¡Quien me diera un bosque de semejantes juníperos!

12003325_1134970306533170_1443228992888647523_nEn memoria del Hermano Eduardo Constante, el Duende

Yo no sé porqué no me admitieron en esa fraternidad

Fray Junípero fue uno de los primeros compañeros de Francisco de Asis. Lo prefería  por su sencillez, su humildad y su caridad. Clara le puso por sobrenombre “el juglar de Dios”.

Dice  Englebert en su Vida de San Francisco: “…La naciente fraternidad no excluía a nadie, y  a ejemplo de Nuestro Señor, Francisco recibía a los pecadores bondadosamente y poseía el don de convertir en oro el vil plomo. Aún a los más extravagantes acogía amablemente; de lo cual es buena prueba su amistad con fray Juan el Simple y con fray Junípero, que se ha hecho legendaria”…”Cuanto a Francisco, que no exigía que todos sus frailes estuvieran cortados con el mismo patrón, contestaba a los que juzgaban despropósitos las excentricidades de fray Junípero: « Hermanos míos, pluguiera a Dios que de tales Juníperos tuviera yo un bosque  entero»”. (Junípero es en italiano  el nombre  de un árbol denominado en castellano, enebro).

Parafraseando a san Francisco muchos  podríamos decir: “Ojalá el buen Dios nos enviara  muchísimos Duendes”.

Eduardo perteneció a la JUFRA pero la admisión a la OFS le costó. Una vez me lo confesó

“Yo no sé porque  no me admitieron en esa fraternidad”…En alguna otra se reparó la equivocación.

Pudiera ser que sus “extravagancias” no encajaran con la formalidad que muchos exigen para pertenecer a la OFS. Esas formalidades que se discuten en odiosas reuniones de consejo.

Siempre ocupado

Victor Frankl afirma que si uno tiene un porqué vivir va a encontrar el cómo hacerlo. Asi la vida humana es portadora de dignidad y trascendencia.

Pasó la vida siendo un desconocido para muchos. Sin embargo tuvo un proyecto de vida,  era voluntario de todas las causas y con su compromiso difundía el mensaje franciscano como pocos.

Eduardo siempre tenía algo que hacer: cantar en un coro, ayudar en Caritas, darles premios a algunos hermanos  en los capítulos de la OFS, aportando  un momento de algarabía. Su mayor talento fue el de hacer pan y enseñar a hacerlo. De hecho uno de sus últimos servicios fue acompañar en el inicio de una empresa “panaderil” a chicos de un comedor de  Villa Tranquila distante unas cuatro horas de viaje de donde residía.

Los criterios de admisión a la Orden Franciscana Seglar

La primer Orden sufrió bien pronto la clericalización lo que supuso mayores estudios académicos, criterios estrictos para ser admitidos a una vocación que estaba al servicio de la Iglesia.

La familia laical adoptó criterios jurídicos que hasta el día de hoy entran en conflicto con los criterios de fraternidad. ¿No estamos llamados a vivir el Evangelio, que es nuestra regla máxima”.

Hay muchas paradojas y contradicciones. Todavía es un mérito absoluto la disciplina, el cumplimiento, el asentimiento, el silencio. En muchas fraternidades no hay conocimiento humano, del otro.

En el caso del Duende, vaya que escuché comentarios! Que me hacen acordar lo que Juan XXIII decía de muchos curas: «Mi temperamento inclinado a la condescendencia y a descubrir inmediatamente el lado bueno de las personas y las cosas, más que a la crítica y al juicio temerario… me ponen en no poco contraste con el ambiente que me rodea. Cualquier forma de desconfianza o de trato descortés con alguien –sobre todo si se trata de pobres, débiles  o inferiores, cualquier dureza o irreflexión de juicio…- me procuran pena e íntimo sufrimiento. Callo pero me sangra el corazón. Esos colaboradores míos son unos magníficos eclesiásticos: aprecio sus excelentes cualidades, los estimo y se merecen todo. Pero sufro por el desacuerdo de mi espíritu con respecto a ellos ».  Diario del Alma

 Una Orden que practica la eugenesia eclesial

La regla paulina hace centro en la vida fraterna. No hay franciscano seglar sin fraternidad. Se suele repetir hasta el hartazgo de que no somos una cofradía. Pero por mucho que lo repitamos así mágicamente no se produce la metamorfosis.  Son las acciones, los hechos, los gestos los que revelan nuestro carisma. Por más que se diga que hay muchas formas de ser franciscano seglar, lo que importa es que vivamos, con límites seguramente, como se vive en las  familias “buenas”.

En tales familias, se acepta a cada uno por lo que es. Se lo cuida, se lo sirve, se lo ayuda a desarrollar sus talentos, se lo cura. Y en todas las familias aparecen  notas discordantes… Pueden ser personas con heridas emocionales…Pueden ser  discapacitados. Puede ser una mujer o un hombre divorciado. O uno que no tiene trabajo. Pueden llamar a la puerta de la fraternidad, solteros, viudos, ancianos para quienes la reunión es el único momento de relacionarse con otros….

Entonces surgen tantos criterios para admitirlos o no, como fraternidades hay. Y lo que en una se acepta en la otra se niega. En general, cualquier problemático no es aceptado.

Para peor de esto no se habla. Y a la hora de decidir las admisiones se practica la eugenesia que no es ni más ni menos la eliminación de “indeseables”. “Ese porque habla mucho”. Ese porque me dijeron que… Esa porque es psicóloga…Esa porque tiene problemas psiquiátricos… Ese porque puso en la carta que venía a la fraternidad porque buscaba una familia…” Y lentamente vamos aplicando criterios parecidos a los que se aplica en la eugenesia. Actualmente si se diagnostica una enfermedad incurable en el no nacido, se puede abortar.

¿Y nosotros que hacemos? El poder de decisión que tienen los consejos, muchas veces se orienta a formar un franciscano perfecto? ¿Pero de que perfección estamos hablando? La única perfección de la que habla el Evangelio es la de la misericordia.

Hasta el cansancio repetimos que nuestra mayor riqueza es la diversidad. Hoy por hoy los criterios de fraternidad –que nosotros rara vez practicamos- están presentes en la educación, en la salud, y en muchos ámbitos en donde se reconoce que la uniformidad mata, la heterogeneidad, lo distinto cura.

¿Qué sería un coro con una sola voz, entonces? ¿O una orquesta con un solo grupo de instrumentos?

Soñemos hermanos que hasta ahora nada hemos hecho

Las fraternidades se quejan de que no hay vocaciones. En el futuro habrá más funerales que profesiones.

Nuestro carisma, como cualquier otro se contagia por irradiación. Y el amor es la fuerza más expansiva y difusiva que hay. El ver cómo nos amamos, como aceptamos a todos, como les proporcionamos un lugar en el mundo para que se sientan útiles, como descubrimos sus talentos y los ponemos a trabajar para humanizarlos.

Soñemos en que en nuestras fraternidades se acepte a todo el que venga buscando un lugar en el mundo.

El papa Francisco dice que la Iglesia es un gran hospital de campaña. ¡Pongámoslo en funcionamiento!

Cuando Jesús curaba a los enfermos no solamente les devolvía la salud, sino que los re-integraba a una sociedad que los había marginado.

El Duende  encontró su lugar en el mundo…. Hay muchos duendes por ahí que no tuvieron esa suerte. Abramos nuestros corazones a las necesidades de los demás y todo se nos concederá por añadidura.

 

Maria Cecilia Jaurrieta, ofs

 

Escrito por Cecilia Jaurrieta

Maria Cecilia Jaurrieta esta casada y tiene cinco hijos y seis nietos. Profesó en al Orden Franciscana Seglar en 1986.
Es bioquímica y ha colaborado con distintos medios graficos y radiales franciscanos como NUEVA POMPEYA y EL MENSAJERO DE SAN ANTONIO. Ha publicado varios trabajos relacionados con la religiosidad popular en la Editorial San Pablo. Ha recibido capacitación en mediación comunitaria con la cual ha enriquecido los talleres de educación para la paz que anima desde 1998.

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