OFS: AMAR AL HERMANO CON CORAZÓN DE MADRE

hermoso-amanecer-a-orillas-de-la-ciudad-sunset-around-the-cityDedicado al asistente que no creyó conveniente incluir este tema en el itinerario formativo de una fraternidad seglar.

SIGNO VISIBLE DE LA IGLESIA, COMUNIDAD DE AMOR

En nuestras fraternidades debería vivirse la “cultura del encuentro”. Que implica considerar, casi como un dogma de fe, que la diversidad es nuestra mayor riqueza. El des-encuentro probablemente sea el resultado de no saber lo que es el amor.

Nuestra Regla expresa en el capítulo III, nº 22: “La fraternidad…es signo visible de la Iglesia, que es una comunidad de amor”. Añadiría un espacio donde se practica, se experimenta, se trata de vivir el amor ágape con todas nuestras fragilidades pero también con todas nuestras luces

El ágape, es el amor divino engendrado en nuestro corazón. El corazón es, según la Biblia, no sólo el asiento de los sentimientos y tendencias, sino también el núcleo más íntimo del hombre. Es el centro de la vida en que se concentran en unidad de acción todas las facultades de conocer, querer y sentir. El corazón es el que hace sensible a la gracia para experimentar el amor ágape.

El amor ágape es el existir para los otros, por la ayuda, el sacrificio. El amor ágape a diferencia del eros, no depende del valor del amado, sino que también afirma al otro en su dignidad personal única, aun cuando o no precisamente, merezca ser amado (amor a los pobres y enfermos) y hasta cuándo se ha mostrado indigno del amor (amor a los pecadores y enemigos). No ama al otro porque es bueno, agradable o benévolo, sino para que sea bueno y llegue a realizar el personal destino que Dios ha pronunciado sobre él. Finalmente, ama en colaboración con el amor de Dios que llama, crea y redime”. Benedicto XVI Deus caritas est

Y se podría añadir aquellos pensamientos tan hermosos de Fray Antonio de Guevara, un místico franciscano español del siglo de Oro: “Toda la espiritualidad franciscana nace y se consuma en el amor, con amor piensa, con amor crea, con amor obra”. “La mejor pieza del cuerpo es el corazón, y la mejor alhaja del corazón es el amor. Y si el corazón no se emplea bien, su dueño será el más desdichado de la tierra; no sabe bien vivir, quien no sabe amar”.

AMOR Y MISERCORDIA

En La misericordia, clave del Evangelio y de la vida cristiana, el cardenal Walter Kasper nos ilumina en este sentido.

El término más importante para la comprensión de la misericordia es hesed, que significa favor inmerecido, afabilidad, benevolencia y por extensión, también denota la gracia y misericordia divinas. Así hesed va más allá del mero enternecimiento y tristeza por la aflicción del ser humano y designa la libre e indulgente solicitud de Dios por él….Pues el hecho de que Dios omnipotente y santo asuma la menesterosa situación en la que el ser humano se ha colocado a si mismo, de que perciba la miseria del ser humano pobre y desdichado, de que escuche su queja, de que se incline y humille, dé que descienda para estar junto al hombre en su necesidad y lo vuelva a acoger una y otra vez a despecho de su infidelidad, lo perdone y le brinde una nueva oportunidad aunque más bien , merecía un justo castigo, todo ello rebasa las experiencias y ,va más expectativas humanas normales, va más allá de la imaginación y el pensamiento humanos.” (Página 49)

Los conceptos del amor ágape y la misericordia forman un todo indivisible. Y como chispas de la revelación divina que habla al corazón de todos los hombres de buena voluntad, existen conceptos afines en el budismo, en el hinduismo y en el Islam.

FAMILIA FRANCISCANA, ¿LLAMA VOTIVA DEL AMOR?

Me animo a decir que la familia franciscana es como el corazón de la Iglesia y desde ese corazón está llamada a evangelizar el mundo desde la perspectiva del amor. Otras vocaciones religiosas aportarán sus “carismas”. Pero un franciscano que no se propone el amor como origen y cumplimiento de su Regla traiciona su esencia. Esas diminutas llamas de amor encendidas en cada seguidor de Francisco de Asís deberían conformar ese gran corazón para abrazar a la humanidad sufriente.

El Pobrecito es, no solo el padre de una fecundísima familia con diversas prolongaciones dentro de la Iglesia, sino el maestro espiritual de muchos que, siendo “aparentemente” no creyentes, encuentran en su vida fuente de inspiración y motivación.

Tal vez por eso es que Asís más que el Vaticano, se haya convertido en el sacramento del encuentro entre hombres y mujeres de buena voluntad.

EL AMOR ES UNA DECISIÓN

El amor no es una emoción, es una decisión que se convierte en sentimiento. Por eso su fuerza radica en la voluntad asistida por la gracia. Si fuera solamente una cuestión de piel, jamás podríamos amar al enemigo, al que nos hace el mal, al que no nos cae simpáticos. A veces confundimos el hermoso afecto de la amistad con el de la fraternidad y allí no se puede avanzar… Al que es mi amigo le acepto todo. Al que no me cae bien, por cómo se viste, cómo se expresa, al que no es humilde (según mi propia y libre interpretación), al que no obedece, a ése lo pongo en el freezer. Quiero que haga cosas o que deje de hacer otras, por presión o coacción, sin un conocimiento profundo de sus límites y los nuestros… Con esto bastardeamos la esencia de la fraternidad para reducirnos a una piadosa cofradía o a un club de barrio. En donde velozmente se desestima al diferente.

Francisco de Asís lo tenía muy claro. Ese “pobre” con línea directa con el Espíritu Santo expresó en las dos Reglas cuál era el ideal. “Y cada uno nutra y ame a su hermano, como la madre ama y nutre a su hijo, en las cosas para las que Dios le diere gracia”.(1Regla IX,11).

Francisco ha transgredido desde su magnánima concepción de fraternidad los límites humanos.

Ha pedido a los hermanos que amen como madres. Desde lo natural, una misión imposible.

¿CÓMO ES EL AMOR DE HERMANOS?

Precisamente en nuestras fraternidades abunda el amor “natural” de hermanos, en las palabras de Francisco “carnal”.

El evangelio nos propone dos arquetipos de hermanos. Y así serán siempre los hermanos a los que nos les llegó “la gracia del Señor”.

En la parábola del Padre misericordioso el hijo mayor se comporta como el antipático “pluscuamperfecto”. Es el cumplidor, el que ha llenado de satisfacción a su padre realizando sus proyectos. Se le había pasado por alto que “compartía” por derecho natural la propiedad del padre. Y ante el “pecado” y la reconciliación de su padre con su hermano reacciona con celos desmedidos… Está muy lejos de alegrarse como el padre, no por maldad sino porque simplemente….solamente ¡es hermano!

Por Lucas conocemos a las hermanas Marta y María. Marta expresa eso que todos los que hemos sido hijos y hermanos experimentamos alguna vez. ¿Quién no le ha reclamado alguna vez a su madre o padre lo que Marta le reclama a Jesús en contra de María, celosa quizás? Por ejemplo: “¿No ves, yo te ayudé, hice las compras, limpié el jardín y ella está viendo televisión? ¿Por qué no le decís que haga algo?” ¿En qué familia no suceden estas cosas? (Lucas 10,38-42)

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¿CÓMO ES EL AMOR DE MADRE?

El amor de una madre-incluyo aquí al del padre conlleva un voto de pobreza cualitativamente diferente del de los religiosos. La pobreza consiste en fiarse solamente de Dios y su providencia. Es lo contrario a la seguridad. Y los padres experimentamos esa inseguridad existencial cuando al crecer los hijos adquieren una autonomía propia y hacen ejercicio pleno de su libertad.

La verdadera libertad es la capacidad para elegir el bien, el recto obrar en consonancia con los valores evangélicos que son capaces de llevar al hombre a su plenitud existencial. Y que son universales.

Cuando los padres –enseñamos esos valores a nuestros hijos y como en el caso del padre de la parábola vemos que no son escogidos por ellos, experimentamos todo el dolor del mundo y, nuestro sufrimiento nos lleva a confiar solo en Dios.

¿Puede haber algo más desgarrador que vivir la impotencia de que el hijo elija el “mal camino”, que experimente en sí mismo esa fractura existencial que se llama pecado. ¿Y existe un “castigo” mayor para el pecador que el de vivir esa ruptura interna? Muchas veces creemos que la vida del pecador es un paraíso. No hay nada parecido a eso. De esa realidad pueden hablar muy bien los convertidos.

Y sin embargo la madre, el padre actúan siempre como el padre misericordioso. Esperarán, tal vez toda una vida, hacer una gran fiesta cuando el hijo “vuelva”.

Los hermanos condenarán, dirán que su hermano es irredimible, hasta le pedirán al padre o madre que dejen de perder el tiempo en “ése”, que no inviertan energías emocionales en “ése”. Con lo cual agravarán la pena del padre o la madre.

EL PRIVILEGIO DE SER MADRE O PADRE

Sin embargo a los padres que atraviesan estas situaciones, se les concede un doble privilegio.

Por un lado comprender el dolor y la compasión del Padre Misericordioso por su criatura. Ha puesto todas sus preferencias sobre el hombre, lo hizo “un poco menor que a un dios” (Salmo 8,6) , le propuso un hermano con quien identificarse-Jesús… y sin embargo busca lejos de Él la felicidad-pagando precios muy altos- esa que puede encontrar “gratuitamente” en su corazón.

Y a pesar de todo ese Padre redobla la apuesta y dice siempre: “Aunque tu madre te abandonara, yo no te abandonaré” (Isaías 49,15).

Desde el comienzo de la Revelación se mostró “lento para la ira y de gran misericordia” Salmo 103 (8-11)

Es un Padre que no se cansa de dar oportunidades

Hay en el Antiguo Testamento numerosos episodios que muestran esa magnanimidad y su compasión para con el pecador.

Se mostró con Caín a pesar del abominable asesinato de su hermano (Génesis 4.15-16), en la esperanza del arco iris (Génesis 9,12-17) en el regateo con Abraham para no exterminar ese pueblo transgresor (Génesis, 18), en la misericordia con el pueblo de Israel cuando liberado del oprobio de la esclavitud se volvió contra su liberador (Éxodo 33,34 y 35), en el perdón a David por el adulterio con Betsabé (2Samuel 11)….

Por otra parte los padres al reconocer nuestra impotencia, nuestra inutilidad, nuestra absoluta carencia de poder, sabemos que contamos con un Padre que nos conforta, que nos auxilia, que conoce nuestra desazón. Es como que nos hablara al corazón para decirnos: “Estate ahí, quédate con tu hijo, si te apartas de él ¿adónde irá?. Quien lo amará con ese amor incondicional que tenés a pesar de tu imperfección y tu “poquedad”. Yo te entiendo hijo mío, porque a mí me pasa lo mismo?”

EL HOMBRE ES MAS GRANDE QUE SU PECADO

Esta frase que escuché decir a un fraile franciscano en una homilía condensa lo que Francisco expresaba en sus escritos, fruto de su experiencia de vida. Confieso que fue como una provocación y me costó mucho tiempo “digerirla”.

Y guárdense todos los hermanos, tanto los ministros y siervos como los otros, de turbarse o airarse por el pecado o mal del hermano, pues el diablo quiere echar a perder a muchos por el delito de uno sólo; más bien ayuden espiritualmente como mejor puedan al que pecó, ya que no necesitan de médico los sanos , sino los enfermos. (1Regla,V,7)

Y en la carta a un ministro “Y ninguno de los hermanos, que sepa que ha pecado lo abochorne ni lo critique, sino tenga para con él una gran compasión y mantenga muy en secreto el pecado de su hermano, porque no son los sanos los que necesitan del médico sino los enfermos” (Carta a un Ministro 15)

Precisamente el trabajo “artesanal” consiste en separar la conducta equivocada de la persona. Aborrecer el pecado pero amar al pecador

El padre y la madre no dejarán de visitar al preso, ni de acompañar tantas desgracias de sus hijos fruto de sus malas elecciones. Pero con su propio testimonio de vida y de palabra estarán mostrando siempre el camino correcto.

Entre las obras de misericordia espirituales esta la del corregir al que yerra. No con el ánimo triunfalista del fariseo, sino con la empatía propia del que experimenta el límite, la fragilidad, la pequeñez, para quien solo Dios es su máxima riqueza, esperanza, providencia.

Muchos de los santos que fueron padres y madres experimentaron esta fragilidad.

Santa Mónica es el ejemplo “exitoso” de que “no se puede perder el hijo de tantas lágrimas”. Sin embargo no todos tuvieron tanta fortuna. Santa Rita desde una mirada solamente humana pudo haber fracasado… y santa Luisa de Marillac tuvo un vástago que le dio muchos dolores de cabeza. Lejos estamos, gracias a Dios, de los dichos de esa santa medieval que prefería ver muerto a un hijo antes que en pecado.

¿UNA MISERICORDIA BARATA?

Que el equivocado enderece su caminar es un proyecto que puede tener éxito si apostamos a lo mejor que hay en el otro y ejercemos la corrección fraterna solamente desde el amor de una madre. Tendemos a fijarnos prioridades en el tiempo y cada uno tiene su tiempo, que no son los nuestros sino los de Dios. Y oscilamos entre la condena y la blandura sin considerar que el límite lo pone la propia libertad del otro. Su voluntad herida por el pecado, su necesidad de redención.

El Cardenal Kasper vuelve a iluminarnos desde la obra anteriormente citada.

En el capítulo denominado “¡Nada de la seudomisericordia de laissez faire! expresa: “Existen otros malentendidos de la misericordia…sobre todo el punto de vista del laisser faire, que todo lo tolera y consiente. Comienza por el hecho de que los padres, por falsa misericordia, ceden en todo ante sus hijos. Esta misma actitud equivocada se da cuando alguien, por aparente misericordia, hace la vista gorda en relación con una conducta equivocada y pecaminosa en vez de exhortar a la conversión. En el profeta Ezequiel podemos leer una enfática exhortación. Dice que al centinela, si no toca la trompeta para avisar a la población cuando divisa un peligro inminente, se le pedirán luego cuentas por la sangre derramada. Y prosigue Ezequiel: si tú no hablas y adviertes al malvado, si no le dices que morirá por su culpa, entonces él morirá a consecuencia de sus pecados. Pero a ti te pedirle cuentas de su sangre. En cambio, si le has advertido y aun así él no se convierte, él morirá por su culpa y tú salvaras la vida. ( Ezequiel 33,6-9) “

LA SABIDURÍA ESTÁ EN EL JUSTO MEDIO

¿Falta de amor y misericordia, exceso de misericordia? Los extremos son malos. El discernimiento necesario.

En algunas fraternidades se da lo primero. En otras situaciones conflictivas hacemos la vista gorda, como señala Kasper, manipulando la palabra. Ser misericordiosos puede ser la astuta trampa del padre de la mentira que presenta como actitud de luz-la tolerancia algo que no es sino falta de compromiso.

Muchas veces una palabra de corrección puede actuar como un dique de contención ante una conducta que puede dañar a la fraternidad.

Para que sea efectiva, protectora del bien común debe ser realizada con el afecto de una madre… como quería Francisco.

Misión imposible?

María Cecilia Jaurrieta OFS

 

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Escrito por Cecilia Jaurrieta

Maria Cecilia Jaurrieta esta casada y tiene cinco hijos y seis nietos. Profesó en al Orden Franciscana Seglar en 1986.
Es bioquímica y ha colaborado con distintos medios graficos y radiales franciscanos como NUEVA POMPEYA y EL MENSAJERO DE SAN ANTONIO. Ha publicado varios trabajos relacionados con la religiosidad popular en la Editorial San Pablo. Ha recibido capacitación en mediación comunitaria con la cual ha enriquecido los talleres de educación para la paz que anima desde 1998.

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