Prevenir conflictos innecesarios en las comunidades ¿A quién le interesa?

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convivenciaReleyendo a San Pablo desde la biología

 

Porque todos hemos sido bautizados en un solo Espíritu para formar un solo Cuerpo –judíos y griegos, esclavos y hombres libres– y todos hemos bebido de un mismo Espíritu.

El cuerpo no se compone de un solo miembro sino de muchos. Si el pie dijera: «Como no soy mano, no formo parte del cuerpo», ¿acaso por eso no seguiría siendo parte de él? Y si el oído dijera: «Ya que no soy ojo, no formo parte del cuerpo», ¿acaso dejaría de ser parte de él? Si todo el cuerpo fuera ojo, ¿dónde estaría el oído? Y si todo fuera oído, ¿dónde estaría el olfato? Pero Dios ha dispuesto a cada uno de los miembros en el cuerpo, según un plan establecido. Porque si todos fueran un solo miembro, ¿dónde estaría el cuerpo? De hecho, hay muchos miembros, pero el cuerpo es uno solo.

El ojo no puede decir a la mano: «No te necesito», ni la cabeza, a los pies: «No tengo necesidad de ustedes». Más aún, los miembros del cuerpo que consideramos más débiles también son necesarios, y los que consideramos menos decorosos son los que tratamos más decorosamente. Así nuestros miembros menos dignos son tratados con mayor respeto, ya que los otros no necesitan ser tratados de esa manera. Pero Dios dispuso el cuerpo, dando mayor honor a los miembros que más lo necesitan,

a fin de que no haya divisiones en el cuerpo, sino que todos los miembros sean mutuamente solidarios. ¿Un miembro sufre? Todos los demás sufren con él. ¿Un miembro es enaltecido? Todos los demás participan de su alegría.

Ustedes son el Cuerpo de Cristo, y cada uno en particular, miembros de ese Cuerpo.

(1Corintios 12,13-27)

 

San Pablo compara a la comunidad cristiana con un cuerpo en donde todas las partes son necesarias y solidarias. Más allá de que esta analogía sirva para hablar de los ministerios y los carismas, es útil para entender, si nos adentramos en las leyes de la biología, para pensar la gestación de los conflictos y su superación.

Me explico. Los seres vivos poseen una organización interna donde la salud es el resultado de la armonía entre sus distintas partes.

Podemos afirmar que la vida depende de la comunicación, e integración de los procesos que se realizan en cada una de sus partes.

Volviendo a san Pablo todas las partes del cuerpo son necesarias y solidarias entre si. El conflicto es a la salud social, lo que la enfermedad es a la salud biológicamente entendida. Algunos conflictos, por ello, se resuelven solos o no son tan graves. Otros necesitan médicos. Otros llevan a la muerte.

 

Solo los muertos no tienen conflictos

Un conflicto no resuelto es un obstáculo para la evangelización. Cristo proclama la Buena Noticia del Reino de Dios a través de una comunidad pero para que ello se realice con eficacia ese cuerpo-Cristo mismo- no puede estar dividido.

La unidad en la diversidad, de una comunidad se realiza por la cooperación libre de todos sus miembros. Y precisamente porque está en juego la libertad de cada uno, no siempre la cosas se ordenan hacia el ideal.

Los conflictos –como las enfermedades- son inevitables. Sin embargo el alto grado de crispación social muchas veces es el emergente de situaciones que fueron escalando. Nadie elaboró un plan de prevención y mucho menos lo puso en práctica.

Volviendo a la biología. La fiebre, la tos, un dolor de cabeza se estudian para diagnosticar una futura dolencia.

No pasa lo mismo con nuestras conductas en sociedad. Por eso me atrevo a proponer prevenir muchos de los conflictos a través de una activa participación comunitaria. No solo de los pastores sino de cada una de las ovejas. Estoy segura de que si las practicáramos consensuadamente, y con sinceridad mejoraría nuestra vida eclesial. Además tienen un valor universal. No hay nadie que no quiera vivir en un microclima de paz. Una convivencia armoniosa en las comunidades cristianas, como vasos comunicantes se trasladaría a la sociedad haciendo vivo el llamado de Jesús a poner sal y luz en el mundo.

PREMEDIAR

La mediación es una herramienta que no solo deben usar los abogados. Sirve para todos. Y las mismas disposiciones que se ponen en práctica para arreglar una disputa sirven, muchas veces, para evitar que se produzca. PREMEDIAR significa algo así como “mejor prevenir un conflicto que mediar luego que se produzca”. Lo que sigue es como un decálogo lleno de sugerencias positivas, fáciles de poner en práctica que ayudaría a mejorar nuestra convivencia. Solamente hace falta privilegiar la razón por encima de la emoción.

 

  • Practique el reconocimiento de sus semejantes como una contribución a la inclusión: Sonría- salude-mire a los ojos- emociónese-diga gracias-pida perdón
  • Separe a las personas del problema, pero reconozca a aquellas que son el problema
  • No confiera certezas absolutas a sus percepciones, más bien, póngalas a prueba: suspenda el juicio
  • Aclare siempre que no haya entendido algo, y aún si cree haber entendido. Evitará malentendidos
  • No dé nada por sobreentendido
  • No se deje influenciar por los relatos de los otros. Anímese a relacionarse en estado de neutralidad emocional y saque sus propias conclusiones
  • No influencie los relatos de los demás: Cada vinculo posee una identidad particular
  • Ante un posible conflicto de intereses utilice la imaginación para generar opciones de mutuo beneficio
  • Dirija sus mejores energías para que cada uno pueda ponerse en el lugar del otro
  • La comunicación es verbal en un 10 % y gestual en un 90%. No es el contenido sino la forma lo que arruina las relaciones y genera conflictos. Si lo va a decir enojado mejor no lo diga
  • Cuando se administra dinero de otros la transparencia es la mejor elección: Siempre las cuentas claras conservan amistades.

Ante un conflicto propio ó ajeno tenga en cuenta este consejo:

 

“CUANDO HAY VOLUNTAD, EXISTE UN CAMINO”

 

María Cecilia Jaurrieta, ofs

 

Extractado del libro  “Entre ovejas y lobos pero sin pastores” que será publicado el próximo otoño.

Escrito por Cecilia Jaurrieta

Maria Cecilia Jaurrieta esta casada y tiene cinco hijos y seis nietos. Profesó en al Orden Franciscana Seglar en 1986.
Es bioquímica y ha colaborado con distintos medios graficos y radiales franciscanos como NUEVA POMPEYA y EL MENSAJERO DE SAN ANTONIO. Ha publicado varios trabajos relacionados con la religiosidad popular en la Editorial San Pablo. Ha recibido capacitación en mediación comunitaria con la cual ha enriquecido los talleres de educación para la paz que anima desde 1998.

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