos, también nosotros tenemos necesidad de vivir, como Juan, nuestro día del Señor para sumergirnos en el Espíritu y escuchar la voz del Señor resucitado. Como las comunidades del Apocalipsis, tenemos necesidad de reencontrarnos a nosotros mismos, en nuestra identidad humana y espiritual, para después poder andar en el mundo, insertándonos en él, para dar testimonio de la novedad de vida instaurada por la resurrección del Señor. Pero esta misión puede iniciar sólo emprendiendo un camino de conversión, purificando nuestras vidas y nuestras fraternidades de esos fermentos negativos que del mundo se han infiltrado en nuestra manera de vivir.

La voz del Espíritu recuerda a las siete Iglesias y a nosotros, que el Señor muerto y resucitado conoce nuestras fortalezas y nuestras debilidades y nos invita a hacer memoria de cuanto Él ha realizado en nuestra historia.

La voz del Espíritu nos enseña a no dejarnos nunca aprisionar de una adhesión incondicional al pasado, por más glorioso ese pueda ser, sino a gozar y aprovechar la renovación constante y eficaz que el Espíritu produce, haciendo la única palabra del Señor resucitado siempre nueva, vital y apropiada a las diversas situaciones en las cuales podemos encontrarnos.

Por lo tanto, no nos cansemos nunca de aprender con deseo y de acoger con gratitud el siempre renovado dinamismo que brota de la escucha intensa y apasionada de la palabra de Dios. No tengamos miedo de convertirnos en oyentes siempre más expertos y maduros. Cultivemos una constante actitud de escucha viva y dinámica, que nos permita librarnos de la vanidad de tantas palabras escritas o escuchadas y nos impregne de la única verdadera Palabra, revelación de los sentimientos y de la voluntad de Dios, encarnado en Jesucristo.

Nuestra vida reclama espacios y tiempos dedicados exclusivamente a esta escucha viva y dinámica, que de los sentidos pasa a la mente, para penetrar en el corazón y convertirse en amor operante.

Antes de buscar indicaciones operativas, debemos recuperar la lógica de este dinamismo que entre la escucha y la acción encuentra los principios de discernimiento del hombre interior, construido por el Espíritu (cfr. Ef 3,16; 2Cor 4, 16ss).

Francisco, oyente activo

Francisco fue un “oyente atento y dinámico” de la palabra de Dios. El discernimiento vocacional para él y sus primeros compañeros se hizo a la luz del Evangelio, que para él se convierte en “vida”: “La suprema aspiración de Francisco, … era observar en todo y siempre el santo Evangelio y seguir la doctrina de nuestro Señor Jesucristo y sus pasos con suma atención, con todo cuidado” (1Cel 84).

Para él la lectura de la Palabra es eficaz si es conducida por el Espíritu, el cual a través de la Palabra continúa en el fiel, como en María y en la Iglesia, la obra de la Encarnación (cfr. Adm 7; 2CtaF 48-56).

Como Fraternidad unida podemos buscar juntos caminos e instrumentos de renovación, pero recordándonos que la verdadera conversión viene de la acción del Espíritu Santo que obra en nuestros corazones.

Con nuestro hermano y padre Francisco, invoquemos, por tanto, al omnipotente, eterno, justo y misericordioso Dios:

para que conceda a nosotros, miserables,

hacer por la fuerza de su amor,

lo que sabemos que Él quiere,

y siempre querer lo que le place,

para que, interiormente purificados,

interiormente iluminados

y abrasados por el fuego del Espíritu Santo,

podamos seguir las huellas de su amado Hijo,

nuestro Señor Jesucristo,

y por sola su gracia

llegar a Él, Altísimo,

que, en Trinidad perfecta

y en simple Unidad,

vive y reina y es glorificado,

Dios omnipotente,

por todos los siglos de los siglos.

Amén.

 (CtaO 50-52)

La Fiesta del Padre san Francisco sea la ocasión que nos abra a la escucha viva y operosa de aquello que el Espíritu dice a cada uno de nosotros y a todas nuestras Fraternidades.

Deseándoles todo bien en la fiesta del Seráfico Padre, les pedimos que se unan a nosotros como comunidad que ora por el camino de preparación y buena realización del Consejo Plenario de la Orden.

Nos sostenga en este camino también la fecunda memoria y la feliz celebración de los 800 años de la presencia franciscana en Tierra Santa, y nos confirme en cuanto al hecho de que el Señor Jesús está con nosotros todos los días hasta el final de los tiempos.

 

Roma, 2 de Octubre de 2017
Memoria de los Santos Angeles Custodios

Sus hermanos:
Fr. Michael Anthony Perry, ofm (Min. gral.)
Fr. Julio César Bunader, ofm (Vic. gral.)
Fr. Jürgen Neitzert, ofm (Def. gral.)
Fr. Caoimhín Ó Laoide, ofm (Def. gral.)
Fr. Ignacio Ceja Jiménez, ofm (Def. gral.)
Fr. Nicodème Kibuzehose, ofm (Def. gral.)
Fr. Lino Gregorio Redoblado, ofm (Def. gral.)
Fr. Ivan Sesar, ofm (Def. gral.)
Fr. Valmir Ramos, ofm (Def. gral.)
Fr. Antonio Scabio, ofm (Def. gral.)
Fr. Giovanni Rinaldi, ofm (Sec. gral.)

 

 

Prot. 107839

Fiesta de San Francisco: Asís se vuelve verde.

Curso: Sectas y nuevos movimientos religiosos. 3