Nuevos detalles sobre la tumba de Cristo.

Christian pilgrims hold candles at the Church of the Holy Sepulcher, traditionally believed to be the site of the crucifixion of Jesus Christ, during the ceremony of the Holy Fire in Jerusalem's Old City, Saturday, April 26, 2008. The Holy Fire ceremony is part of Orthodox Easter rituals and the flame symbolizes the resurrection of Christ. The ceremony dates back to the 12th century. (AP Photo/Sebastian Scheiner)

Este año entrará en la historia. La tumba de Jesús en la Iglesia del Santo Sepulcro en Jerusalén ha sido abierta, mejor dicho, reabierta. Es la segunda vez, desde 1555, y la primera desde 1809. Y, como las dos veces precedentes, ha sido en ocasión de los trabajos de restauración del edículo.

Mientras el mundo está pendiente de las pruebas de confirmación de la autenticidad del Sepulcro de Jesús, hay un hombre que nos recuerda la realidad: “El acuerdo firmado entre las tres comunidades -griegos ortodoxos, franciscanos y armenios- establece que se procederá a la restauración del edificio actual y no se permitirá llevar a cabo un estudio arqueológico sobre la tumba”. Habla Eugenio Alliata, franciscano de la Custodia de Tierra Santa, arqueólogo y profesor del Studium Biblicum Franciscanum de Jerusalén, un gran experto en la Basílica del Santo Sepulcro. Por este motivo, formó parte de la restringida lista de invitados que el 26 de octubre por la tarde asistieron a la apertura. Así, ha podido observar y describir lo que ha visto. ¿Qué más sabemos de la tumba ahora?

“La apertura ha permitido verificar y comprender el estado de la tumba, mientras que el monje Maximos Simaios, el último que la vio en 1809, daba solamente una somera descripción”, explica. “Creo que la novedad principal es la observación directa, que ha confirmado y enriquecido la descripción -continúa el Padre Alliata- sobre todo porque los instrumentos de medida no permitían hacernos una idea perfecta. ¡Todo debe ser verificado a través de una observación directa!”.

Una vez retirada la losa de mármol y quitados los escombros que estaban debajo, se ha encontrado una segunda losa de mármol. “Rota en toda su longitud, todavía es reconocible una cruz esculpida. Se trata de un tipo de mármol diferente; es posible que esta losa se remonte a la época de las cruzadas. Con respecto a la cruz, aunque no esté entera, se trata probablemente de una cruz de Lorena”. Continúa, recordando que Goffredo di Buglione, el primer soberano cruzado de Jerusalén, era original de la Lorena. Bajo esta segunda losa gris, que no ha sido levantada, un tercer nivel: la roca original. “Según los instrumentos, el mármol y la roca podían encontrarse a un metro de distancia”, explica el Padre Alliata. De hecho, también la profesora Moropoulouu está sorprendida: no se esperaba la roca tan cerca del mármol. No obstante, como recuerda el arqueólogo, “según las descripciones precedentes, su presencia era clara y evidente”. De hecho, como se puede leer en Informes sobre la restauración del edículo del Santo Sepulcro de Maximos Simaios, “el arquitecto, confiando en mis indicaciones, abrió una parte del Santísimo Sepulcro (…) Y se encontró elevado hasta la misma lápida de mármol, teniendo como cubierta dos mármoles sobre la parte meridional y (…) todo el lado septentrional del divinísimo Antro está constituido de roca natural”. Pero, ya en 1.555, Bonifacio de Ragusa recordaba el momento en el que “se tuvo que levantar necesariamente una de las tablas de alabastro que cubrían el Sepulcro” y “se abrió a nuestros ojos la vista del Santísimo Sepulcro del Señor” (Liber de perenni cultu T. S., 279-80, 25 de agosto de 1555). Pero Arculfo, obispo galo que fue en peregrinación a Tierra Santa en el siglo VII, ya había hablado mil años antes. Y Adamnano de Iona, obispo irlandés, que refiere las consideraciones en su De locis Sanctis (1:2) del 670. Describe una “habitación cortada en la roca” donde “el pavimento de la habitación es más bajo que el sepulcro verdadero”.

Según el Padre Eugenio, se esperaba encontrar el lecho funerario basándonos en los testimonios antiguos. La sorpresa ha sido “haberlo encontrado de repente, así, tan alto. Hay casi treinta y cinco centímetros entre la cima de la roca original y el pavimento moderno. Sería interesante comprobar a qué profundidad se encuentra el suelo original. Esto nos permitiría entender mejor la estructura de la propia cámara”.

El Padre Eugenio se lamenta de que no se haya recurrido a los arqueólogos y a su metodología para su apertura. “Ningún arqueólogo ha intervenido, ni griego, ni franciscano, ni israelita. Ninguno”, recuerda. En el espíritu de la pobreza que lo caracteriza, rechaza, sin embargo, quedarse en su frustración. Toma nota y vuelve a sus observaciones.

“Existen diversos tipos de cámaras funerarias talladas en la roca -explica Alliata- pero no estamos seguros de qué tipo se trata en este caso”. “Hoy podemos excluir la posibilidad de que se trate de una tumba tipo kokhim -literalmente “horno” en hebreo- esto es, una cavidad excavada en la roca del tamaño de un cuerpo”, como un lóculo contemporáneo. Según él, la apertura de la tumba confirma que “se trata de un tipo de tumba tipo banco, sobre el cual el cuerpo era depositado”. La estructura recuerda la de un arcosolio: un nicho rematado por un arco, a su vez excavado en la roca. En este nicho, se depositaba el cuerpo sobre un banco. Aunque efectivamente el arcosolio existiese en aquella época, el Padre Alliata sugiere la hipótesis de que se pueda, sin embargo, tratar de un tercer tipo de tumba. Según el arqueólogo “para llegar a una conclusión más fiable haría falta conocer muchos más detalles sobre lo que queda de la roca original”. Sin duda, todo lo que ha sido sacado a la luz y atentamente documentado será puesto a disposición de los arqueólogos. Pero la observación directa de la roca que queda al norte del banco funerario y del lado del banco mismo habría sido realmente instructiva.

¿Cuándo podrán los arqueólogos finalmente hacer valer su metodología? Todo lo que ahora se sabe es que el trabajo de restauración deberá concluirse en marzo de 2017 como muy tarde. A pesar de todo, la profesora Moropoulou ha manifestado a los diferentes jefes de las Iglesias que una nueva fase de los trabajos debe ser planificada, con el objetivo de completar toda la tarea realizada y, por otro lado, para poner fin a las filtraciones que provienen del subsuelo: toda la pavimentación alrededor y dentro del edículo tiene, por este motivo, que ser levantada.

Por el momento, sin embargo, hay que conformarse con las hipótesis. Solo hay una certeza: hay un banco, luego no se trata de una tumba tipo kokhim.

Pero ciertos detalles no pasan desapercibidos para el ojo experto del Padre Alliata. El arqueólogo considera que esta gruta es demasiado estrecha para ser una clásica tumba de arcosolio. Piensa entonces en una estructura especial “que no se corresponde con un tipo concreto”. ¿Cuál sería la explicación? Martin Biddle, autor del manual de referencia La Tumba de Cristo (1999) (El Misterio de la Tumba de Cristo), hizo una suposición. Pensaba que la cámara hubiera sido dividida en dos partes por un muro construido en la época de Constantino. De este modo, la estrechez de la habitación sería debida a la presencia de este muro entre un banco (el de Jesús) y el resto de la cámara, en la cual se habrían debido encontrar otros dos bancos. “Señala Biddle que la tumba estaba formada por tres bancos, según la estructura clásica, sobre los cuales se encontraban unos nichos, tipo kokhim”, explica el arqueólogo del Studium Biblicum Francescanum. “Normalmente, una vez cortada la cámara, los kokhim se iban excavando cuando fuese necesario”. Pero, aunque “los kokhim podían no haber sido todavía excavados”, esta hipótesis ya no es creíble: la altura del muro-pared de roca original aún presente frente al lecho funerario de Jesús es la prueba. El Padre Alliata confirma que “la hipótesis de Biddle no es correcta. Es posible verificarlo gracias a la altura de la roca original que constituye el muro sur de la cámara funeraria” y que alcanza una altura de unos dos metros.

Otra hipótesis es aquella de que una tumba nunca está terminada, como los Evangelios. Según la descripción que en ellos se nos da, era nueva y utilizada por primera vez. De hecho, “(José) lo envolvió en una sábana y lo depositó en una tumba excavada en la roca, en la cual nadie había sido enterrado todavía” (Lucas 23,53) y “lo puso en su tumba nueva, que había sido excavada en la roca” (Mateo 27,60). Esto explicaría el porqué de la presencia de un solo banco puesto a un lado de una habitación muy estrecha; estrecha porque incompleta, no excavada completamente.

En Jerusalén existe una tumba con las mismas características de estrechez. Se encuentra en la necrópolis llamada Tumba de los Profetas sobre el Monte de los Olivos. ¿Y si la tumba de Jesús hubiese formado parte de una necrópolis mayor? Otro ejemplo, también en Jerusalén, proporciona un elemento más: las tumbas de Aceldama en el valle de Hinom. En esta necrópolis “las tumbas arcosolio habían sido construidas en corredores muy estrechos”, explica el Padre Alliata.

Muchas otras cuestiones hacen discutir a los expertos. ¡Muchas otras cosas pueden ser descubiertas todavía! El tipo de tumba y la estructura de la Cámara no son una pequeña parte. Por ejemplo, ¿se trataba de una sola habitación o eran dos? El Padre Alliata explica las diversas posturas sobre el tema: “La idea más antigua, y también la más acreditada, es la del Padre Vincenzo O.P. y de otros investigadores. Según ellos, las habitaciones serían dos: aquella en la que se lloraba al difunto y aquella donde se preparaba el cuerpo. Pero el Evangelio demuestra lo contrario: desde el exterior de la tumba era visible el interior. Es la idea de Bagatti y de Biddle: esta habitación no era cerrada”.

Otro hecho llama la atención de los investigadores. De la habitación, quedan en pie sólo las paredes situadas al norte y al sur. ¿Quién ha cortado literalmente en dos la cámara funeraria? Según algunos, los culpables serían los persas. Pero el Padre Alliata se remonta a los textos y explica que “Arculfo, en 670, hablaba del “techo de esta cámara”. Cómo, entonces, podría haber sido destruido por los persas en el año 614, si Arculfo lo ve cincuenta años después?” A no ser que se quiera poner en discusión el trabajo de compilación de las fuentes de Adamnano, que afirma citar Arculfo.

Son preguntas aún sin respuesta. Esta histórica apertura de la tumba ha proporcionado, sin embargo, algunas confirmaciones, como el asombroso descubrimiento de la roca viva, lecho funerario de Jesús. El Padre Alliata espera entonces pacientemente poder leer todos los informes y los documentos que la profesora Moropoulou pondrá a disposición de los investigadores. La novedad es que hoy están en contacto directo, entonces quizá tengamos la esperanza de que quizá un día, en ocasión de una nueva fase de los trabajos, se podrán unir las fuerzas de estas dos autoridades al servicio de la ciencia y de un conocimiento mejor de esta famosa tumba.

 

Por Arianna Poletti |  foto: © Marie-Armelle Beaulieu/CTS

Via OFM

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