Novena a San Francisco. Dia 4: Espíritu Eclesial.

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Saludo
¡Te adoramos Cristo, y te bendecimos, porque por tu santa cruz, redimiste al mundo!

Oración al comienzo
iOh grande y glorioso Dios! Ilumina las tinieblas de mi corazón y dame fe recta, esperanza firme y amor perfecto.
Infúndeme, Señor, inteligencia para que cumpla tu santa y divina voluntad.

“Ustedes son el Cuerpo de Cristo, y cada uno en particular miembros de ese Cuerpo. En la Iglesia hay algunos que han sido establecidos por Dios, en primer lugar como apóstoles, en segundo lugar como profetas, en tercer lugar como doctores. Después vienen los que han recibido el don de hacer milagros, el don de curar, el don de socorrer a los necesitados, el don de gobernar, el don de lenguas”… “Así ya que ustedes ambicionan tanto los dones espirituales, procuren abundar en aquellos que sirven para edificación de la comunidad”. 1 Corintios 12. 27-29 y 14-12

 

El anuncio del Evangelio es lo que da origen y sentido al peregrinar de la Iglesia en el mundo. San Francisco fue el artífice de una renovación profunda recuperando la fuerza y la fidelidad a este mandato de Jesús, desdibujado con el correr del tiempo. Predicó la conversión, yendo de a dos, sin nada propio, con confianza en la Providencia. Su audacia consistió en convertir convirtiéndose, edificar sin destruir, anunciar sin condenar… Siempre exhortó a la comunión por más que aceptara para sí y sus hermanos, la persecución por el seguimiento del evangelio, tanto de parte del mundo como de parte de la propia comunidad eclesial.

 

“Todos los hermanos sean católicos, vivan y hablen católicamente. Pero si alguno se aparta de la fe y vida católica, en dichos o en obras y no se enmienda, sea expulsado absolutamente de nuestra fraternidad. Y a todos los clérigos y a todos los religiosos tengámoslos por señores en las cosas que miran a la salud del alma y que no se desvían de nuestra Religión; y veneremos en el Señor su orden y oficio y su ministerio”. Primera Regla 19

“Pero si el prelado le manda algo que está contra su alma, aunque no le obedezca, no por ello le abandone. Y si por ello ha de soportar persecución por parte de algunos, ámelos más por Dios “. (Avisos espirituales 3).

Oración al finalizar

Mi Dios y mi Todo
¿Quién eres Tú, mi dulce Señor y Dios? ¿ Y quién soy yo, tu pobre e indigno servidor?

¡Cuánto quisiera amarte, santísimo Señor mío! ¡Cuanto quisiera amarre, dulcísimo Señor mío! ¡Señor y Dios mío!

Te entrego todo mi ser y gustosamente te daría cualquier otra cosa si supiera qué más darte.

Padrenuestro, Ave María, Gloria

Conclusión
El Señor nos bendiga y nos guarde, nos muestre su rostro y tenga piedad de nosotros.
Vuelva a nosotros su rostro, y nos conceda la paz.
El Señor nos bendiga.  Amén.

Escrito por Cecilia Jaurrieta

Maria Cecilia Jaurrieta esta casada y tiene cinco hijos y seis nietos. Profesó en al Orden Franciscana Seglar en 1986.
Es bioquímica y ha colaborado con distintos medios graficos y radiales franciscanos como NUEVA POMPEYA y EL MENSAJERO DE SAN ANTONIO. Ha publicado varios trabajos relacionados con la religiosidad popular en la Editorial San Pablo. Ha recibido capacitación en mediación comunitaria con la cual ha enriquecido los talleres de educación para la paz que anima desde 1998.

Clara Favarone, mujer de su época que traspasa tiempo y espacio.

Novena a San Francisco. Dia 5: La Paz