Mons. Agrelo: “Declararia ilegales a los gobiernos que hacen ilegales a los hambrientos”.

10337699_653833748028038_5990441344004848280_nMonseñor Santiago Agrelo, ofm (La Coruña, 1942) es franciscano, Arzobispo de Tanger y un fiel exponente de lo que el Papa Francisco dice al hablar de “pastores con olor a oveja”. Su trabajo y defensa constante de los pobres e inmigrantes le han convertido en una de las voces proféticas de la Iglesia de nuestro tiempo.

  • En su experiencia, como pastor en “las periferias” de Europa ¿somos los católicos españoles consientes del drama de la inmigración?

Si no se convive con el drama, si es de los emigrantes y no es mío, no se puede ser conscientes de él. Se podrá hablar de inmigración, se podrá incluso hacer análisis y propuestas sobre ella, pero ni de lejos se tomará conciencia de lo que es la vida de un inmigrante. Para adquirir esa conciencia, es más importante sentir que razonar. Espero que, entre los católicos españoles, los que sufren por la suerte del emigrante y se solidarizan con él, sean más numerosos que los que se limitan a analizar el fenómeno de la inmigración.

  • A raíz de las noticias recientes, por ejemplo la nochevieja en Colonia, vuelve a surgir el sentimiento de temor y rechazo ante los “refugiados” ¿debemos acoger a todos? ¿debemos tomar recaudos? 

La pregunta supone que hay unos hechos constatados, y lo que hemos tenido han sido sólo informaciones sospechosamente interesadas en señalar como culpables a un grupo de personas con determinadas características físicas y religiosas. He dicho ‘señalar’, por no decir ‘criminalizar’. La presunta ‘información’ consiguió de inmediato que algunos políticos europeos anunciasen medidas restrictivas con relación, no a los violadores, fuesen ellos alemanes, europeos o extracomunitarios, sino exclusivamente con relación ¡a los emigrantes! La impresión que me dejó todo ese asunto es la de que evitar un comportamiento criminal contra la mujer interesaba menos que suscitar recelo –temor-, puede que odio –rechazo-, contra los emigrantes.

¿Debemos acoger a todos los emigrantes? Formulada así la pregunta, yo no tengo respuesta para ella. Pero creo que cualquiera dará una respuesta creíble si preguntamos: ¿Debemos acoger a los desplazados por la violencia de las muchas guerras que se están combatiendo en el mundo? ¿Debemos acoger a los desplazados por la violencia del hambre? ¿Debemos acoger a los desplazados por la represión política o por la intolerancia religiosa? ¿Debemos acoger a los que son víctimas de nuestro bienestar, de nuestros intereses económicos, de nuestra supremacía tecnológica? ¿Debemos acoger a los que hemos empobrecido para enriquecernos? Puede que formuladas así las preguntas, ese debemos con que todas empiezan, pase de ser un imperativo político o legal a ser un imperativo moral. Y si en los desplazados alcanzamos a ver a hijos de Dios y hermanos nuestros, entonces aquel debemos se nos volverá imperativo de fe, y llevar a los pobres una buena noticia será sencillamente misión que Dios nos confía.

  • ¿Qué espera del Jubileo de la Misericordia?

Que contribuya a poner el amor en el centro de la moral, un lugar que siempre se le reservó teóricamente, y que de muchísimas maneras se había ignorado en la práctica. La Iglesia se ha manifestado durante demasiado tiempo sobrada de preocupaciones ideológicas y avara de misericordia. Espero que en el rostro compasivo de la Iglesia todos encuentren una imagen viva del rostro de Cristo.

La Iglesia se ha manifestado durante demasiado tiempo sobrada de preocupaciones ideológicas y avara de misericordia.

  • ¿Cuál cree que es el mayor aporte del Papa Francisco a la Iglesia de hoy? 

Está acercando el evangelio a la gente sencilla. Los sencillos lo entienden, lo buscan, gozan con él. Se está produciendo, eso creo, un acercamiento vital al evangelio, a Cristo Jesús, al Espíritu de Cristo, al Padre del cielo, un acercamiento real a los pobres a quienes Jesús fue enviado, y a la pobreza que Jesús vivió.

  • ¿Qué opina de aquellos que, sistemáticamente, critican todo lo que hace el Papa y se erigen como “custodios” de la tradición católica?

En esta materia, a cada uno tocará hacer discernimiento sobre la propia vida. Personalmente, no quisiera encontrarme en los paños de quienes, en nombre de la ley, de la ortodoxia, de la sana doctrina, de la tradición de los padres, se cerraron a sí mismos el camino de Jesús, rechazaron al que los amaba, y se confabularon para matarlo. Es un destino tristísimo que muy fácilmente puede ser también el nuestro.

  • ¿Qué necesidades tiene su diócesis? ¿En qué podemos ayudar desde fuera? 

La mejor ayuda que podemos recibir quienes nos afanamos por devolver una serena normalidad a la vida de los pobres, es la que dan quienes en cualquier lugar de la tierra trabajan por la justicia. Hemos creado un mundo de legalidad injusta, de inequidad programada, a veces de legalidad criminal.

Digo con razón que ‘lo hemos creado’, pues ese mundo es hijo de nuestras leyes, de nuestras palabras, de nuestra voluntad.

Una ayuda inestimable para nosotros es cada persona que toma conciencia del sufrimiento de los emigrantes, cada hombre, cada mujer, que se descubren hermanos de todos los hombres y mujeres del mundo.

Una ayuda necesaria es la de la oración de la fe: porque la prepotencia de la injusticia, la violencia que sufren los pobres, la impotencia de quienes nos acercamos a ellos, amenazan también nuestra esperanza. Alguien nos tiene que sostener.

El resto de la ayuda lo pone la generosidad de los pobres, que siempre encuentran forma de compartir con sus hermanos lo que tienen.

  • En esa línea, personalmente, nunca he creído que la pobreza se resuelva con “asistencialismo”, en sus palabras, con los “desechos de nuestra riqueza”. En su experiencia ¿cuál es la mejor forma de ayudar a estos hermanos?

Creo que la pregunta quedó respondida en la anterior. Puede que no sea tan fácil distinguir entre diócesis y pobres. Al menos, a mí me resulta difícil entender necesidades de la diócesis que no sean las necesidades de los pobres.

me resulta difícil entender necesidades de la diócesis que no sean las necesidades de los pobres

  • ¿Hace la Iglesia española todo lo necesario para atender y resolver estos problemas?

Si me preguntases por la Iglesia de Tánger, la respuesta sería no. Si hiciésemos lo necesario, sólo nos faltaría lo suficiente para resolver los problemas, ¡y nos falta mucho más!

Nos hace falta –nos es necesario- un proceso de conversión a Cristo y a los pobres: poner a Cristo y a los pobres en el centro de nuestra espiritualidad, de nuestra teología, de nuestras predicaciones, de nuestras preocupaciones, de nuestra vida.

Nos es necesario desposeernos de nosotros mismos, optar por la pobreza de Cristo, por la compasión de Cristo, por la entrega de Cristo, por la cruz de Cristo.

Como comprenderás, en este camino, a todos nos queda mucho por recorrer.

  • ¿Qué podemos hacer, como franciscanos seglares de España (y del resto del mundo), para colaborar con su misión en Tánger?

Sed misioneros ahí, y lo seréis en todo el mundo. Amad a los pobres ahí, y de alguna manera se beneficiarán todos los pobres del mundo. Comprometeos con la justicia ahí, y gozarán de ella quienes más la necesitan. Secad lágrimas ahí, y sentiremos el consuelo aquí.

Uno de los misterios más entrañables de nuestra fe es el de la comunión de los santos: el bien que hagáis ahí redundará en beneficio de los que trabajamos aquí.

A esa colaboración, llegado el momento, es decir, ante una necesidad concreta, se podrá añadir la ayuda personal o la prestación económica.

  • Por ultimo, si tuviese el poder de cambiar las leyes ¿Cuál sería la primera que cambiaría?

1890986_274049156090824_97250862_nNo conozco ningún Código de leyes de los Estados –sólo he estudiado, y con poco aprovechamiento, el Código de Derecho Canónico-, así que no hablaré de leyes, pero sí de legalidad.

Si estuviese en mi mano, declararía ilegal el hambre, la guerra, la explotación laboral, la muerte provocada.

Declararía ilegales a los Gobiernos que hacen ilegales, irregulares o clandestinos a los hambrientos, a las víctimas de toda suerte de violencia.

Declararía abusivas las fronteras que cierran a los pobres los caminos hacia una vida mejor. Y denunciaría con todas mis fuerzas la indiferencia de una sociedad que permite a los Gobiernos perseguir a los pobres con total impunidad.

¡Como si a nadie hubiésemos de dar cuenta de lo que hacemos!

Tanger, 19 de enero de 2016.

Gabriel López Santamaría para pazybien.es y revista Fraternidad.

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