En este justo momento

Por Manuel Romero, TOR

Hay tanta sangre derramada en el mundo por la inhumaidad e intransigencia que nos duele el corazón.

Ciertamente el terrorismo siega las vidas de inocentes todas las semanas bajo la protección de una supuesta promesa de cielo para aquellos que defiendan el Islam. En la distancia, sabemos que a ese carro suicida se suben muchos desequilibrados y desadaptados a los que les apetece más un rato de gloria en los medios que un abrazo de Dios.

En este justo momento me descubro soltando tópicos y palabrotas ante la televisión que retransmite la barbarie. Y hacen su aparición sentimientos de distancia con respecto a la Salvación de todos. 

Es en este momento cuando la Palabra de Dios me recuerda que llegará el día y la ocasión en que Dios nos saque de la “rebeldía para tener misericordia de todos”.

Esta apertura de Dios la comprende Jesús, no así sus discípulos. Ellos -como los que se arman odiando- se sienten del pueblo elegido y excluyen al resto; sean extranjeros o vecinos. Siguen en la convicción de ser únicos en la entrada del reino y determinan a Dios. Jesús lo sabe, y fuerza la situación con la cananea para que ellos mismos se abochornen.  “Sólo me han enviado a las ovejas descarriadas de Israel” -dice Jesús- y provoca dos reacciones: la confianza de la mujer en su poder de curar y la intercesión de aquellos pescadores por una madre que sufre.

Ahí les esperaba Cristo. Cuando la necesidad cobra rostro, los argumentos teológicos se suavizan: la pecadora pública, la samaritana, el leproso, Zaqueo… el desplazado, el inmigrante, el asesinado…

En este preciso momento, ¿suavizamos o endurecemos los argumentos sociales y políticos ante el sufrimiento de las víctimas? Ya se encargará Jesús de poner un rostro y un nombre -ante nosotros- para que no podamos escabullirnos sin dar una respuesta.

Es ahora cuando el Hijo de Dios presenta su sangre al Padre, la suya y la de sus hermanos. Derramada para suscitar la Paz y la concordia entre personas que nunca estarán en el mismo bando.

He de reconocer que en la parte de las personas de buena voluntad  hay desconcierto y Dios lo sabe y lo sufre. Ojalá que el cielo se haga presente y que sea pronto.

Via LCDLP

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La revolución de la ternura.

Jesús es de todos