«La caridad debe incluir justicia porque si no, es otra cosa»

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3-2-20150527_105023La imagen de los tres últimos pontífices preside su despacho, en el que todavía no ha empezado a amontonar papeles. No le ha dado tiempo. Hace apenas unas semanas que este burgalés de pura cepa, nacido en el 68 en el barrio de Santa Águeda, accedía a su nuevo cargo como delegado episcopal de Cáritas, tarea que añade a sus labores de párroco en Santa María de las Nieves, en la barriada Illera, y profesor de Moral de la Iglesia y de Doctrina Social en la Facultad de Teología. A sus 47 años suma ya 21 como sacerdote ‘pegado’ a lo social. Su curriculum lo evidencia.

Se estrenó como cura en Aranda al tiempo que coordinaba la delegación de Pastoral Obrera. De la Ribera se marchó a Roma, a formarse en Ciencias Sociales y Doctrina Social de la Iglesia. Al regresar le destinaron a la comarca del Arlanza, en la que ha permanecido 14 años, 11 de ellos al frente además del departamento de Formación Sociopolítica de la Diócesis. Su relación con Cáritas, que ahora se estrecha, no es nueva. Colabora en la revista nacional de la organización, Corintios XIII, y participa en su escuela de verano.

Afronta su nueva tarea «con mucha ilusión y muchas ganas», como un reto personal. Asegura que «es una gran suerte, como sacerdote y como creyente» trabajar en Cáritas, no solo por «la gran familia que forman sus trabajadores y voluntarios», si no por que la organización significa: «Es el núcleo de nuestra acción eclesial, que es estar cerca de los excluidos y empobrecidos».

Pregunta.-Algo más, por tanto, que el brazo asistencial de la Iglesia…

Respuesta.-Tiene una parte de asistencial pero no se reduce a eso, ni mucho menos porque el verdadero objetivo no es atender la necesidad, que también, si no socavar las causas que provocan esas situaciones. Porque la dimensión fundamental de Cáritas es la que la caridad tiene de promoción personal y política.

P.-¿Entendemos mal la caridad?

R.-Hay un error de concepto en este sentido. La caridad incluye justicia porque si no, no es caridad, es otra cosa. Esto suele obviarse y por eso tiene mala prensa. Parece que se da por caridad lo que en justicia se debe cuando en realidad la justicia es la caridad mínima, el punto de partida. Es cierto que en ocasiones la propia Iglesia ha propiciado expresiones erróneas de caridad y a ellas se han dirigido las críticas. No obstante, creo que esas formas equivocadas hoy están superadas.

P.-¿Prevé introducir algún cambio en Cáritas Burgos?

R.-Todavía es pronto para eso. Ahora estoy conociendo a fondo a los trabajadores, empapándome de los programas y de la acciones. Sí tengo en cuenta, sin embargo, que hay temas pendientes. Tendremos que profundizar en dinamizar la caridad en la comunidad para que esta sea la protagonista y también en la importancia del voluntariado joven. Además, veo fundamental trabajar para que como organización nos sintamos una familia. Estas serían, de entrada, mis prioridades, porque creo que son las tareas propias del delegado. Pero insisto, es pronto aún para concretar, y más para mí, que vengo de fuera de esta casa.

P.-Llega además tras un momento de incertidumbre después de la salida de Óscar Moriana y el regreso temporal de Andrés Picón…

R.-Es cierto que en la casa había necesidad de estabilidad pero también creo que estos cambios se han vivido como un proceso más, una etapa normal en cualquier organización. Porque la vida es así, tiene periodos más hermosos y otros más difíciles. Todos nos ayudan a crecer.

P.-Insiste en que viene de fuera de la casa, ¿se ha llevado alguna sorpresa al conocer su funcionamiento con más detalle?

R.-La gran sorpresa es la magnitud de lo que Cáritas tiene entre manos. Es lo primero que te fascina, ese volumen de programas y de personas a las que llega… Aún no alcanzas a ponerles rostro porque no ha dado tiempo pero sabes que los números que ves corresponden a situaciones personales de sufrimiento y que nuestra labor es precisamente estar a su lado, porque lo que nos importa son las personas.

P.-¿Da vértigo esa reflexión?

R.-En ese sentido, sí. Es que la imagen que se ve desde fuera de la labor de Cáritas es parcial, se suele asociar más a determinadas labores muy concretas, como el trabajo con personas sin hogar, pero eso, siendo importante, es solo una pequeña parte.

P.-Otra idea muy extendida ‘fuera’ es que nada tiene que ver la labor de Cáritas con la iglesia más institucional, jerárquica o litúrgica. ¿Existe tal fractura?

R.-La Iglesia es como un poliedro, tiene diferentes caras y una de ellas es precisamente la de la caridad, que no está separada del resto: liturgia y evangelización. Todas se complementan y solo visto el poliedro en su conjunto visibilizamos lo que verdaderamente es la Iglesia. Si nos quedamos solo con la acción social, y omitimos la celebración, la oración, la liturgia o la espiritualidad, no tiene sentido. Y si solo vemos la liturgia pero no cómo esta va más allá en la acción caritativa también sería una imagen deforme. Lo mismo si nos quedamos con la labor de anuncio del evangelio y no contemplamos que su mensaje se hace visible en las obras y en la celebración, también estaría cojo. Lo que permite una visión completa de la iglesia es unir estas tres vertientes.

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P.-¿Francisco ha supuesto un verdadero cambio o es que, sencillamente, habla en ‘cristiano’?

R.-No dice nada nuevo, porque poco hay que decir nuevo, pero sí lo hace de otra forma y esa es la novedad, lo que llama la atención. Si tengo que destacar algo de su magisterio es que está dando la importancia que debe a la radicalidad que tiene que tener la cercanía a los pobres en la acción eclesial. Nos lo recuerda pero no porque se nos haya olvidado, si no porque está en la esencia del evangelio y a veces las ocupaciones diarias nos pueden despistar de lo importante.

P.-Las formas son importantes…

R.-Fundamentales y en este sentido los gestos del papa Francisco no son de cara a la galería o por ganar ‘clientela’ como una empresa, si no que salen del corazón. Los símbolos nunca han faltado en la Iglesia, Cáritas es de hecho una expresión concreta de ellos. Pero es cierto que en estos tiempos la Iglesia debe hacerse creíble por esta vía y para ello los símbolos deben multiplicarse.

P.-Hablando de credibilidad, hablemos de política. Los recientes cambios y las exigencias de cambio de los ciudadanos, ¿obligan a la Iglesia a posicionarse?

R.-La labor de Cáritas en este ámbito es recordar cual es la finalidad de la política, que no es otra que el bien común: no el bien de la mayoría, ni el interés general, ni el bien de unos pocos. El bien común incluye el bien de todos y cada uno. Dicho esto, Cáritas está constatando que estamos creando una sociedad de descartados, una sociedad donde la gente no se queda a los lados del camino, si no fuera del mismo. Debemos decir que algo estamos haciendo mal y que la política no cumple su labor, como tampoco lo hace la economía. El mensaje del papa Francisco, como lo hizo también el mensaje de Benedicto XVI, habla de la necesidad de descubrir la verdad de las cosas. Y la verdad de la economía y de la política conllevan el servicio a todos y el bien común. Si no lo hacen hay que reorientarlas. La petición va un poco en esta línea y estamos en una etapa muy interesante. Ojalá los que están al mando sepan leerla y tener la garra suficiente para llevar bien este buque, porque es en beneficio de todos.

P.-¿Qué le diría al presidente del Gobierno o a cualquiera de sus ministros, empeñados en vender la recuperación?

R.-Yo les invitaría darse un baño de realidad para ser conscientes de que la situación es preocupante y de que ellos tienen una gran responsabilidad. Estoy convencido de que las acciones políticas dirigidas en un sentido o en otro son capaces de armonizar la sociedad o de fracturarla, según las medidas que se tomen. Les diría que pasen por Cáritas y vean, que hablen con las personas. Seguramente después actuarían de una manera muy distinta porque es muy diferente gobernar desde un despacho que hacerlo desde la realidad. Dentro de la Iglesia ya nos lo ha recordado la Teología de la Liberación y otros movimientos.

P.-Como profesor y experto en la materia, ¿de moral cómo andamos?

R.-La moral social precisamente analiza el actuar político y económico y desde esta óptica lo que se constata es que vivimos en una ideología neoliberal que está derivando en la idolatría del dinero, en la exclusión y en un fuerte individualismo. Tenemos que ser capaces de recuperar esa dimensión de pertenencia a la sociedad y de participación en ella, siempre desde la clave del don de la que nos hablaba Benedicto XVI.

P.-Pero más allá de las exigencias a los políticos, ¿esta es una asignatura pendiente que tenemos todos como personas?

R.-Sí, es un aspecto cultural. La Doctrina Social de la Iglesia insiste en que el clima condiciona las acciones personales. La cultura que hacemos entre todos es lo que tenemos que recrear y cuando se nos invita a hacer una cultura de la solidaridad o una globalización de la participación es en esta clave. Debemos convencernos de que estamos en una casa común en la que todos tenemos derechos y deberes, todos tenemos una tarea.

P.-¿Es fácil entrar en Cáritas y mantener el optimismo?

R.-En Cáritas tenemos la ventaja de que las motivaciones por las que trabajamos y los objetivos por los que luchamos no se fundamentan en nuestras propias fortalezas si no que en última instancia vienen de Dios. Creemos que Jesucristo está en este mundo y en medio de la cruz, donde también se hace presente la resurrección. Trabajamos por los tanto con unas armas que nos cargan de esperanza. Es verdad que visto desde el punto de vista estrictamente humano puede desalentar. Hay casos tan dramáticos que te rompen el corazón pero si eso lo fortalecemos desde la esperanza que nos da la motivación del amor y la esperanza del reino, es una ventaja.

P.-Y además de tener esa ventaja, ¿contáis con medios suficientes para trabajar o reivindicarlos también está en la agenda?

R.-La colaboración con Diputación, Junta y Ayuntamiento es buena, hay varios convenios en vigor y el diálogo es fluido. No obstante es cierto que hay que exigir a cada uno lo suyo y nosotros debemos reclamar siempre a las instituciones públicas que cumplan su deber. Y los derechos han de ser cubiertos y garantizados por ellas, es su misión. Cáritas no tiene que solucionar toda la pobreza, ni siquiera lo hizo Jesús, pero sí tenemos que recordar a la sociedad y a las instituciones cuál es su responsabilidad.

Via El Correo

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