¿Perdonará Jesús a su Iglesia?

¿Perdonará a ese cura que en sus sermones divaga sobre arcanos teológicos incomprensibles? ¿Perdonará a esos pastores que no se esmeran en enardecer a su pueblo con la Palabra de Dios? Subestiman la acción del Espíritu Santo sobre el Pueblo de Dios.

¿Perdonará a esa madre superiora de un colegio católico que nunca se apiadó de los padres de sus alumnos esperando en la puerta en días de frío y lluvia? Jamás fue capaz de abrir el portón de la escuela para que esperaran en el garaje, aunque hubiera ancianos, mujeres embarazadas y niños. ¿Habrá sido por la limpieza extra del día después? ¿O por el ruido del llanto de los niños en los cochecitos?

¿Perdonará a tantas congregaciones religiosas cuyos fundadores confiaron en la Divina Providencia y ahora solamente ponen su seguridad en el dinero, el estado, las donaciones de los ricos? No solo no confían en que el Señor nunca los abandonará, sino que cierran las puertas a esos niños, enfermos y ancianos que sus santos fundadores acogieron. Después se quejan de que no hay vocaciones. ¿Cómo las habrá si sus consagrados en nada se diferencian de los dirigentes de empresas capitalistas?

¿Perdonará a ese cura supuestamente “en opción por los pobres” que no paga las cargas sociales-ni jubilaciones, ni obra social- de la fundación con la que “realiza” la acción solidaria. Y cuyos empleados temen perder sus puestos de trabajo si lo denuncian

¿Y perdonará a los pastores que cumplen con las exigencias de la justicia social, no  por una conducta evangélica sino por la presión de las reglamentaciones civiles y el miedo a los juicios?

¿Perdonará a ese cura buenista que le dijo a la mujer que pusiera la otra mejilla y perdonara al marido violento, para luego tener que ir al hospital a darle la extremaunción por que estaba en terapia intensiva a causa de los golpes que le había propinado?

¿Perdonará a tantas congregaciones de monjas “venidas a menos” que poseen propiedades sin utilizar, habiendo mujeres victimas de la violencia que necesitan refugio donde proteger sus vidas? ¿No se les ocurre colaborar con las organizaciones que promueven la dignidad de la mujer? ¿Su condición de mujeres no las hace sensibles a esta epidemia de homicidios que tiene dimensiones mundiales?

¿Perdonará a los directores de una revista católica centenaria amasada con “las moneditas de la viuda” el haberla cerrado porque  la contabilidad era deficitaria, privando de una lectura edificante a tantos lectores, especialmente pobres y alejados de los centros urbanos?

¿Perdonará a las editoriales católicas que anuncian el evangelio de Jesús por medio de la prensa y que  compiten entre si, como si fueran la Pepsi contra la Coca Cola?

¿Perdonará Jesús a ese pastor que negó a un grupo de madres la posibilidad de reunirse a orar con sus hijos adictos? ¿Perdonará a tantos curas que niegan las instalaciones del templo y no dan la posibilidad de reunirse obligándolos a hacerlo en sus domicilios cuando siempre se enseño que es la “Casa del Pueblo de Dios”?. Ni se toman la molestia de acompañar los desafíos y la creatividad de quienes intentan caminos nuevos, ni recuerdan que los templos se han construido con la limosna del pueblo. ¿O acaso la Iglesia es una sociedad anónima donde los fieles son socios minoritarios?

¿Perdonará a ese cura que presto el templo para recaudar fondos para una tarotista? ¿O a ese que exhibe artísticos relicarios en un museo sin colocar ni siquiera una lámpara que indique la sacralidad de lo que se está mostrando?

¿Y perdonará a ese administrador laico que convenció a las autoridades de que era bueno para recaudar dinero, hacer un “after office” en el claustro de un convento en donde hubo un total descontrol de alcohol y consumo de drogas?

¿Perdonará a esos religiosos que dicen que vivir la pobreza es una extravagancia? ¿Qué pensar entonces de cómo cumplirán con los demás votos?

¿Perdonará a ese cura que invita a reuniones de mujeres pro aborto? ¿Y perdonará al obispo que tiene miedo en sancionarlo cuando a un político que hace lo mismo se lo excomulga automáticamente? ¿Perdonara a los curas que llevan una doble vida, adaptando las normas a su conveniencia? ¿De que vivirían si no fueran curas? A veces se vigila y controla. A veces todo lo contrario.

¿Perdonará Jesús a esa señora que criticó la presencia de gente pobre bailando en la fiesta de la Virgen?

¿Perdonara Jesús a tantos laicos que en vez de ocuparse de trabajar juntos por el bien común promoviendo juntos los valores del Reino de Dios se ocupan de los asuntos del templo y de la sacristía, creyendo que así han “cumplido” con su tarea en el mundo?

Laicos que son individualmente buenos pero que no han descubierto que sus instituciones, algunas varias veces centenarias, son palancas para hacer el bien, no meramente grupos terapéuticos, apenas mejores que un club de amigos.

¿Perdonará Jesús a ese cura que impuso infinidad de trámites a ese adulto no vidente que se quería confirmar y que terminó alejándose de la parroquia? Con lo que la comunidad ni se dio cuenta de los talentos que se perdían con su ausencia.

¿Perdonará Jesús a los pastores que imponen un sinnúmero de trámites burocráticos a los que desean recibir los sacramentos? ¿O peor aun, que cobran exorbitantes sumas de dinero como colaboración para el sostenimiento de la iglesia?

¿Perdonará Jesús a la corte de aduladores fariseos que no se sienten como “esos” los travestís, los homosexuales, las madres solteras, los divorciados, los drogadictos, los locos, los mendigos? ¡Qué bueno sería que el agradecimiento del fariseo estuviera acompañado por la humildad de reconocer que “todo nos ha sido dado”, que cada uno tiene su historia, que Jesús espera que los abracemos no que les exijamos una prueba de ADN para pertenecer al cristianismo!

 

Corromper es perder la naturaleza de las cosas

La palabra corrupción se asocia inmediatamente a las estafas económicas, al abuso de poder para negocios personales.

En su origen tiene que ver con alterar, dañar, pervertir la naturaleza de las cosas.

De alguna manera cuando nos decimos cristianos y no vivimos como tales somos cristianos corruptos. La nueva naturaleza a la que hemos sido convocados es a vivir como “otros cristos” por el bautismo.

El papa Francisco, vicario de Cristo, nos muestra muy especialmente en estos tiempos lo que el discípulo debe poner en práctica si no quiere ser una falsificación de la marca “cristiano”. Por lo menos los franciscanos tenemos en él un inmejorable formador, que predica como quería Francisco con el gesto más que con la palabra.

Cuando miles y miles de cristianos están sufriendo la persecución y la muerte en Cercano Oriente por el solo hecho de ser cristianos, no debemos bastardear el Evangelio como lo estamos haciendo en muchos países de Occidente. Esa sangre nos reclama fidelidad.

Y cuando discípulos y misioneros predican el Evangelio en las periferias tanto geográficas como existenciales, deberíamos pensar si Jesús nos perdonara nuestra falta de fe en sus divinas palabras. Toda este aburguesamiento de laicos y pastores se debe principalmente a que no creemos en que tendremos que rendir cuentas en el “más allá” de lo que hicimos, y más aun de lo que dejamos de hacer en el “más acá”.

Eso se llama falta de fe, falta de temor de Dios, en el buen sentido de la palabra. A Dios se le teme como a un novio o a una novia, a un esposo o a una esposa. Se le teme dañar siquiera con el pétalo de una rosa.

En la eucaristía repetimos “no tengas en cuenta nuestros pecados sino la fe de tu Iglesia” … Al escuchar estas palabras recuerdo las palabras del Maestro: … Cuando el Hijo del Hombre venga, encontrara la fe sobre la tierra? (Lucas 18,8)

Compruebo con infinita tristeza que últimamente, por mis pagos se ejerce una competencia sutil y diabólica para ver quien y con cuales estrategias consigue alejar más gente de la fe. Ojalà no sea lo mismo en otras partes del mundo.

Ma. Cecilia Jaurrieta ofs

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Escrito por Cecilia Jaurrieta

Maria Cecilia Jaurrieta esta casada y tiene cinco hijos y seis nietos. Profesó en al Orden Franciscana Seglar en 1986.
Es bioquímica y ha colaborado con distintos medios graficos y radiales franciscanos como NUEVA POMPEYA y EL MENSAJERO DE SAN ANTONIO. Ha publicado varios trabajos relacionados con la religiosidad popular en la Editorial San Pablo. Ha recibido capacitación en mediación comunitaria con la cual ha enriquecido los talleres de educación para la paz que anima desde 1998.

Francisco en Suecia: “bienaventurados los que miran a los ojos a los descartados y marginados mostrándoles cercanía”

Acción concreta de católicos y luteranos al servicio de los pobres del mundo