Novena a San Francisco. Dia 2: Amor por los pobres.

Saludo
¡Te adoramos Cristo, y te bendecimos, porque por tu santa cruz, redimiste al mundo!

Oración al comienzo
iOh grande y glorioso Dios! Ilumina las tinieblas de mi corazón y dame fe recta, esperanza firme y amor perfecto.
Infúndeme, Señor, inteligencia para que cumpla tu santa y divina voluntad.

“En esto hemos conocido el amor: en que él entregó su vida por nosotros. Por eso, tambien nosotros debemos dar la vida por nuestros hermanos. Si alguien vive en la abundancia, y • viendo a su hermano en la necesidad le cierra su corazón, ¿cómo permanecerá en él el amor de Dios? Hijitos míos no amemos solamente con la lengua y de palabra, sino con obras y de verdad”. 1 Juan 3.16-18.

A medida que Francisco hace propia la experiencia de un Dios Padre y de un Jesús hermano, se ensancha su corazón para abrazar a los pobres. En su abrazo al leproso, realizada dentro del proceso de su conversión todos podemos reconocemos.
Amar al otro no es fácil, es una empresa que siempre es desafío, que no se da espontáneamente, que a veces duele, que es imperfecta, limitada.
A pesar de nuestras flaquezas, cuando la voluntad se decide el corazón se ensancha. Desde aquel abrazo al leproso la elección de amor de los más abandonados, los excluidos, los marginados es lo que identifica a los seguidores de Francisco.
Sin embargo, si no nos revestimos de sentimientos de fraternidad, podemos hacer de esa relación con el pobre, una humillación

“El Señor me dio de esta manera, a mí el hermano Francisco, el comenzar mi conversión; en efecto, como estaba en pecado me era muy amargo ver leprosos. Y el Señor mismo me condujo en medio de ellos, y practiqué con ellos la misericordia. Y al separarme de los mismos, aquello que me parecía amargo, se me tornó dulzura de alma y cuerpo”. Testamento

Oración al finalizar
Mi Dios y mi Todo
¿Quién eres Tú, mi dulce Señor y Dios? ¿ Y quién soy yo, tu pobre e indigno servidor?

¡Cuánto quisiera amarte, santísimo Señor mío! ¡Cuanto quisiera amarre, dulcísimo Señor mío! ¡Señor y Dios mío!

Te entrego todo mi ser y gustosamente te daría cualquier otra cosa si supiera qué más darte.

Padrenuestro, Ave María, Gloria

Conclusión
El Señor nos bendiga y nos guarde, nos muestr su rostro y tenga piedad de nosotros.
Vuelva a nosotros su rostro, y nos conceda la paz.
El Señor nos bendiga. Amén.

 

...

Escrito por Cecilia Jaurrieta

Maria Cecilia Jaurrieta esta casada y tiene cinco hijos y seis nietos. Profesó en al Orden Franciscana Seglar en 1986.
Es bioquímica y ha colaborado con distintos medios graficos y radiales franciscanos como NUEVA POMPEYA y EL MENSAJERO DE SAN ANTONIO. Ha publicado varios trabajos relacionados con la religiosidad popular en la Editorial San Pablo. Ha recibido capacitación en mediación comunitaria con la cual ha enriquecido los talleres de educación para la paz que anima desde 1998.

Franciscanos se movilizan junto al pueblo de Guatemala

Curso: Sectas y nuevos movimientos religiosos. 2