Reivindicando un “trabajo digno”.

Alcanzamos otro 1º de mayo, día del trabajo, en el que se celebra y reivindica al mismo tiempo el derecho al trabajo y a unas condiciones laborales que sean justas. Y otro año más asistimos a las manifestaciones organizadas por las centrales sindicales en conmemoración de esta fecha, y reivindicando nuevos alcances en los derechos sociales.

Realmente, tras la última crisis –cuyos efectos aún padecemos- con los conocidos “recortes sociales”, caída de empresas y pérdida de puestos de trabajo, que nos han llevado a unos niveles de desempleo graves, y cuya recuperación se está logrando de forma extremadamente lenta para los más débiles (especialmente para los jóvenes desempleados, y parados de larga duración), sobre todo la pérdida de una serie de derechos alcanzados durante años por los trabajadores (como la disminución salarial, o los límites máximos de jornada y descansos), así como la aparición de nuevas figuras de contratos laborales conocidos como “contratos basura”. Siendo así, que se cierne un horizonte no muy alentador para las clases socialmente más desfavorecidas de la sociedad.

De tal manera que se están generando importantes brechas sociales entre unas clases adineradas y acomodadas frente a otras clases trabajadoras en creciente estado de precariedad que lleva a que se estime que ¼ de la población española esté en umbrales de la pobreza. Dando como resultado una sociedad cada vez más injusta e inhumana.

A todo ello, contribuye en gran medida el nuevo orden económico globalizador, con la facilidad de deslocalización de las empresas (haciéndolas volátiles y prácticamente irresponsables ante sociedades y gobiernos donde radican), pero sobre todo con la “entronización” de los “mercados” que han convertido el mundo en un “gran casino” donde se especula a voluntad y sin apenas sujeciones a legislaciones estatales. Eludiéndose así casi toda forma de control, sino también la recomendación que Juan Pablo II hizo en la Centesimus annus que “para la promoción del derecho al trabajo es importante, hoy como en tiempos de Rerum novarum, que exista realmente un ´libre proceso de auto-organización de la sociedad´”.

Teniendo en consideración que los derechos de los trabajadores, como todos los demás derechos, se basan en la naturaleza de la persona humana y en su dignidad transcendente, el Magisterio Social de la Iglesia ha señalado algunos de esos derechos como:

  • El derecho a una justa remuneración (Laborem exercens).
  • El derecho al descanso (Laborem exercens).
  • El derecho a ambientes de trabajo y a procesos productivos que no comporten perjuicio a la salud física de los trabajadores y no dañen su integridad moral (Laborem excercens).
  • El derecho a que sea salvaguardada la propia personalidad en el lugar de trabajo, sin que sean conculcados de ningún modo en la propia conciencia o en la propia dignidad. (Centesimus annus).
  • El derecho a subsidios adecuados e indispensables para la subsistencia de los trabajadores desocupados y de sus familias. (Laborem exercens).
  • El derecho a la pensión, así como a la seguridad social para la vejez, la enfermedad y en caso de accidentes relacionados con la prestación laboral. (Laborem exercens).
  • El derecho a reunirse y a asociarse. (Laborem exercens).

 

Además, desde la perspectiva de la moral social, habría que concluir sobre la necesidad de una justa distribución de la renta, no sólo en base a criterios de justicia conmutativa, sino también de justicia social (considerando la dignidad humana de los trabajadores), ya que un auténtico bienestar económico también requiere la acción de políticas sociales de redistribución de la renta, en consonancia con las condiciones generales del país y la situación y necesidades de todos los ciudadanos.

 

Domingo Delgado Peralta (OFS).

Periodista, Abogado, Teólogo y Politólogo.

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