Evangelizar la vida económica

Es al hombre a quien hay que evangelizar en sus circunstancias: las formas de vida y condicionamientos. Y uno de ellos la economía,- que con la cultura, ideologías, comunicaciones,  avances científicos y costumbres efímeras y banales – es lo que más seduce. Por eso hay que echar  mano de la Sagrada Escritura y ver el hombre en relación con la pobreza y la riqueza. La riqueza se ve como bendición de Dios y la pobreza resultado del ocio y falta de laboriosidad. Siempre hubo, estafas, injusticias, usura y  explotación del pobre. Quien reconoce su pobreza ante Dios, en cualquier situación, es objeto de su amor. La pobreza cuando es aceptada o buscada puede facilitar la virtud. A la luz de la Revelación la actividad económica es respuesta agradecida a Dios. Y el progreso material debe ponerse al servicio del hombre y de la sociedad. La fe en Cristo permite una comprensión y desarrollo social en el contexto de un humanismo integral y solidario. Debemos asumir  los sentimientos de Cristo e inserta en Él nuestra historia, marcada por el esfuerzo personal y colectivo para elevar nuestra condición humana. La riqueza existe para ser compartida. Y aunque puede ser poseída legítimamente, tiene siempre un destino universal. La acumulación indebida está en contradicción con el destino universal del Creador de todos los bienes. Las riquezas realizan su función socia cuando son destinadas a producir beneficios para la sociedad.
La Doctrina Social de la Iglesia, en el siglo XX, presenta una síntesis de Moral Económica, con estas referencias fundamentales.1) “La relación entre moral y economía es necesaria e intrínseca: son actividades que se compenetran, La distinción entre moral y economía no comportan una separación  entre dos ámbitos, sino al contrario, un reciprocidad oportuna.2) La dimensión moral de la economía hace entender que la eficacia y la promoción de un desarrollo solidario de la humanidad, son finalidades estrechamente vinculadas, más que separadas o alternativas. 3) Para asumir un perfil moral, la actividad económica debe tener como sujetos a todos los hombres y a todos los pueblos. Cuando la economía se vive con sentido moral es como una recíproca prestación de servicios para producir y crecer; es una oportunidad de vivir la comunión con los demás hombres. 4) El objeto de la economía es la formación de riqueza y su incremento progresivo, en términos no solo cuantitativos, sino cualitativos: todo lo cual es moralmente correcto, si está orientado al desarrollo global y solidario del hombre y de la sociedad que vive y trabaja. 4) En perspectiva del desarrollo integral y solidario, se puede aprender justamente la relación moral que la doctrina social  hace sobre la economía de mercado, o economía libre, en contexto jurídico y al servicio de la libertad
Iniciativa privada y empresa. La DSI considera la libertad de la persona en el campo  económico un valor fundamental y un desarrollo inalienable que hay que tutelar y defender. Enseña la experiencia que la negación de tal derecho y su limitación en nombre de una pretendida igualdad, destruye el espíritu de  iniciativa, la subjetividad  creativa del ciudadano. La creatividad es elemento esencial en la empresa para elaborar proyectos e innovar. El trabajo humano disciplinado y el  espíritu emprendedor, es parte esencial del trabajo.  Las funciones de la empresa: – Servir al bien común de la sociedad produciendo bienes y servicios. – Valoración de la capacidad de las personas – Tener  criterios económicos sin descuidad los valores de las personas y la sociedad – Procurar que lo que produce sea un bien para todos. La justa función del beneficio es el primer indicador de su buen  funcionamiento (no siempre indica adecuación a la sociedad) – Es indispensable la legítima búsqueda del beneficio y el bien y dignidad de las personas. Su búsqueda está condicionada, y recurrir a la usura está condenado. – Las empresas se mueven  hoy en escenarios amplios y los Estados tienen que intervenir con prudencia.

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Via ElDigital

Hermanitas de los Pobres a la Suprema Corte de los EE.UU.: No podemos escoger entre nuestra atención a los pobres y nuestra fe.

La revolución del servicio.