Obispos de EE.UU.: Eliminar el DACA es «inaceptable»

Casi 800.000 jóvenes que llegaron al país ilegalmente de niños, están integrados, y no tienen antecedentes penales verán desaparecer el programa que les protegía frente a la deportación

La administración del presiente estadounidense Donald Trump ha anunciado este martes el fin del programa de Acción Diferida para los Llegados en la Infancia (DACA por sus siglas en inglés). La decisión deja en la cuerda floja a casi 800.000 jóvenes que entraron en el país ilegalmente siendo niños; los conocidos como «dreamers» (soñadores).

La decisión, anunciada en rueda de prensa por el fiscal general Jeff Sessions, prevé un plazo de seis meses durante los cuales se podrá renovar este estatus. Aunque no da permiso a residir legalmente en el país, el DACA protege frente a la deportación durante dos años renovables, asigna un número de la seguridad social temporal y abre la vía a un permiso de trabajo y de conducir.

Se trata, en todo caso, de jóvenes sin antecedentes penales. En muchos casos, como en los de otros inmigrantes indocumentados, estos jóvenes pueden tener cónyuges o hermanos ciudadanos, de los que se verán separados si son deportados.

La pelota pasa al Congreso

La Administración espera que durante este plazo el Congreso encuentre una salida legal para los «dreamers». El presidente ha acompañado el anuncio oficial con un tuit en el que exhortaba al Congreso a «hacer su trabajo».

El presidente Barack Obama creó este mecanismo en 2012, ante la imposibilidad de abordar una reforma migratoria más amplia. Sin embargo, al hacerlo mediante una orden ejecutiva (equivalente a un decreto), la decisión podía ser revocada en cualquier momento. Trump prometió hacerlo durante la campaña electoral, aunque en otros momentos había dado a entender que no eran su prioridad en la lucha contra la inmigración ilegal.

«Ausencia de misericordia» y «contraria a la Escritura»

Los obispos del país han calificado de «censurable» e «inaceptable» la decisión, que causa «un miedo innecesario» a estos jóvenes y sus familias. Lo afirman en un comunicado el presidente y vicepresidente de la Conferencia Episcopal Estadounidense, el cardenal Daniel DiNardo y monseñor José Gómez, junto con el presidente del Comité Episcopal de Migraciones, monseñor Joe Vásquez, y monseñor Joseph Tyson, responsable del Subcomité sobre Atención Pastoral a Migrantes, Refugiados e Itinerantes.

«La Iglesia católica ve desde hace tiempo, con orgullo y admiración, cómo los jóvenes DACA viven sus vidas cotidianas con la esperanza y la determinación de prosperar y contribuir a la sociedad. Ahora, después de meses de ansiedad y miedo, estos valientes jóvenes se enfrentan a la deportación».

La decisión de la administración Trump es «contraria a la Escritura», y supone «un momento desgarrador», así como una muestra de «la ausencia de misericordia y buena voluntad, y una visión miope del futuro».

«Un programa vital»

La Iglesia católica, al igual que muchas otras instituciones, siempre se ha pronunciado a favor de mantener la protección a los «dreamers» y regularizar su situación de forma permanente. La última vez hasta hoy fue el 30 de agosto, cuando ya se esperaba como inminente una decisión del presidente sobre el programa DACA.

«Le exhortamos con fuerza a que continúe apoyando este programa vital», escribían en una carta al presidente monseñor Joe Vásquez, presidente del Comité de Migraciones de la Conferencia Episcopal; la religiosa Donna Markham, presidenta de las ONG católicas del país, y Jeanne Atkinson, directora ejecutiva de la Red Católica por la Inmigración Legal.

«Creemos que la dignidad de todo ser humano, particularmente de nuestros niños y jóvenes, debe ser protegida». Jóvenes introducidos en Estados Unidos por unos padres «cuyo deseo era dar a sus hijos esperanza, oportunidades y una seguridad que nunca podrían esperar encontrar en sus países de origen».

«Son nuestros veteranos y nuestros líderes parroquiales»

Poner fin al programa DACA, advertían los líderes católicos, «daría la espalda de nuestra nación a los jóvenes inmigrantes que buscan realizar el potencial que Dios les ha dado y la promesa de devolver con gratitud lo que han recibido del único país que la mayoría conoce». «En el centro de la doctrina social católica está la obligación moral de proteger la vida y la dignidad de cada ser humano, particularmente los más vulnerables, incluyendo a nuestros jóvenes».

A través de la labor social de la Iglesia –continúa el texto– «hemos tenido el privilegio de conocer y trabajar con decenas de miles de estas espectaculares personas que son una parte de quien somos. Contribuyen a nuestra economía, son veteranos de nuestras fuerzas armadas, destacan académicamente en nuestras universidades y son líderes de nuestras parroquias y comunidades».

María Martínez López

Via Alfa y Omega

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