“Este es realmente el salvador del mundo” Juan 6,43

El evangelio de Juan que proclamamos en este tercer domingo de Cuaresma narra el encuentro de Jesús con la samaritana. Jesús personalmente le revela su identidad y la mujer se convierte en anunciadora de su misión.

¿Qué significa que JESUS  es el Salvador? ¿Qué significa la salvación que Jesús nos promete, más aún, nos garantiza si depositamos en  Él nuestra fe?

La salvación consiste en ser nuevas criaturas renunciando a las tendencias de nuestro corazón. Jesús nos salva del pecado y nos conduce a la felicidad.

“De dentro del corazón del hombre salen los malos pensamientos, fornicaciòn, robos, asesinatos, adulterios, codicia, malicia, fraude, desenfreno, envidia, blasfemia, arrogancia, desatino” Marcos 7,21-22

Por eso en las promesas que formulamos en nuestro bautismo  reconocemos  a Jesús como nuestro único y verdadero Salvador adoptando una conducta que siempre, absolutamente siempre irá  en contra de los criterios del mundo.

 

¿Renuncian a Satanás, esto es:
• al pecado, como negación de Dios;
• al mal, como signo del pecado en el mundo;
• al error, como ofuscación de la verdad;
• a la violencia, como contraria a la caridad;
• al egoísmo, como falta de testimonio del amor?

¿Renuncian a sus obras, que son:
• sus envidias y odios;
• sus perezas e indiferencias;
• sus cobardías y complejos;
• sus tristezas y desconfianzas;
• sus materialismos y sensualidades;
• sus injusticias y favoritismos;
• sus faltas de fe, de esperanza y de caridad?

¿Renuncian a todas sus seducciones, como pueden ser:
• el creerse superiores;
• el estar muy seguros de vosotros mismos;
• el creer que ya están convertidos del todo?

¿Renuncian a los criterios y comportamientos materialistas que consideran:
• el dinero como la aspiración suprema de la vida;
• el placer ante todo;
• el negocio como valor absoluto;
• el propio bien por encima del bien común?

 

Seguir a otros “salvadores”

Confundir la misión de Jesús ha sido una constante desde que El predicaba en su tierra. Ha sido también permanente a lo largo de la historia. Como continuidad natural la Iglesia y los bautizados no han podido sustraerse a esa tentación. La más constante ha sido, quizás, la de depositar más  confianza en la política y en los políticos que en la fuerza del mensaje evangélico. De ninguna manera la política y los políticos son anatema. Pero creer que el Reino de Dios y su justicia prevendrán de ellos es un  verdadero desatino. La historia de esta seducción tiene muchos capítulos.

No se trata de alejar a los cristianos de la política, todo lo contrario.  A un cristiano cabal participar de un partido, a pesar de las buenas intenciones de los pastores, le  resulta algo imposible por los criterios de la partidocracia. Cito dos ejemplos: mantener la independencia y objetar muchas leyes que se oponen a los valores cristianos como el aborto o reconocer la bondad de los proyectos de ley de algún partido opositor bastarían para ser expulsados de cualquier  agrupación: la ley suprema es la del rédito político o la de no contrariar lo que el “pueblo quiere”. Muchas personas honestas han emprendido un camino en la actividad política y han debido alejarse por mucho menos que estas circunstancias.

Queda abierta la gran avenida del voluntariado en una ONG por ejemplo. O la de la participación critica en un sindicato o una asociación vecinal o las peticiones a las autoridades. Quien hace de esto una opción muy pronto descubre las miserias de los políticos y de sus reglas del juego. O la maquina de impedir  de los burócratas. Y como contraparte el gran poder que tenemos los cristianos al servir y hacer el bien. Y marcar la diferencia.

« Si hay una enseñanza que sacar de la “situación política” en que se puso Jesús, no es ni la de querer escapar de lo político, ni la de buscar ante todo hacerse con lo político sino la de hacer vivir en nuestra existencia necesariamente política una manera de ser cristiano que sea le testimonio de una verdad superior a las políticas de este mundo, hacer prevalecer una forma de obrar políticamente que sea un mas allá de las sociedades actuales, que no puede ser accesible por solo los poderes políticos de los hombres. En esta perspectiva el “dad a Dios lo que es de Dios” adquiere una real resonancia subversiva. Pues de Dios es nuestro ser definitivo y el ser ultimo de la humanidad. Todo lo demás es relativo, transitorio pasajero» Alain Bijou, Combate político y fe en Jesucristo citado en Liberación humana y salvación en Jesucristo 2 SVD

Escucha Israel

Jesús resumió los deberes del hombre para con Dios en estas palabras: “Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, con toda tu alma y con toda tu mente” (Mt 22, 37; Cf. Lc10, 27: “…y con todas tus fuerzas”). Estas palabras siguen inmediatamente a la llamada solemne: “Escucha, Israel: el Señor nuestro Dios es el único Señor” (Dt 6, 4).

Cuando ordenamos nuestra vida alrededor de estos mandamientos todo, la política, la psicología, la filosofía, la medicina, las ciencias “duras”, las ideologías adquieren un sentido y un propósito. Cuando nos desenfocamos todo puede convertirse en un dios. Podemos caer en la idolatría de  cualquiera de las disciplinas humanas y creer que de ellas viene la salvación.

 

Una actitud reprobable

Estas reflexiones provienen de haber escuchado por la radio las declaraciones de un sacerdote para quien parecería que Jesús no es el salvador del mundo.

Muy desinhibido confesó a la periodista que lo entrevistaba que no celebraba la Misa todos los días porque “eso” le quitaba tiempo y disponibilidad para estar en los mítines políticos que  organizaban  los adherentes a su parcialidad partidaria. Para quienes, si la ocasión lo solicita,  ofrece la Eucaristía en  ostensible manipulación  de lo sagrado.

Confunde esta actitud por lo menos hipócrita. Porque no se puede servir a dos señores. No se puede representar a Dios y al Cesar simultáneamente. Y menos vivir a costa de ambos.

Para Francisco de Asís y para muchos de los cristianos católicos, la Eucaristía es el alimento sagrado por excelencia.   Por eso siempre es bueno que recordemos como  el hermano de Asís veneraba la dignidad del sacerdote.  En la Carta a toda la Orden expresa:

«Ruego también en el Señor a todos mis hermanos sacerdotes, los que son y serán y desean ser sacerdotes del Altísimo, que siempre que quieran celebrar la misa, puros y puramente hagan con reverencia el verdadero sacrificio del santísimo cuerpo y sangre de nuestro Señor Jesucristo, con intención santa y limpia, y no por cosa alguna terrena ni por temor o amor de hombre alguno, como para agradar a los hombres (cf. Ef 6,6; Col 3,22); sino que toda la voluntad, en cuanto la gracia la ayude, se dirija a Dios, deseando agradar al solo sumo Señor en persona, porque allí solo él mismo obra como le place; porque, como él mismo dice: Haced esto en memoria mía (Lc 22,19; 1 Cor 11,24); si alguno lo hace de otra manera, se convierte en Judas el traidor, y se hace reo del cuerpo y de la sangre del Señor (cf. 1 Cor 11,27).Recordad, hermanos míos sacerdotes, lo que está escrito de la ley de Moisés, cuyo transgresor, aun en cosas materiales, moría sin misericordia alguna por sentencia del Señor (cf. Heb 10,28). ¡Cuánto mayores y peores suplicios merecerá padecer quien pisotee al Hijo de Dios y profane la sangre de la alianza, en la que fue santificado, y ultraje al Espíritu de la gracia! (Heb 10,29). Pues el hombre desprecia, profana y pisotea al Cordero de Dios cuando, como dice el Apóstol, no distingue (1 Cor 11,29) ni discierne el santo pan de Cristo de los otros alimentos y obras, y o bien lo come siendo indigno, o bien, aunque sea digno, lo come vana e indignamente, siendo así que el Señor dice por el profeta: Maldito el hombre que hace la obra de Dios fraudulentamente (cf. Jer 48,10). Y a los sacerdotes que no quieren poner esto en su corazón de veras los condena diciendo: Maldeciré vuestras bendiciones (Mal 2,2).

Maria Cecilia Jaurrieta

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Escrito por Cecilia Jaurrieta

Maria Cecilia Jaurrieta esta casada y tiene cinco hijos y seis nietos. Profesó en al Orden Franciscana Seglar en 1986.
Es bioquímica y ha colaborado con distintos medios graficos y radiales franciscanos como NUEVA POMPEYA y EL MENSAJERO DE SAN ANTONIO. Ha publicado varios trabajos relacionados con la religiosidad popular en la Editorial San Pablo. Ha recibido capacitación en mediación comunitaria con la cual ha enriquecido los talleres de educación para la paz que anima desde 1998.

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