Novena a San Francisco. Dia 5: La Paz

Saludo
¡Te adoramos Cristo, y te bendecimos, porque por tu santa cruz, redimiste al mundo!

Oración al comienzo
iOh grande y glorioso Dios! Ilumina las tinieblas de mi corazón y dame fe recta, esperanza firme y amor perfecto.
Infúndeme, Señor, inteligencia para que cumpla tu santa y divina voluntad.

“Les dejo mi paz, les doy mi paz, pero no como la da el mundo. ¡No se inquieten ni teman!”. Juan 14.27
“Tengan un mismo amor, un mismo corazón, un mismo pensamiento. No hagan nada por espíritu de discordia o de vanidad, y que la humildad los lleve a estimar a los otros como superiores a ustedes mismos. Que cada uno busque no solo su propio interés sino el de los demás.” Filipenses 2. 2-4

¡Paz y Bien! Es el saludo que identifica a los franciscanos. Tiene una profunda relación con el shalom hebreo que traducido significa “paz y bendición”.
Si pudiéramos establecer, aunque muy imperfectamente vínculos de fraternidad con el otro, si entráramos en una relación de intercambio vital, tal vez descubriríamos la desgracia que conlleva la discordia, la división, la ruptura. Por el contrario cuando nuestro proyecto vital se nutre del amor divino, que es amor de alianza, la voluntad de encontramos con el hermano tratando de superar los obstáculos que nos separan, nos hace crecer como personas, nos madura, nos perfecciona.
Además es un programa de vida porque el esfuerzo constante de entrega generosa y desinteresada nos lleva a hacer el bien permanentemente. Es lo que genera un ecosistema de paz y armonía. Hacer el bien es mostrar a Jesús por las buenas obras. No hay corazón humano por quebrado que esté por el pecado que se resista al flechazo de un gesto de afecto: una llamada telefónica que lo hará sentirse menos solo, el ofrecerse a hacer un mandado, celebrar un cumpleaños del más olvidado de nuestros compañeros… Ese es el bien que construye la paz.

“Somos esposos cuando el alma fiel se une, por el Espíritu Santo, a nuestro Señor Jesucristo. Le somos hermanos cuando cumplimos la voluntad del Padre que está en los cielos. Madres cuando lo llevamos en el corazón y en nuestro cuerpo por el amor divino y por una conciencia pura y sincera, y lo damos a luz por las obras santas, que deben ser luz para el ejemplo de otros”. (Carta a todos los fieles 1).

Oración al finalizar

Mi Dios y mi Todo
¿Quién eres Tú, mi dulce Señor y Dios? ¿ Y quién soy yo, tu pobre e indigno servidor?

¡Cuánto quisiera amarte, santísimo Señor mío! ¡Cuanto quisiera amarre, dulcísimo Señor mío! ¡Señor y Dios mío!

Te entrego todo mi ser y gustosamente te daría cualquier otra cosa si supiera qué más darte.

Padrenuestro, Ave María, Gloria

Conclusión
El Señor nos bendiga y nos guarde, nos muestre su rostro y tenga piedad de nosotros.
Vuelva a nosotros su rostro, y nos conceda la paz.
El Señor nos bendiga.  Amén.

 

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Escrito por Cecilia Jaurrieta

Maria Cecilia Jaurrieta esta casada y tiene cinco hijos y seis nietos. Profesó en al Orden Franciscana Seglar en 1986.
Es bioquímica y ha colaborado con distintos medios graficos y radiales franciscanos como NUEVA POMPEYA y EL MENSAJERO DE SAN ANTONIO. Ha publicado varios trabajos relacionados con la religiosidad popular en la Editorial San Pablo. Ha recibido capacitación en mediación comunitaria con la cual ha enriquecido los talleres de educación para la paz que anima desde 1998.

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