De puertas y miedos

Por fray Mauel Romero, tor

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El primer día que hubo cierta paz tras la salvaje muerte del Maestro, la gran mayoría de los discípulos se encontraba en la casa cedida para la cena de Pascua.

Estaban “con las puertas cerradas por miedo” –dice el evangelio- a los judíos. Pero sus cierres estaban echados por la decepción de sí mismos: del modo de huir, de abandonar a Jesús y la impotencia ante el proceso vivido. El dolor, el cansancio y la impotencia les hacen unirse para protegerse y descansar. “Y en esto entró Jesús, se puso en medio y les dijo: «Paz a vosotros».” 

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Tras estos días de Pasión y Procesión nosotros vivimos cierta dispersión por el regreso a lo cotidiano. Acabadas las celebraciones -que han exigido preparación y atención- nos disgregamos para atender a lo de siempre y de la misma manera. ¿O no? Quizá estos días hayamos entrado de tal manera en el misterio del amor de Cristo que se hayan puesto de manifiesto nuestras carencias de compromiso. Pudiera ser que parte de ese misterio de la voluntad de Dios haya cobrado sentido en lo que, a partir de hoy, hayamos de acoger. Pero, me temo que el regusto que nos quede sea el de una estética litúrgica que se apaga junto a sus velas e inciensos. Y eso, nos aboca –como cada año- a volver al ritmo cotidiano cansados y con miedo al día a día.

Tras estos días, no dejemos de estar juntos, aunque seamos distintos y con razones diversas. Es en el grupo donde comprendemos las diversas pruebas que afronta nuestra fe y que acogen los hermanos que están a nuestro lado. Es en la casa fraterna donde abrazamos los miedos, las imposibilidades, las trabas que atenazan a cada uno en su búsqueda de libertad. Ahí Jesús pierde la oportunidad de ponerse en medio y traer la paz.

Nosotros, que aún no “hemos visto a Jesucristo, y lo amamos; no lo vemos, y creemos en él; y nos alegramos con un gozo inefable y transfigurado”, estamos en la disposición de abrir las puertas de nuestro corazón para que salgan los miedos y abunde la Resurrección.

Via LCDLP

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!Él les mostró las heridas, y ellos se llenaron de alegría!

Jesús salvará a su Iglesia