Nosotros también llevamos las llagas de San Francisco

Un par de años antes de su muerte Francisco se retiró al monte Alverna para meditar y ayunar. Allí, un día como hoy, el Señor lo llevó a la plena unión con Él, imprimiendo en el cuerpo de Francisco las llagas de la pasión.

 

Francisco pasó sus últimos dos años en este mundo sufriendo con su cuerpo ya cansado y ahora marcado en sus manos, pies y costado.

 

El hermano León nos ha transmitido aquello que Francisco repetía sin cesar en las horas previas a recibir el don de las llagas:

 

— ¿Quién eres tú, dulcísimo Dios mío? Y ¿quién soy yo, gusano vilísimo e inútil siervo tuyo?

 

¿Quiénes somos nosotros? Inútiles y viles siervos de Dios…

 

Nosotros también llevamos las llagas de Cristo.

 

Decía el Papa Francisco que las “llagas de la humanidad son también llagas de Cristo” (Carta al Grupo Santa Marta. Oct. 2015) y las llagas de Cristo son, a su vez, causadas por el pecado de la humanidad.

 

Nosotros también llevamos las llagas de Cristo. Son las llagas que han grabado en nuestro cuerpo y alma, nuestros pecados, nuestros miedos, nuestras envidias, nuestras traiciones. Esas llagas no son visibles, pero también sangran y requieren ser curadas.

...

 

Si miramos en nuestro corazón, si hacemos un rato de silencio y reflexionamos sobre nuestra vida, sobre nuestros anhelos, nuestros miedos… ¿cuántas llagas descubriremos?

 

Yo descubro muchas y me siento ante Dios un “vil gusano”, un “siervo inútil”.

 

¿Quién soy yo para intentar comprender Sus designios? ¿Quién para creer que puedo controlar mi vida?

 

Yo, como Francisco, también necesito alguien que me ayude a curar mis heridas, a limpiar mis llagas. ¿Quién es nuestra “Clara”?

 

¿Buscamos curar esas heridas o dejamos que nos desangren por dentro?

¿Buscamos ayuda o nos encerramos en la autocompasión?

 

Yo también, diré con San Pablo, “llevo en mi cuerpo las llagas de Cristo” (cf. Gal 6, 14-18). Yo también, como Francisco, llevo las llagas de Cristo, esas que mis egoísmos, mis miserias, mis pecados, han grabado en la carne del Señor y en mi propia carne.

 

Nos conceda el Buen Dios una “mano amiga” que nos ayude a limpiar nuestras heridas. Y, sobre todo, la humildad y santidad para llevar nuestras llagas hasta el fin de nuestros días, como lo hizo Francisco de Asís.

 

Paz y Bien!

 

Gabriel López Santamaría

 

Si quieres saber más sobre la impresión de las llagas, puedes consultar aquí.

Padre de dos hijos, pertenece a la Orden Franciscana Seglar. Es fundador de pazybien.es y de Católicos en Red.

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