Porque me quiso

Estas tres palabras  en su sencillez de escritura nos vienen a decir a lo mejor lo que quisiéramos oír en nuestra vida. Lo más maravilloso pienso yo, que nos podría llevar a un encuentro, a un convivir íntimamente unidas a quien nos las dijera. Estas tres palabras <<PORQUE ME QUISO>>. Palabras poderosas, comprometedoras, alentadoras, en fin… palabras que no nos aburriríamos escuchándolas de unos labios que jamás nos podrían mentir.

El cristiano es un hombre que camina. El agua estancada se pudre, huele mal, se intoxica y en ella no puede surgir la vida; un rio, un arroyo que corre es sanador, da vida, respira, disfruta corriendo, es belleza…es agua cristalina. Así es el cristiano, una persona peregrina, un forastero en este mundo. Nos dice Diadoco de Foticé en su documento de la perfección espiritual que <<el que es transformado vive y no vive, pues mientras vive en su cuerpo; el amor lo mantiene en un continuo peregrinar hacia Dios, su corazón encendido en el ardiente fuego del amor, está unido a Dios por la llama del deseo, y su amor a Dios le hace olvidarse de sí mismo>>.

Durante cuarenta días vinimos contemplando paso a paso el camino que escoge Jesús para salvar la humanidad. Camino que le acarrea el olvido propio, el abandonarse totalmente a la voluntad divina. Jesús recorre su vida pública pregonando la Buena Nueva, un anuncio que no favorece a los oídos de  muchos, sus palabras son una espada de doble filo que viene a acabar con nuestra mentalidad mezquina sobre Dios,  porque precisamente el Dios de Jesús es un Dios que se hace niño para alcanzar a todos, un Dios que se muestra impotente… en un mundo dominado por una potencia aparente. Esta Noticia le llevará a sufrir mucho, su pasión y su muerte ignominiosa nos dan prueba de ello. Pero su Resurrección gloriosa nos muestra ese poder silencioso y humilde de Dios, que como una flor  florece entre las rocas con un suspiro suave pero que impregna a todos  una vida nueva. Es la Victoria que ninguna cosa ni la propia muerte la puede detener, así lo atestigua su resurrección gloriosa.

En la octava de la pascua hemos escuchado en las lecturas eucarísticas y en las celebraciones litúrgicas cómo Jesús se aparece a las mujeres, a María Magdalena, a los discípulos con la ausencia y también la presencia de Tomas y cómo Jesús se pone en camino acompañando a aquellos dos discípulos que auto engañados vuelven a Emaús, al  sin sentido. Van entristecidos, sin ilusión, se sienten desconcertados y Jesús resucitado se pone de nuevo a caminar  hacia atrás para acompañarlos en su dolor. Les hace reconocer más a fondo su tristeza, y a partir de ahí les explica las Escrituras y termina partiendo el pan. Sus ojos se abren pero Él desaparece, enseguida en aquella misma noche vuelven a Jerusalén, no a las murallas ni al Templo sino a la comunidad reunida en torno a Pedro llenos de alegría y anuncian la Buena Nueva de la resurrección.

A todas estas personas Jesús resucitado les anuncian la paz, el no temer y su mensaje como agua que vivifica, hace resurgir en ellos la alegría, la valentía y el coraje para anuncia al mundo entero este mensaje. El plan de Dios en la vida de Jesús ocupa un papel indiscutible, es lo primero y lo único pase lo que pase. Jesús en su propia naturaleza humana vive el sufrimiento no como un plato de buen gusto sino entregando su propia libertad en las manos divinas del Padre. Pero a los tres días de su muerte, rompe las cadenas de la muerte y Dios Padre de quien se fía totalmente lo resucita a la Vida Eterna, lo sienta a su derecha. ¿Y, porqué pasar todo este trance siendo Dios? Porque nos quiso mucho más que a su propia persona. El amor lo soporta todo hasta la muerte, y esta es nuestra alegría y nuestra fe <<SI CRISTO VIVE, ESTO ME BASTA>>. Su palabra nos interroga a diario ¿y tú crees que Cristo Jesús vive? ¿Posees esa experiencia? Y a lo mejor rápidamente contestaríamos << Claro que sí>>

Mentalmente todos lo tenemos muy claro, porque las manifestaciones como eco fiel de cuanto ha pasado en los corazones de los testigos oculares que lo han visto, tocado y comido con Él nos las afirman, pero aun en nuestro interior algo chirría. Algo deja a flote nuestra fe y esperanza. El miedo como león rugiente nos persigue por todos lados. ¿Y si esto no fuera verdad? ¡Que si la enfermedad! ¿Y si me reconocen públicamente como cristiano? ¿Y si no soy capaz de vencer mis pasiones? ¿Y si pierdo lo uno y lo otro? ¿Y qué dirán? ¿Y si esto se acaba? ¡Cuántas veces le tentamos al Señor! << ¡Si no meto mis dedos en los agujeros de su mano, y mi mano en su costado abierto, no creeré!>>. Esta es nuestra gran tentación como cristianos y ojalá que nuestra incredulidad nos lleve al encuentro de Cristo resucitado a fin de profesar cada día <<Señor mío y Dios mío>>. Ojalá que cada día amanezca una nueva pascua en nuestra vida, que nos conduzca a proclamar por el mundo entero <<CRISTO VIVE Y ESTO ME BASTA>>

La Virgen María,  madre nuestra y madre de la Iglesia al pie junto a la cruz e impotente viendo a su Hijo desfigurado respirando lentamente diría <<Dios mío esto yo no lo entiendo, pero Tú sí sé que lo sabes todo>>. Esta es nuestra esperanza cristiana  no adulterada; venga la marea, las persecuciones, las enfermedades,  la crisis material o personal…venga lo que  venga- no importa porque aunque por mi debilidad humana no lo entiendo, sé que tú Señor te lo sabes y todo lo realizas para mi bien y el del mundo entero.

Suena muy fácil, pero es difícil cuanto toca vivirlo, e imprescindiblemente es por eso que este peregrinar cristiano es sostenido por dos pies muy fuertes: el de la Palabra de Dios que nos indica por donde pisar aunque sea de noche y la Oración que viene a ser la antorcha que ilumina nuestro caminar, para que así no perdamos la meta <<CRISTO>>.

Dios Padre nos quiso hasta entregarnos a su Hijo sin reservarle ningún sufrimiento, hasta la muerte. Cristo Jesús nos quiso hasta despojarse de su rango y tomar la condición humana e incluso libremente da su vida en rescate de todos. Por su entrega queda de manifiesto que si por un hombre Adán, vino la muerte al mundo, por un hombre Jesús, vino la Vida Eterna.

¡Cómo puede pues el hombre criatura vil, un hediondo, un mísero, un gusano… negar tanto amor!

Hermanos y hermanas, Dios te quiso, te ama, no le cierres la puerta de tu corazón.

 

Hna. Catalina Mª Inmaculada

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La hermana Catalina María Inmaculada pertenece a la Orden de Hermanas Pobres de Santa Clara (Clarisas) y nació en Kenia en 1984. Actualmente reside en el Convento de Jesús a la Columna, Belálcazar – Córdoba (España)

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