¿Por qué mi Señor?

Tú el Soberanamente Grande, te haces pequeño

Tú la Sublimidad Total, te haces humilde

Tú el Inmortal, te haces mortal

Tú el Celestial, te haces terreno

¿Por qué mi Señor?

 

Tú la Divinidad Plena, abrazas nuestra condición pecadora

Tú el Santo, te haces siervo

Tú el Todopoderoso, te haces débil

Tú la Libertad Total, te haces esclavo

¿Por qué mi Señor?

 

Tú el Único y Amado, te dejas pasar por el loco olvidado

Tú el Autor de la Vida, te dejas morir en manos humanas

Tú Verdad, Vida y Camino, te dejas perseguir

Tú el Rey Soberano, te dejas cargar con la cruz

¿Por qué mi Señor?

 

Tú el Salvador, sufres la muerte más ignominiosa

Tú el Perseguido, nos haces participes de tu Reino Celestial

Tú el Desdichado, nos devuelves la dignidad de los hijos de Dios

Tú el Sentenciado, nos logras la victoria mediante la locura de la cruz

¿Por qué mi Señor?

 

¿Un Dios humillado?

¿Un Dios perseguido?

¿Un Dios sentenciado a muerte?

¿Un Dios crucificado?

Si, Tú eres ese Dios que esconde su Omnipotencia en la humildad

 

Oh Jesús mío, excelso en Amor

Tú nos libraste de las tinieblas a la luz

Tú nos llevaste como a hijos de la incredulidad a la credulidad

Tú nos sacaste de adorar becerros a adorarte en Espíritu y Verdad

Tú nos diste a cambio de tu muerte, la verdadera vida que mana de tu pecho.

 

Solo el Amor puede explicar este Gran Misterio

Solo el Amor puede abrazar la Cruz de la Muerte

Solo el Amor puede entregarse como don sin cálculo ni medida

Solo el Amor puede dejar presente a tu traidor hasta el último momento

Solo el Amor puede abandonarse totalmente en las manos de Dios

 

 

Danos el oponer el Amor al odio

Danos el optar por la  Mansedumbre y no por la violencia

Danos el trabajar la Bendición no la maldición

Danos el pregonar el Perdón y no la venganza

Danos el vivir la Paz y no la enemistad

 

Danos el reconocer tu Amor en la humildad

Danos el descubrir tu Sonrisa en una flor de primavera

Danos reconocer tu poder Liberador en un pájaro que vuela

Danos el descubrir tu Rostro en el más pequeño y débil

¡Y, danos por fin Señor, reconocer tu Locura de Amor en cada uno de nosotros!

Escucha al que te ama.

Volver a Galilea