Francisco en Colombia: “disipar las tinieblas de la venganza y de la falta de respeto por la vida”

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La misa en el Parque Simón Bolívar de Bogotá: Francisco cita a todos los que están comprometidos para favorecer el proceso de paz, que navegan «mar adentro», como hizo Pedro

Una lluvia insistente llenó abundantemente el Parque Simón Bolívar, en donde el Papa celebró su primera Misa colombiana, en el mismo lugar en donde celebró hace 31 años san Juan Pablo II y en donde lo estaban esperando más de un millón de fieles. Es la misa votiva por la paz y la justicia, que corona la primera densa jornada bogotana de este viaje. Una jornada en la que la paz y la reconciliación fueron protagonistas. Como sucedió ayer y se repitió hoy por la mañana, muchísimas personas salieron a las calles para saludar a Francisco mientras pasaba: la acogida ha sido calurosa y extraordinaria.

 

Después de haber recorrido diferentes sectores del parque a bordo del papamóvil, Bergoglio, cerca de la sacristía, fue recibido por un grupo de discapacitados. Después comenzó la liturgia. En la homilía, el Papa comentó el pasaje evangélico en el que se narra que Jesús predica en el Mar de Galilea: «todos vienen a escucharlo —dijo Francisco—, la Palabra de Jesús tiene algo especial que no deja indiferente a nadie; su Palabra tiene poder para convertir corazones, cambiar planes y proyectos. Es una Palabra probada en la acción, no es una conclusión de escritorio, de acuerdos fríos y alejados del dolor de la gente, por eso es una Palabra que sirve tanto para la seguridad de la orilla como para la fragilidad del mar».

 

Bergoglio después sugirió una semejanza: «Esta querida ciudad, Bogotá, y este hermoso País, Colombia, tienen mucho de estos escenarios humanos presentados por el Evangelio. Aquí se encuentran multitudes anhelantes de una palabra de vida, que ilumine con su luz todos los esfuerzos y muestre el sentido y la belleza de la existencia humana». Pero también hay tinieblas, advirtió Francisco. «También aquí —recordó—, como en otras partes, hay densas tinieblas que amenazan y destruyen la vida: las tinieblas de la injusticia y de la inequidad social; las tinieblas corruptoras de los intereses personales o grupales, que consumen de manera egoísta y desaforada lo que está destinado para el bienestar de todos; las tinieblas del irrespeto por la vida humana que siega a diario la existencia de tantos inocentes, cuya sangre clama al cielo; las tinieblas de la sed de venganza y del odio que mancha con sangre humana las manos de quienes se toman la justicia por su cuenta; las tinieblas de quienes se vuelven insensibles ante el dolor de tantas víctimas». Palabras que son una fotografía de las plagas presentes en el país, desgraciadamente. «A todas esas tinieblas Jesús las disipa y destruye con su mandato en la barca de Pedro: “Navega mar adentro”».

 

«Nosotros podemos —continuó Francisco— enredarnos en discusiones interminables, sumar intentos fallidos y hacer un elenco de esfuerzos que han terminado en nada; igual que Pedro, sabemos qué significa la experiencia de trabajar sin ningún resultado». El Papa recordó también que Colombia ha vivido esta realidad, cuando durante un periodo de seis años tuvo 16 presidentes y «pagó caro sus divisiones»; y «también la Iglesia en Colombia sabe de trabajos pastorales vanos e infructuosos, pero como Pedro, también somos capaces de confiar en el Maestro, cuya palabra suscita fecundidad incluso allí donde la inhospitalidad de las tinieblas humanas hace infructuosos tantos esfuerzos y fatigas».

 

El mandamiento de arrojar las redes, explicó el Papa, no se dirige solo a Simón Pedro; a él le tocó ir mar adentro, «como aquellos en vuestra patria que han visto primero lo que más urge, aquellos que han tomado iniciativas de paz, de vida. Echar las redes entraña responsabilidad. En Bogotá y en Colombia peregrina una inmensa comunidad, que está llamada a convertirse en una red vigorosa que congregue a todos en la unidad, trabajando en la defensa y en el cuidado de la vida humana, particularmente cuando es más frágil y vulnerable: en el seno materno, en la infancia, en la vejez, en las condiciones de discapacidad y en las situaciones de marginación social. También multitudes que viven en Bogotá y en Colombia pueden llegar a ser verdaderas comunidades vivas, justas y fraternas si escuchan y acogen la Palabra de Dios».

 

«Hace falta —concluyó Francisco— llamarnos unos a otros, hacernos señas, como los pescadores, volver a considerarnos hermanos, compañeros de camino, socios de esta empresa común que es la patria».

 

Al final de la Misa el Papa saludó a los cardenales y a algunos obispos de Venezuela, con quienes se entretuvo para hablar sobre la situación de su país. Antes de que el viaje termine se espera que Francisco diga algunas palabras sobre la grave situación venezolana.

Via VI

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