Navidad Franciscana: El misterio de la Navidad en San Francisco

Via pazybien.org

1.- Importancia de la fiesta para San Francisco

greccio

  • “Con preferencia a las demás solemnidades, celebraba con inefable alegría la del nacimiento de Jesús; la llamaba fiesta de las fiestas…” (2C 199)
  • “Tenía a esta solemne fiesta de Navidad mayor reverencia que a otras fiestas…” (EP 114)
  • “Celebraba la fiesta de Navidad con mayor reverencia que cualquier otra fiesta..”( LP 14)
  • La importancia se ve en las recomendaciones de ayuno para prepararse a celebrar la fiesta: “Y todos los hermanos guarden, asimismo, el ayuno desde la fiesta de Todos los Santos hasta la Navidad…” (1Re 3,11)
  • “Y ayunen desde la fiesta de Todos los Santos hasta la Navidad del Señor…” (2Re 3,5)

Desde la teología del Vaticano II sabemos que es más importante litúrgicamente la fiesta de Pascua, pero hemos de entender que en la Edad Media había otro sentido litúrgico.

En su experiencia espiritual hay dos momentos que lleva siempre en su memoria: la humildad de la Encarnación y la entrega amorosa en su Pasión. El Jesús desvalido de Belén y el Cristo despojado de la Cruz. Son dos momentos del mismo misterio salvador que le conmueven.

2.- Greccio: memoria y contemplación

“Tenía tan presente en su memoria la humildad de la encarnación y la caridad de la pasión que difícilmente quería pensar en otra cosa (…) Deseo celebrar lamemoria del niño que nació en Belén y quierocontemplar de alguna manera con mis ojos lo que sufrió en su invalidez de niño” (1Ce,84)

Memoria

Tenemos como experiencia humana nuestra que hay momentos de la vida que permanecen en nuestra memoria y otros que relegamos al olvido. A veces decimos “no hay que vivir de recuerdos” cuando esto supone anclarnos en la nostalgia y cierta dimisión para afrontar el presente y el futuro. Pero hay recuerdos que no son ancla sino catapulta, me impulsan a vivir hacia delante. Alimentamos nuestra vida de recuerdos, imágenes que tenemos vivas en la memoria: personas, acontecimientos… si no fuera así seríamos personas sin identidad, desarraigadas. Sobre todo las relaciones afectivas se nutren de esos recuerdos que quedan fijados en la memoria iluminando el presente y el futuro: el día del encuentro con una persona, el nacimiento de un hijo, el día del comienzo del noviciado…

En la experiencia religiosa del pueblo de Israel hay un vivir del recuerdo liberador de Dios para con el pueblo esclavo en Egipto: “recuerda que fuiste esclavo en Egipto (Dt 15, 15), un recuerdo que ha de marcar su comportamiento posterior cuando se instalan en la tierra de promisión.

La experiencia cristiana se alimenta de un recuerdo: la vida, muerte y Resurrección de Jesús. Esta memoria cuando corre el riesgo de desvanecerse o tergiversarse, da lugar a los evangelios y esa memoria fijada, escrita es normativa, punto de referencia para las comunidades cristianas. La celebración de la fe es actualizar y hacer presente esa memoria (Eucaristía).

S. Francisco, después de su conversión vive de la memoria de Cristo pobre y crucificado, con dos momentos Belén y El Calvario. Aprendemos con Francisco que hacer memoria de Navidad es mucho más que un ejercicio anual de sentimentalismo adornando con musgo, guirnaldas y luces una situación más bien de desamparo; es una invitación a poner en el centro de nuestra vida a ese niño desvalido y dejar que nuestra vida quede afectada, iluminada, cuestionada por esa memoria. Como dice el teólogo J.B.Metz esa es una “memoria peligrosa”, porque cuestiona nuestros olvidos, nuestro vivir de espaldas a lo desvalido y los desvalidos de este mundo.

Contemplación

A) Francisco un hombre contemplativo

Cuando los relatos nos describen a Francisco queriendo contemplar en Greccio el nacimiento de Jesús, en ese deseo hay mucha más densidad de la que podamos pensar, es mucho más que hacer un Belén viviente. Hay sobre todo ganas de sumergirse en un misterio que le sobrepasa, que no le cabe en la cabeza ni siquiera en el corazón. Contemplar es más que pensar, reflexionar, es dejarse invadir por algo /alguien más grande que tú, dejar que eso afecte a todos los rincones de tu ser, que toque tus fibras más íntimas, que te sobrecoge. Supone un “descentramiento”, dejar de ser nosotros el centro, hacernos pequeños. Todo eso lo vemos en el relato de GRECCIO (1Ce 8487) Francisco pone distintos sentidos en juego:

  • Vista: “viendo que todas las cosas estaban dispuestas, las contempló y se alegró” (85)
  • Oído: “la selva resuena de voces, cantan los hermanos alabanzas y las rocas responden a los himnos de júbilo” (85) Es un canto cósmico que no todos son capaces de escuchar.
  • Gusto: “cuando le llamaba niño de Bethleeem o “Jesús”, se pasaba la lengua por los labios como si gustara y saboreara en su paladar la dulzura de esas palabras” (86)
B) Greccio-Belén: El desconcierto de la mirada

“Allí la simplicidad recibe honor, la pobreza es ensalzada, la humildad es valorada…” (1Ce 86)

En Greccio, como en Belén, se produce el desconcierto de la mirada: junto a Francisco aprendemos a mirar, comprender y sentir de otra manera. Acostumbrados a mirar lo que brilla, lo que destaca, se nos pide descubrir esa señal que está en la penumbra de lo pequeño y de lo escondido, en lo simple, lo pobre, lo humilde.

Se nos invita a vivir de ese estremecimiento: que nuestro corazón se haga vulnerable porque ante un niño sólo cabe el acercarse con ternura, no desde el poder ni la agresividad, desde la pobreza no desde la prepotencia. Para encontrarnos con el niño no hay otro camino que hacernos simples, sencillos, pequeños, como los personajes del relato del evangelio: María ( la que conservaba todo en su corazón( Lc 1,69)), José, los pastores, los magos.

...

Acercarnos al misterio de Belén dejando atrás nuestras prisas, nuestra superficialidad impaciente. Aceptar que nuestros criterios de eficacia y nuestras preocupaciones no nos dejan crecer en la confianza, en dejarnos vivificar por esa presencia misteriosa y silenciosa de Dios en nuestra vida.

3.- Misterio de gozo

  • “Lo que alegra tu corazón pone alas a tus pies” (Proverbio)
  • “Celebraba con inefable alegría el nacimiento del niño Dios” (2Ce 199)
  • “Rebosando de gozo prepararon según sus posibilidades…para iluminar aquella noche” (1Ce 84)
  • “Quería que en este día todo cristiano saltara de gozo en el Señor…”(EP 114)
  • “El varón de Dios estaba lleno de piedad ante el pesebre, con los ojos arrasados en lágrimas y el corazón inundado de gozo” (LM 10,7)
  • “Este es el día que hizo el Señor alegrémonos y gocemos en él” ( Ofp. 15)
A) Gozo que lleva a la generosidad

Gozo que surge de contemplar la Salvación de Dios, su presencia entre nosotros, su abajamiento, su humildad. La respuesta a este gozo sólo puede ser la generosidad, la gratuidad, el derroche.

“Que en ese día los ricos den de comer en abundancia a los pobre y hambrientos, y que los bueyes y asnos tengan más pienso…que todos los pudientes estén obligados a arrojar trigo por los caminos para que las avecillas especialmente las alondras, tengan en abundancia” (2Ce 199)

B) Gozo que lleva a la desmesura

Frente al la locura de un Dios que desciende, que deja su omnipotencia para hacerse niño desvalido sólo cabe como más coherente responder desde la desmesura.

“Una vez que se hablaba de no comer carne en Navidad por caer en Viernes, le rebatió al hermano Morico: hermano pecas al llamar día de Venus al día en que ha nacido el niño. Quiero añadió que en ese día hasta las paredes coman carne, y ya que no pueden que al menos sean untadas por fuera”(2Ce 199)

Esta actitud, más allá de si es estrictamente histórico o no, refleja una respuesta ante el misterio vivido y celebrado que rompe los esquemas legalistas; es la locura de la entrega del Dios “abajado”, que nos saca de nuestras casillas estrechas, legalistas, con la que pretendemos relacionarnos, y controlar, al Misterio (Dios) Es la actitud del Padre de la parábola que reencuentra al hijo perdido que contrasta con la del hermano que es incapaz de vivir el gozo del reencuentro.

C) Gozo que desafía nuestro vivir

Algunos datos sociológicos sobre la juventud y el número cada vez más creciente de las enfermedades asociadas a la depresión, les lleva a algunos a afirmar que estamos en una sociedad depresiva o del tedio.

En esta situación de “sociedad del tedio” el gozo de la Navidad es buscar alegría por acumulación: compras, comidas, regalos, prisas; en Francisco el camino no es el de la suma sino el de la resta; alegría que lleva al desprendimiento a la generosidad. Y ese es el camino de la alegría perfecta ( Ver Al)

Contemplando esta actitud gozosa con la que Francisco vive el Misterio de la Navidad, nos vienen algunas preguntas a nosotros: ¿Qué hemos hecho con el gozo de la Navidad?; esta alegría y desmesura nuestras ¿tienen que ver con la celebración del misterio de Salvación? Cuando decimos que son días tristes por el recuerdo de los que no están, humanamente comprensible, ¿qué ejercicio estamos haciendo de esperanza cristiana?

4.- Misterio que despierta y cura

“No carece esta visión de sentido puesto que el niño Jesús, sepultado en muchos corazones en el olvido, resucitó por su gracia… y su imagen quedó grabada en los corazones enamorados “ (1Ce 86)

“…El ejemplo de Francisco, contemplado por las gentes del mundo es como un despertador de los corazones dormidos en la fe de Cristo, y el heno del pesebre se convierte en medicina milagrosa” (LM 10,7)

A) Despertar lo dormido

Esta manera de celebrar el Misterio de la Navidad no deja a las personas intactas, actúa como un despertador de lo que está dormido, adormecido, en nuestra vida.

  • Nuestra capacidad de agradecer
  • Capacidad de admiración y asombro
  • Nuestro servir al hermano, especialmente al desvalido (pobre, enfermo, emi grante…)
  • Vivir desde la confianza
B) Curar lo herido

“Quiero contemplar de alguna manera con mis ojos lo que sufrió en su invalidez de niño” (1Ce 84)

En este ejercicio que hizo Francisco hay una invitación a acogernos en nuestra desvalidez, esas zonas de nuestra vida ensombrecidas, negadas: afectividad, límites físicospsíquicos, la fragilidad, el pecado. Dejar que Dios en esas zonas pueda ser Diosconnosotros.

En acoger mi propia desvalidez está aceptar lo desvalido del otro y el ser capaz de reconocer en los desvalidos de nuestro mundo, hermanos a los que hacerme cercano.

Desde aquí también nos vienen preguntas sobre nuestra manera de mirarnos y de mirar el mundo. Qué proceso vamos haciendo para curar las heridas que la vida nos produce, cómo retejemos las relaciones rotas o dañadas, cómo afrontamos el despojo de la enfermedad, del fracaso. Qué opinión nos merece los problemas de nuestro mundo, cómo nos interesamos por lo que ocurre un poco más allá de la puerta de nuestra casa.

Para reflexionar

  1. ¿Cuáles son los mayores enemigos de nuestra Navidad?¿Quiénes nos ayudan a vivirlo?
  2. ¿Qué recuerdos, imágenes alimentan mi experiencia de fe? Recuerda alguna celebración de Navidad que haya sido significativa para ti
  3. ¿Vivimos el gozo de la Navidad?
  4. ¿A qué debería despertar en mi vida si de verdad celebro el misterio de la Navidad?

por Angel Mariano Guzmán

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