Novena a San Francisco. Dia 3: Reverencia por la Creación.

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Saludo

¡Te adoramos Cristo, y te bendecimos, porque por tu santa cruz, redimiste al mundo!

Oración al comienzo
iOh grande y glorioso Dios! Ilumina las tinieblas de mi corazón y dame fe recta, esperanza firme y amor perfecto.
Infúndeme, Señor, inteligencia para que cumpla tu santa y divina voluntad.

 

“…Él es el Principio, el primero que resucitó de entre los muertos, a fin de que él tuviera la primacía en todo, porque Dios quiso que en él residiera toda la Plenitud. Porque él quiso reconciliar consigo todo lo que existe en la tierra y en el cielo, restableciendo la paz por la sangre de su cruz “. Colosenses 1.18-20.

Ninguna criatura escapa al abrazo amoroso de Francisco. Al sentirse vitalmente reconciliado con Dios, por el sacrificio de la Cruz, puede experimentar sentimientos de fraternidad con el sol, el viento, la tierra, los animales… Admira y alaba a la Creación porque en todo contempla a su Autor… ¿Cómo destruir algo que ese Padre amoroso nos regala?

Hoy padecemos las consecuencias de haber “explotado”  hasta el limite las riquezas naturales. Los desequilibrios ambientales son fruto del  pecado del hombre que ha desordenado el planeta. De un hombre que no ha tratado como “hermana” a la naturaleza, sino que se ha apropiado egoístamente de ella. Si tenemos los sentimientos de reverencia por la Creación que experimentó San Francisco tratemos de aprender todo lo necesario para cuidarla.

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“Se goza en todas las obras de las manos del Señor, y a traves de tantos espectáculos de encanto intuye la razón y la causa que les da vida… Por las huellas impresas en las cosas sigue al Amado, hace con todas una escala por la que sube al trono…

A los hermanos que hacen leña prohibe cortar del todo el árbol, para que quede posibilidad de echar brote. Manda al hortelano que deje a la orilla del huerto franjas sin cultivar, para que a su tiempo, el verdor de las hierbas y la belleza de las flores pregonen la hermosura del Padre de todas las cosas”. 2 Celano 165

 

Oración al finalizar

Mi Dios y mi Todo
¿Quién eres Tú, mi dulce Señor y Dios? ¿ Y quién soy yo, tu pobre e indigno servidor?

¡Cuánto quisiera amarte, santísimo Señor mío! ¡Cuanto quisiera amarre, dulcísimo Señor mío! ¡Señor y Dios mío!

Te entrego todo mi ser y gustosamente te daría cualquier otra cosa si supiera qué más darte.

Padrenuestro, Ave María, Gloria

Conclusión
El Señor nos bendiga y nos guarde, nos muestre su rostro y tenga piedad de nosotros.
Vuelva a nosotros su rostro, y nos conceda la paz.
El Señor nos bendiga.  Amén.

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Escrito por Cecilia Jaurrieta

Maria Cecilia Jaurrieta esta casada y tiene cinco hijos y seis nietos. Profesó en al Orden Franciscana Seglar en 1986.
Es bioquímica y ha colaborado con distintos medios graficos y radiales franciscanos como NUEVA POMPEYA y EL MENSAJERO DE SAN ANTONIO. Ha publicado varios trabajos relacionados con la religiosidad popular en la Editorial San Pablo. Ha recibido capacitación en mediación comunitaria con la cual ha enriquecido los talleres de educación para la paz que anima desde 1998.

Curso: Sectas y nuevos movimientos religiosos. 2

Clara Favarone, mujer de su época que traspasa tiempo y espacio.