La Iglesia de Mexico califica de “traidores a la patria” a los que ayuden a construir el muro de Trump.

Así de categorico es el editorial de la revista Desde la Fe, de la Archidiócesis de Mexico. 

Aquí el texto completo:

Mientras los meses transcurren, las políticas migratorias de Donald Trump se enfrentan a la realidad. Fue fácil la demagogia en campaña, pero las acciones, en la práctica, se tornan difíciles ante la notable oposición de la sociedad civil, iglesias y activistas, quienes se enfrentan a un gobierno errático cuyas promesas no son de sencilla consolidación.

Trump asignó un presupuesto de dos mil millones de dólares para la construcción del muro, el cual debe reunir características sólidas de infraestructura y de suave estética para esconder, bajo la pintura y las luces, el odio, la mutilación y la división.

Lo lamentable es que, de este lado de la frontera, haya mexicanos listos para colaborar con un proyecto fanático que aniquila la buena relación en el concierto de dos naciones que comparten una frontera común.

En días recientes, algunas empresas de capital mexicano alzaron la mano para participar en las licitaciones, y ofrecer técnica y pericia para encargarse de aspectos específicos en la construcción del muro de la ignominia, proporcionando cemento, materiales, luminarias y pintura; bajo el argumento bondadoso de ser compañías generadoras de empleos, estas empresas buscan obtener ganancias, sin importar las consecuencias, y consolidar su presencia en el ramo que explotan. No se trata de dos o tres, sino de más de 500 empresas las que buscan obtener buenas tajadas económicas. Para ellas, el fin justifica los medios.

Sin embargo, lo que más sorprende es la tibieza de las autoridades económicas del gobierno mexicano, las cuales no han mostrado firmeza contra estos empresarios.

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Algunos han señalado que los Estados Unidos tienen el inalienable derecho de construir el muro y hacer lo que les venga en gana, aunque se atente contra la dignidad de las personas. Son esos mismos miopes los que no alcanzan a ver que el muro es una franca amenaza que vulnera las relaciones y la paz social.

Recordemos que, en nombre de la ideología, naciones y continentes enteros quedaron divididos, sumiendo a miles en la incertidumbre. La única voz imperante fue la de las armas, los balazos, la represión y el asesinato legal para todo aquel que se atreviera a cruzar una frontera en busca de libertad.

La inversión de las empresas mexicanas en el muro terminará por nutrir todas esas formas de discriminación que a lo largo de la historia han sometido a millones de seres humanos. Prácticamente, unirse a un proyecto que es una grave afrenta a la dignidad, es darse un balazo en el pie.

Toda deportación, cuando no existe delito comprobado y falta administrativa justificada conforme a derecho, es muestra de terror, y el muro es un monumento de intimidación y silencio, de odio xenófobo para acallar las voces de trabajadores mal pagados y maltratados, de familias desprotegidas y de personas violentadas; es un retroceso de los anhelos más nobles de la humanidad, por los cuales se ha derramado mucha sangre; es preludio de la destrucción de los valores de la democracia y de los derechos sociales.

El muro representa el predominio de un país que se considera bueno con el destino manifiesto para apabullar a una nacionalidad que ha considerado pervertida y corrupta: la mexicana.

El Papa Francisco apela a forjar la paz entre las naciones. En febrero de 2017, durante una catequesis semanal, señaló: “En el contexto social y en el civil, apelo a no crear muros, sino a construir puentes. No respondan a la maldad con maldad. Derroten a la maldad con el bien, a la ofensa con el perdón”.

Cualquier empresa con intenciones de inversión en el muro del fanático Trump sería inmoral, pero sobre todo, sus accionistas y dueños deberían ser considerados como traidores a la patria.

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