Novena a San Francisco. Dia 6: La pobreza

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Saludo
¡Te adoramos Cristo, y te bendecimos, porque por tu santa cruz, redimiste al mundo!

Oración al comienzo
iOh grande y glorioso Dios! Ilumina las tinieblas de mi corazón y dame fe recta, esperanza firme y amor perfecto.
Infúndeme, Señor, inteligencia para que cumpla tu santa y divina voluntad.

“¡Felices los que tienen alma de pobres, porque a ellos les pertenece el Reino de los Cielos!” Mateo 5.3

“‘Yo sé tanto vivir en las privaciones como en la abundancia; estoy hecho absolutamente a todo, a la saciedad como al hambre, a tener de sobra como a no tener nada. Yo lo puedo todo en aquel que me conforta “. Filipenses 4. 12-13

La pobreza nos da el conocimiento verdadero de nosotros mismos. No nos hemos dado a nosotros, ni nuestros genes, ni nuestra familia, ni la patria en que nacimos. Esa misma convicción lleva a Francisco a alabar ese señorío de Dios: “‘Mi Dios y Todo”. Los pobres de Yahvé eran todos aquellos que se situaban ante Dios en la actitud suplicante del mendigo que espera la limosna de su benefactor… Y con la confianza feliz del niño que sabe que no será defraudado en su pedido. A estos pobres de espíritu Jesús les ofrece sus bienaventuranzas que se sintetizan en un solo concepto: “‘Ser pobre es tener a Dios como única riqueza “.
La pobreza nos invita a desapropiamos de todo. Cuando sentimos que administramos bienes que el Señor nos ha dado gratuitamente en custodia desaparecen las angustias y ansiedades que produce la posesión. La avaricia, que es la idolatría del dinero no escatima esfuerzos en saciar el afán de tener. Y paradójicamente deja más vacío el corazón del hombre. Un corazón demasiado grande como para tener paz con las baratijas que le ofrece el mercado.

“Los hermanos no se apropien de nada para sí, ni casa, ni lugar, ni cosa alguna. Y, cual peregrinos y forasteros en este siglo, que sirven al Señor en pobreza y humildad, vayan por limosna confiadamente. Y no tienen que avergonzarse, pues el Señor se hizo pobre por nosotros en este mundo… Y donde quiera que estén y se encuentren unos con otros los hermanos, condúzcanse mutuamente con ‘familiaridad entre sí. Y exponga confiadamente el uno al otro su necesidad, porque si la madre nutre y quiere a su hijo carnal, ¿cuánto más amorosamente debe cada uno querer y nutrir a su hermano espiritual? 2 Regla 6

Oración al finalizar

Mi Dios y mi Todo
¿Quién eres Tú, mi dulce Señor y Dios? ¿ Y quién soy yo, tu pobre e indigno servidor?

¡Cuánto quisiera amarte, santísimo Señor mío! ¡Cuanto quisiera amarre, dulcísimo Señor mío! ¡Señor y Dios mío!

Te entrego todo mi ser y gustosamente te daría cualquier otra cosa si supiera qué más darte.

Padrenuestro, Ave María, Gloria

Conclusión
El Señor nos bendiga y nos guarde, nos muestre su rostro y tenga piedad de nosotros.
Vuelva a nosotros su rostro, y nos conceda la paz.
El Señor nos bendiga.  Amén.

Escrito por Cecilia Jaurrieta

Maria Cecilia Jaurrieta esta casada y tiene cinco hijos y seis nietos. Profesó en al Orden Franciscana Seglar en 1986.
Es bioquímica y ha colaborado con distintos medios graficos y radiales franciscanos como NUEVA POMPEYA y EL MENSAJERO DE SAN ANTONIO. Ha publicado varios trabajos relacionados con la religiosidad popular en la Editorial San Pablo. Ha recibido capacitación en mediación comunitaria con la cual ha enriquecido los talleres de educación para la paz que anima desde 1998.

Descubierto un nuevo manuscrito franciscano.

Novena a San Francisco. Dia 7: Espíritu de Servicio.