Jugando a las escondidas con el Evangelio.

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Los sobreentendidos que nos encadenan

Si hay algo que nos queda claro de Francisco de Asís-entre otras cosas- es que trató de vivir el evangelio “a la letra y sin glosa” con absoluta sencillez. Comenta Benedicto XVI el día 27 de enero de 2010 durante la Audiencia General:

 

“La verdad es que san Francisco tuvo realmente una relación muy inmediata con Jesús y con la Palabra de Dios, que quería seguir sine glossa, tal como es, en toda su radicalidad y verdad. También es verdad que inicialmente no tenía la intención de crear una Orden con las formas canónicas necesarias, sino que, simplemente, con la Palabra de Dios y la presencia del Señor, quería renovar el pueblo de Dios, convocarlo de nuevo a escuchar la Palabra y a obedecer a Cristo.”

Es así que las cuatro ramas “principales” del árbol franciscano consignan en el comienzo de sus Reglas que la forma de vida es vivir el Evangelio.

Para los frailes: “La regla y vida de los Hermanos Menores es esta, a saber, guardar el santo Evangelio de Nuestro Señor Jesucristo, viviendo en obediencia, sin propio y en castidad”.

Para las clarisas: “La forma de vida de la Orden de las Hermanas Pobres, forma que el bienaventurado Francisco instituyó, es ésta: guardar el santo Evangelio de nuestro Señor Jesucristo, viviendo en obediencia, sin propio y en castidad”

 Para la Tercera Orden Regular: “La forma de vida de los hermanos y hermanas de la Tercera Orden Regular de san Francisco es ´ésta: observar el santo Evangelio de nuestro señor Jesucristo, viviendo en obediencia, en pobreza y en castidad”

 Para la Orden Franciscana Seglar: “La Regla y la vida de los Franciscanos seglares es ésta: guardar el santo Evangelio de nuestro Señor Jesucristo siguiendo el ejemplo de San Francisco de Asís, que hizo de Cristo el inspirador y centro de su vida con Dios y con los hombres” para rematar con “Los Franciscanos seglares dedíquense asiduamente a la lectura del Evangelio, pasando del Evangelio a la vida y de la vida al Evangelio”.

Se sobreentiende que no hay más Regla que vivir que el Evangelio, nada superior a las enseñanzas del Maestro.

No hay nada peor que dar algo por sobreentendido

 ¿Cómo vivir lo que no se conoce?

A los seglares se nos ha explicitado aún más cómo es eso de vivir en Evangelio. Sin embargo parecería que jugamos a las escondidas con este pequeño libro.

En primer término deberíamos tener, como san Francisco, a Jesús como inspirador de todas nuestras acciones. Eso quiere decir que deberíamos tratar de pensar cómo actuaría Jesús en cada circunstancia de nuestra vida, cuáles serían sus sentimientos, cuáles sus opciones, cuales sus decisiones, cuáles sus pensamientos. Y para vivir de esta manera no hay otra forma que la de leer asiduamente el evangelio, masticarlo, hasta que como cualquier alimento se incorpore a todo nuestro ser. Es una vieja catequesis olvidada pero siempre actual. Es la que orienta el sentido común de los fieles hacia sus verdaderos pastores, y hermanos. Es ese aroma de Jesús que atrae a los que tienen ese olfato para distinguirlo.

Pasar de la vida al evangelio significa confrontar lo que sucede en nuestra vida y la de nuestros hermanos descubriendo cuando hay valores cristianos para maravillarnos y cuando no los hay para introducirlos. Y esto último no solitariamente a la manera de un superman o superwoman religiosos sino con la fuerza, la tenacidad, la perseverancia, la ayuda de una orden. No por nada Jesús nos envió de dos en dos…

Desconozco cómo se dedican las otras órdenes a poner en práctica esta parte de la regla.

Solamente puedo dar testimonio de que la meditación del Evangelio “a la letra y sin glosa” sucede solamente como excepción en nuestras reuniones: nadie se va con una frase, una parábola, un gesto a su casa, a su vida cotidiana.

¿Cómo no entender que muchos se quejan de que las reuniones no solo no los enriquecen sino que los empobrecen?

¿Cómo no entender que van a buscar a otros movimientos lo que no se da en casa, y que por eso mismo no son comprendidos? Muchas veces deben esconder esas adhesiones para no ser “reprendidos”.

Cuando en una comida falta el pan, todos nos quedamos con hambre por más que se haya servido el más suculento de los menúes… Y el pan de la Palabra, cuando se  propone, es como un relleno, como un momentito nomas, cuando debería ser lo sustantivo.

Aunque en los diversos servicios formativos se han presentado distintas formas de meditar el evangelio en realidad todo ha quedado en letra muerta: y eso que es nuestra forma de vida. No hay nada que supere esta obligación. Y sin embargo no basta conque quede en un cd o en una página web… Hace falta que los equipos de formación machaquen y machaquen sobre el tema. Enseñamos con los gestos, y esa enseñanza es el 95 % de nuestra catequesis.

Pasar de la vida al evangelio y del evangelio a la vida significa darle el protagonismo a Jesús, no a sus seguidores, intermediarios… Nosotros, si de verdad nos hubiéramos encontrado con Jesús estaríamos todo el tiempo masticando su palabra como María… Eso nos llevaría a ser luego como Marta…

El activismo sin la contemplación, sin el evangelio, pronto cae. Y eso se ve, lamentablemente en las Órdenes.

Es posible que se arguya que con la lectura diaria del evangelio, hoy facilitada inclusive por los medios digitales ya se ha cumplido con la norma. Sin embargo en la reunión, nos enriquecemos con los distintos aportes, podemos orar con el evangelio y hasta comprometernos a una acción para llevar a la vida. Y a su vez es algo pedagógico para los que se inician en el camino franciscano. Si un recién incorporado observa que hay un tiempo para el evangelio entonces buscará “su tiempo” diario para encontrarse con su palabra.

¿Por qué huimos del evangelio?

Tengo la sensación de que este desencuentro con el evangelio es diabólico. Los que no creen en el demonio, encontraran otrs explicaciones, si las hay.

Las palabras de Jesús siempre nos interpelan, nos confrontan con nuestras fragilidades pero también nos revelan a ese dulce Maestro dispuesto a acompañarnos en la misión a la que nos envía.

No hay una sola vez que alguien cite un versículo evangélico por el cual hay que jugarse, para que otro no salga con el predecible comentario. “¡Pero eso es muy difícil!” O que justificando su mediocridad, acepte que “hace lo que hace el mundo porque si no alguno lo hará”. Todavía se escucha de viejos profesos “No estamos preparados para la misión”   ¡Qué lejos estamos de querer encender una luz por pequeña que sea!

En nuestras reuniones parecería que engordamos nuestro conformismo, en vez de animarnos a evangelizar.

Cuando uno hace del Evangelio su pan cotidiano entonces

–       se vive y se desvive por “hacer el bien” a todos

–       se es sencillo y sin vueltas

–       se vive en la confianza en la Providencia que alimenta a los lirios del campo y a las aves del cielo

–       se cumple con la palabra empeñada

–       se acompaña a todos, especialmente a los más débiles

–       se “amontonan” tesoros en el cielo por medio del compartir el fruto del trabajo con los demás

–       todo se vive como una gracia, aún las desgracias

–       uno se da cuenta que el servicio y el trabajo dan un poder mayor que el de cualquier político de la tierra

–       se practica la hermandad con todos

Hace un tiempo, concurría a un hogar de jóvenes adictos como voluntaria. Se intentaba tener un momento de espiritualidad. Puedo asegurar que las reflexiones más llenas de sentido, más portadoras de luz, fueron aquellas en que se   leyó algún párrafo del Evangelio absolutamente desnudo. Se cumplía aquello que dicen los especialistas. La Palabra de Dios tiene poder intrínseco, es decir, lleva su poder en sí misma. Esto es porque es como el aliento de Dios, y cuando sale es del mismo corazón de Dios. 

La Iglesia se renueva por la obediencia a la palabra de Dios

La crisis vocacional es común a toda la familia franciscana. Sin embargo una renovación que se propusiera vivir el evangelio solo y nada más que el evangelio, traería bien pronto frutos.

Uno se pregunta cómo la pastoral en las villas de emergencia de la ciudad de Buenos Aires ya cuenta con promesas de vocaciones que se alojan en la casa sacerdotal san Juan Bosco, en la villa 31. ¿Cómo la inseguridad, la precariedad, la pobreza, pueden generar que espíritus jóvenes quieran seguir trabajando en la viña del Señor?

Hay una receta infalible para que aparezcan esas vocaciones… la misión. Con excepción de las hermanas pobres, la mayor tentación es a cuidar la estructura. Y para los miembros de la Orden Franciscana seglar todavía es más perentoria la urgencia. De la misión depende la correcta identificación del carisma franciscano en el mundo. Cuando algún vocacionable aparece y se desalienta su participación en la misión, entonces si que estamos mal. La estructura es un medio para la misión… esta al servicio de la evangelización. Actualmente salvo contadas excepciones, uno comprueba con inmenso dolor que no hay presencia en las parroquias, no hay colaboración con las instituciones caritativas, que toda la energía se desaprovecha en reuniones y más reuniones… en donde el evangelio se da por sobreentendido…. 

¿Qué encontraríamos si encarnáramos el evangelio?    

Nuestra vida y aliento debe ser el Evangelio. Sin embargo la clave del evangelio es la misericordia*

Aquellos seguidores de Jesús que haya practicado la misericordia en vida ya habrán entrado en el Reinado de Dios y continuarán en ese estado de bienaventuranza en la eternidad. Con la novedad de que serán incluidos los que sin conocer a Cristo hayan practicado la solidaridad con los débiles, los pobres, los excluidos.

La práctica de la misericordia será la moneda con que ambos- creyentes y no creyentes “comprarán la entrada” de ese Reino. Ambos grupos serán los “benditos del Padre” e ingresarán al Reino “preparado desde la creación del mundo”. (Mateo 25,34)

Jesús fue un maestro que hablaba con autoridad: “Cuando Jesús terminó su discurso, la multitud estaba asombrada de su enseñanza; porque les enseñaba con autoridad, no como sus letrados” (Mateo 7,28-29)

Asimismo les enseñó a sus seguidores cuáles deberían ser los signos con los que podrían diferenciar a los buenos maestros de los “malos” : “Cuídense de los falsos profetas que se acercan disfrazados de ovejas y por dentro son lobos rapaces. Por sus frutos los reconocerán” (Mateo 7,15-16). Y más lapidario aún nos da la clave con que actuar cuando somos escandalizados por aquellos que no practican lo que viven: “En la cátedra de Moisés se han sentado los letrados y los fariseos. Ustedes hagan y cumplan lo que ellos dicen, pero no los imiten; porque dicen y no hacen” (Mateo 23,2-3)

Jesús no exige de sus seguidores lo que no haya cumplido él mismo. Es la integridad personificada.

Al exigir el cumplimiento de la misericordia, comprobamos en numerosas oportunidades que Él, siguiendo la tradición de muchos grandes profetas del Antiguo Testamento se ha adelantado a cumplirla. Por eso nos invita a realizar los mismos milagros que él realizó, compartiendo su poder con nosotros.

Sin embargo, todos los que pertenecemos a la Iglesia por el bautismo, estamos incluidos en el grupo de los que decimos: “Señor, Señor”. Deberíamos cuidarnos de que nuestro incumplimiento del mandamiento del amor concreto expresado en obras, no lleve a ese Señor a decirnos en el Juicio: “NO TE CONOZCO”. (Mateo 7, 21-23)

Maria Cecilia Jaurrieta ofs

 

 

*La misericordia clave del Evangelio, cardenal Kaspers

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Escrito por Cecilia Jaurrieta

Maria Cecilia Jaurrieta esta casada y tiene cinco hijos y seis nietos. Profesó en al Orden Franciscana Seglar en 1986.
Es bioquímica y ha colaborado con distintos medios graficos y radiales franciscanos como NUEVA POMPEYA y EL MENSAJERO DE SAN ANTONIO. Ha publicado varios trabajos relacionados con la religiosidad popular en la Editorial San Pablo. Ha recibido capacitación en mediación comunitaria con la cual ha enriquecido los talleres de educación para la paz que anima desde 1998.

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