Obras de misericordia y derechos humanos, un espacio de encuentro.

Jesús y la misericordiaEn el Antiguo Testamento se menciona frecuentemente el término   misericordia. Esta palabra se traduce como  ternura, compasión, clemencia, disposición a perdonar, paciencia, amor de madre. Misericordia  quiere decir “tener un corazón solidario con aquellos que tienen alguna necesidad”.

“Jesús de Nazaret con su palabra, con sus gestos  y con toda su persona revela la misericordia de Dios”    “La misión que Jesús ha recibido del Padre ha sido la de revelar el misterio del amor divino en plenitud. « Dios es amor » (1 Jn 4,8.16), afirma por la primera y única vez en toda la Sagrada Escritura el evangelista Juan. Este amor se ha hecho ahora visible y tangible en toda la vida de Jesús. Su persona no es otra cosa sino amor. Un amor que se dona gratuitamente. Sus relaciones con las personas que se le acercan dejan ver algo único e irrepetible. Los signos que realiza, sobre todo hacia los pecadores, hacia las personas pobres, excluidas, enfermas y sufrientes llevan consigo el distintivo de la misericordia. En Él todo habla de misericordia. Nada en Él es falto de compasión. (Bula El rostro de la Misericordia, 1  y 8)

 

Las obras de misericordia herencia de nuestros hermanos mayores- Los judíos expresaban su amor a Dios a través de actitudes concretas de protección y cuidado del prójimo. Las leyes y códigos, que en el Antiguo Testamente  emanan del mismo Dios muestran un pueblo con una profunda actitud de solidaridad con  el destino de sus semejantes.

Un ejemplo lo encontramos en Job. Abrumado por las pruebas que padece se  examina  buscando en su conducta la causa de sus males. Se interroga a si mismo mostrando una responsabilidad social coherente con las exhortaciones de los profetas.   Nada más actual que este examen de conciencia:

Si atropellé su derecho al esclavo o a la esclava, cuando pleiteaban conmigo, ¿qué haré cuando Dios se levante, que responderé cuando me interrogue? El que me hizo a  mi en el vientre, ¿no nos formó el mismo Dios en el seno? Desde mi infancia me crió como padre, y desde el seno materno me guió. Si negué al pobre lo que deseaba o deje consumirse en llanto a la viuda, si comí el pan yo solo sin repartirlo con el huérfano, si vi al vagabundo sin vestido  al pobre sin nada con que cubrirse, y no me lo agradeció su cuerpo abrigado con la lana de mis ovejas; si alcé la mano contra el inocente cuando yo contaba con el apoyo del tribunal,¡que se desprenda mi espalda del cuello y se me descoyunte el brazo! Porque el terror de Dios me espantaría y ante su grandeza no podría resistir. Si mi tierra ha gritado contra mi o sus surcos han llorado juntos, si comí su cosecha sin pagarla explotando a los campesinos,¡que mi tierra dé espinas en vez de trigo en vez de cebada, ortigas! Lo juro, no puse en el oro mi confianza ni llame al metal preciosos mi seguridad. (…) No me alegré en la desgracia de mi enemigo, ni su mal fue mi alborozo, ni deje que mi boca pecara deseándole la muerte.¡Lo juro! Cuando los hombres de mi campamento querían abusar de un extranjero, yo no lo dejaba dormir en la calle por que yo abrí mis puertas al caminante. No oculté mi delito como Adan, ni escondí en el pecho mi culpa”  Job 31, 13-25. 29-32

 

Jesús y las obras de misericordia

El papa Francisco nos exhorta:

Es mi vivo deseo que el pueblo cristiano reflexione durante el Jubileo sobre las obras de misericordia corporales y espirituales. Será un modo para despertar nuestra conciencia, muchas veces aletargada ante el drama de la pobreza, y para entrar todavía más en el corazón del Evangelio, donde los pobres son los privilegiados de la misericordia divina. La predicación de Jesús nos presenta estas obras de misericordia para que podamos darnos cuenta si vivimos o no como discípulos suyos. Redescubramos las obras de misericordia corporales: dar de comer al hambriento, dar de beber al sediento, vestir al desnudo, acoger al forastero, asistir los enfermos, visitar a los presos, enterrar a los muertos. Y no olvidemos las obras de misericordia espirituales: dar consejo al que lo necesita, enseñar al que no sabe, corregir al que yerra, consolar al triste, perdonar las ofensas, soportar con paciencia las personas molestas, rogar a Dios por los vivos y por los difuntos.

No podemos escapar a las palabras del Señor y en base a ellas seremos juzgados: si dimos de comer al hambriento y de beber al sediento. Si acogimos al extranjero y vestimos al desnudo. Si dedicamos tiempo para acompañar al que estaba enfermo o prisionero (cfr Mt 25,31-45). Igualmente se nos preguntará si ayudamos a superar la duda, que hace caer en el miedo y en ocasiones es fuente de soledad; si fuimos capaces de vencer la ignorancia en la que viven millones de personas, sobre todo los niños privados de la ayuda necesaria para ser rescatados de la pobreza; si fuimos capaces de ser cercanos a quien estaba solo y afligido; si perdonamos a quien nos ofendió y rechazamos cualquier forma de rencor o de violencia que conduce a la violencia; si tuvimos paciencia siguiendo el ejemplo de Dios que es tan paciente con nosotros; finalmente, si encomendamos al Señor en la oración nuestros hermanos y hermanas. En cada uno de estos “más pequeños” está presente Cristo mismo. Su carne se hace de nuevo visible como cuerpo martirizado, llagado, flagelado, desnutrido, en fuga… para que nosotros los reconozcamos, lo toquemos y lo asistamos con cuidado. No olvidemos las palabras de san Juan de la Cruz: «En el ocaso de nuestras vidas, seremos juzgados en el amor»(Id.15).

Misericordia y Derechos Humanos, un espacio de encuentro

En la Declaración Universal de los Derechos del Hombre  dada por la Asamblea General de las Naciones Unidas el 10 de diciembre de 1948 encontramos un vínculo entre los derechos que los estados miembros se comprometen a promover y las obras de misericordia de la tradición judeo cristiana.

Artículo 25: 1. Toda persona tiene derecho a un nivel de vida adecuado que le asegure, así como a su familia, la salud y el bienestar, y en especial la alimentación, el vestido, la vivienda, la asistencia médica y los servicios sociales necesarios; tiene asimismo derecho a los seguros en caso de desempleo, enfermedad, invalidez, viudez, vejez u otros casos de pérdida de sus medios de subsistencia por circunstancias independientes de su voluntad. 2. La maternidad y la infancia tienen derecho a cuidados y asistencia especiales. Todos los niños, nacidos de matrimonio o fuera de matrimonio, tienen derecho a igual protección social.

Artículo 26: 1. Toda persona tiene derecho a la educación. La educación debe ser gratuita, al menos en lo concerniente a la instrucción elemental y fundamental. La instrucción elemental será obligatoria. La instrucción técnica y profesional habrá de ser generalizada; el acceso a los estudios superiores será igual para todos, en función de los méritos respectivos. 2. La educación tendrá por objeto el pleno desarrollo de la personalidad humana y el fortalecimiento del respeto a los derechos humanos y a las libertades fundamentales; favorecerá la comprensión, la tolerancia y la amistad entre todas las naciones y todos los grupos étnicos o religiosos, y promoverá el desarrollo de las actividades de las Naciones Unidas para el mantenimiento de la paz.3. Los padres tendrán derecho preferente a escoger el tipo de educación que habrá de darse a sus hijos.

 

Un sinnúmero de  personas trabajan porque estos derechos sean una realidad concreta. Muchos de ellos actúan por razones humanitarias. Los encontramos en todos los ámbitos en que la vida del cristiano se desenvuelve, en la escuela, el barrio, el sindicato, la asociación vecinal.  Las actuales circunstancias históricas exigen que cristianos y no cristianos trabajemos juntos.

Como caras de una misma moneda las obras de misericordia y los derechos humanos son un espacio de encuentro entre creyentes y no creyentes.

A los seguidores de Jesús san Juan Pablo II dirigió estas palabras en la Jornada Internacional de la Paz de 1999:

“…Me dirijo ahora en particular a todos vosotros, queridos hermanos y hermanas en Cristo, que en las distintas partes del mundo tomáis el Evangelio como norma de vida: ¡haceos heraldos de la dignidad del hombre! La fe nos enseña que toda persona ha sido creada a imagen y semejanza de Dios. Ante el rechazo del hombre, el amor del Padre celestial permanece fiel; su amor no tiene fronteras. Él ha enviado a su Hijo Jesús para redimir a cada persona, restituyéndole su plena dignidad. Ante tal actitud, ¿cómo podríamos excluir a alguno de nuestra atención? Al contrario, debemos reconocer a Cristo en los más pobres y marginados, a los que la Eucaristía, comunión con el cuerpo y la sangre de Cristo ofrecidos por nosotros, nos compromete a servir. Como indica claramente la parábola del rico, que quedará siempre sin nombre, y del pobre llamado Lázaro, « en el fuerte contraste entre ricos insensibles y pobres necesitados de todo, Dios está de parte de estos últimos ». También nosotros debemos ponernos de esta parte”.

Muchas veces la frase de san Pablo “quien come el Cuerpo de Cristo indignamente, come su propia condenación” (1 Cor 11,27) se ha asociado a la necesidad de una pureza ritual obviamente necesaria. Bueno sería que consideráramos que comemos indignamente el Cuerpo de Cristo cuando no nos comprometemos a jugarnos por la dignidad de nuestros hermanos.

 

La práctica de las Obras de Misericordia  en el siglo XXI

«Cuando di de comer a los hambrientos me llamaron santo, cuando pregunté por qué hay hambre en el mundo me dijeron “comunista”» Atribuido a mons. Helder Camara

Ningún sistema político podrá establecer el Reinado de Dios en la tierra con sus cualidades de verdad, justicia, libertad, amor  y paz. Porque el pecado y la fragilidad del hombre siempre abren brechas que los discípulos de Jesús deben cerrar con la práctica de la misericordia.

Sin embargo no debemos olvidar que  las estructuras de pecado al generar injusticias y marginación hacen imprescindible  la presencia de los cristianos para llevar a un orden más justo sin el cual es imposible la verdadera paz.

Algunas actitudes del seguidor de Jesús

  • El discípulo de Jesús debe comprometerse tanto en lo individual como en lo social. Ambas realidades exigen su presencia. No se puede dar de comer sin comprender y actuar para eliminar la situación de hambre de tantos hermanos. Por otra parte el compromiso social no nos exime de la misericordia a nivel personal.
  • El cristiano se muestra como perfecto discípulo de Cristo cuando hace de la práctica de la misericordia el eje de su compromiso en el mundo.
  • En el encuentro personal con Jesús el cristiano experimenta su misericordia. De allí nace el impulso a hacer lo mismo con los semejantes.
  • El Señor no nos ama por nuestros meritos o merecimientos sino por una decisión de su voluntad amorosa, por pura gratuidad. Así debe proceder el discípulo. Sin hacer distinciones. Sin excluir a nadie.
  • El discípulo que actúa con misericordia siempre encuentra excusas para perdonar y para volver a empezar
  • El discípulo tiene un estilo de vida austero muy alejado del consumismo materialista de la sociedad contemporánea: “nadie tendrá derecho a los superfluo, mientras tantos carezcan de lo necesario”.
  • El discípulo que actúa con misericordia no conoce límites en imaginar obras a favor de los que sufren alguna necesidad.
  • El bien hay que hacerlo bien, es decir que debemos capacitarnos para que nuestras acciones beneficien realmente al hermano. Muchas veces sucede que sin querer podemos dañar en vez de ayudar
  • El tiempo es un valor escaso. Quizás es lo más necesario. Si no podemos comprometernos con la donación del tiempo por no poder descuidar compromisos familiares, por ejemplo, eso no nos impide acercar nuestra ayuda solidaria de otra forma.
  • La política es la más noble de las actividades humanas. Porque procura el bien común. Si tiene mala prensa es porque muy pocos –cristianos, entre otros se involucran en la lucha por los derechos

de los  pobres y marginados. Ojalá nos comprometiéramos a modificar la realidad tanto a través de la política amplia de las organizaciones no gubernamentales como la de algún partido. Tampoco estamos eximidos de hacer propuestas a las autoridades.

 

OBRAS DE MISERCORDIA CORPORALES

  • Dar de comer al hambriento: Procurar ser sobrios. Adoptar y difundir modos de alimentación sana Planificar las compras para no tirar comida. Buscar con quien compartir los alimentos que sobran. Si es posible destinar la compra de un alimento semanal para dejarla en Caritas

Colaborar con los comedores y bancos de alimentos especialmente con el trabajo voluntario..

  • Dar de beber al sediento: Cuidar el agua, recurso cada vez más escaso. Seguir las normas que conducen a no contaminar. Informarse y sumarse a las iniciativas que procuran proteger el agua, por ejemplo las acciones de defensa de los glaciares o del agua de consumo en zonas de minería. Comprometerse con alguna asociación ambientalista y difundir sus consejos.
  • Vestir al desnudo: Procurar vestirse con sencillez. Donar y compartir ropa y calzado que ya no se utiliza. Comprometerse en acciones para remediar el frío de las personas en situación de calle. Colaborar con las Caritas en la tarea de clasificar ropa para los necesitados. Tener presente a los voluntarios de los hospitales que siempre necesitan ajuares para bebes.
  • Visitar al enfermo: Ser servicial con los vecinos enfermos y discapacitados. No nos apartemos de ellos cuando sean malhumorados y gruñones Acompañarlos en sus consultas, trámites y compras. Estar informados sobre los derechos que asisten a los enfermos, especialmente los más pobres o los discapacitados para poder asesorarlos convenientemente.
  • Dar posada al peregrino: Podemos alojar personas en nuestra casa si tenemos espacio físico para hacerlo. Sin embargo siempre podemos escucharlos, compartir una comida, hacerles sentir nuestra cercanía. Tener una actitud de acogida hacia los migrantes. Esta cultura abierta es fundamental para  que no prosperen las leyes restrictivas. Averiguar las direcciones de albergues o paradores para derivarlos a esas residencias.
  • Visitar a los encarcelados: La persona privada de su libertad por cualquier razón que sea necesita de compañía fundamentalmente. La mayoría ha perdido vínculos familiares y como consecuencia suele carecer de ropa y de mínimos elementos de aseo. Si las circunstancias de la vida nos ponen frente a esta situación extrema busquemos la manera de estar presentes. Colaboremos con la Pastoral  carcelaria actividad que necesita capacitación.
  • Enterrar a los muertos: En muchos países actualmente los servicios sociales se hacen cargo de este servicio. También están organizados los sepelios para los indigentes cuyas direcciones y teléfonos deberíamos conocer.

OBRAS DE MISERICORDIA ESPIRITUALES

  • Enseñar al que no sabe: Con sentimientos de fraternidad acercarnos a esas personas que muchas veces sienten vergüenza por las deficiencias que tienen en su formación. Estimulémoslos con una palabra adecuada. Orientémoslos a algún centro educativo. Colaboremos con los servicios de apoyo escolar que organizan las parroquias y los centros comunitarios.
  • Dar buen consejo a quien lo necesita: El don de aconsejar necesita de prudencia, discreción y  respeto. Y mucha oración. Remediar la desorientación del otro es una gran tarea si se ejerce con humildad. Podemos capacitarnos para hacerlo con idoneidad. A veces podemos ser invasivos con el aconsejado creando dependencia o rechazo.
  • Corregir al que se equivoca: Generalmente el que tiene una elección equivocada no sabe lo que hace ni las consecuencias que puede tener. Para que la corrección sea eficaz debemos aproximarnos en privado y  con sentimientos de fraternidad.  La actitud será la del que se siente dolido por la trasgresión del otro. Y se garantizará la eficacia de la corrección. Por otra parte hay que ponderar el tema. Quien esta todo el tiempo corrigiendo sin distinguir lo importante de lo insignificante termina consiguiendo que el otro desestime cualquier corrección. “Observa todo, deja pasar mucho, corrige poco” era una de las máximas favoritas de san Juan XXIII
  • Perdonar al que nos ofende: Si tenemos  sentimientos de fraternidad podemos comprender mejor la fragilidad del otro.  El rencor, el resentimiento, el odio son sentimientos que nos enferman. Por el contrario  el perdón es una decisión de la voluntad. Siempre nos hace bien. El cristiano debe involucrarse en las tareas de reconciliación de los grupos sociales, teniendo presente que la paz social es un reclamo permanente.
  • Consolar al triste: Sin sentido para sus existencias, aquejados de alguna enfermedad muchas personas entran y salen de nuestras vidas. Estar con ellas simplemente puede obrar milagros, sobre todo en nuestra cultura tan aquejada del mal de la indiferencia. Muchos sufren de depresión. A veces podríamos organizar grupos de ayuda para mejorar la calidad de vida de estas personas.
  • Sufrir con paciencia los defectos del prójimo: Debemos aceptar a los demás como nos gustaría que nos aceptaran a nosotros. No existen personas sin defectos. En el trato con las personas aburridas, poco importantes,  ignorantes se muestra nuestro  cristianismo. No practicamos grandes discriminaciones sino pequeñas.
  •  Rogar a Dios por los vivos y los difuntos: Cada cristiano es un mediador. Intercede y pide por las necesidades de los demás. Hace memoria de   los que ya pasaron por la vida recordando todo el bien que hicieron. Y peregrina con otros haciendo historia. La Eucaristía tiene momentos privilegiados para orar por las intenciones de vivos y conmemorar a  los muertos.

 

Danos entrañas de misericordia
frente a toda miseria humana
Inspíranos el gesto y la palabra oportuna
frente al hermano solo y desamparado.
Ayúdanos a mostrarnos disponibles
ante quien se siente explotado y deprimido.
Que tu Iglesia, Señor, sea un recinto
de verdad y de amor, de libertad,
de justicia y de paz,
para que todos encuentren en ella´
un motivo para seguir esperando.
Que quienes te buscamos sepamos discernir
los signos de los tiempos
y crezcamos en fidelidad al Evangelio;
que nos preocupemos de compartir en el amor
las angustias y tristezas,
las alegrías y esperanzas
de todos los seres humanos,
y así les mostremos tu camino
de reconciliación, de perdón, de paz…

(Tomada de la plegaria eucarística Vb )

Maria Cecilia Jaurrieta ofs

[box type=”info”] Las periferias que nos interpelan ¿Quiénes son los más sedientos? Los adictos que buscan desesperadamente un vaso de agua con que equilibrar el estado que producen las sustancias ¿Quiénes son los más necesitados de un techo? Las victimas de la violencia y la trata ¿Quiénes son los que más necesitan de nuestras obras de misericordia? Los presos pobres que carecen de buena alimentación, de abrigo, de compañía, de educación, de consejo, de corrección. [/box]

Esta entrada es por gentileza de VIDA PASTORAL – SAN PABLO

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Escrito por Cecilia Jaurrieta

Maria Cecilia Jaurrieta esta casada y tiene cinco hijos y seis nietos. Profesó en al Orden Franciscana Seglar en 1986.
Es bioquímica y ha colaborado con distintos medios graficos y radiales franciscanos como NUEVA POMPEYA y EL MENSAJERO DE SAN ANTONIO. Ha publicado varios trabajos relacionados con la religiosidad popular en la Editorial San Pablo. Ha recibido capacitación en mediación comunitaria con la cual ha enriquecido los talleres de educación para la paz que anima desde 1998.

Cardenal Schönborn: “En la Iglesia hay una oposición muy fuerte, significativa, activa y vociferante contra el Papa”

CLARA, ESPEJO Y EJEMPLO HOY TAMBIÉN DE FRANCISCANOS SEGLARES