Curso OFS 7: Los “propósitos de vida” en los grupos penitentes.

El movimiento evangélico-pauperístico engloba en sí muchos personajes que dejando todo -bienes y familia-, inician una vida de pobreza e itinerancia invitando a la conversión y al seguimiento de Jesús[1].

Fue mérito de Inocencio III (1198-1216) el haber comprendido el valor evangélico de la pobreza radical. Después de comprobar la inutilidad de la represión violenta y de la predicación fastuosa de sus legados, ordenó que se eligiera como predicadores a hombres probados, de vida pobre, de espíritu ardiente, dispuestos a ir en busca de los herejes. Con este modo de proceder, Inocencio III abrió las puertas de la Iglesia definitivamente a los movimientos pauperísticos, de pobreza radical y predicación itinerante.

Los Humillados

Fueron un grupo de laicos afín a los valdenses, que surgieron en Lombardía como una cofradía piadosa de tejedores artesanos. Este grupo cuidaba a los pobres y necesitados, con especial atención a los leprosos. El grupo estaba formado por tres Ordenes: laicos, hombres y mujeres, que llevaban vida comunitaria aunque en estancias separadas; los clérigos, que vivían como canónigos regulares; hombres y mujeres laicas que vivían en sus propias casas.

Los Humillados eran una respuesta a la crisis espiritual y social provocada por el desarrollo económico y la vida urbana. Ellos ofrecían una nueva interpretación del evangelio, un camino de vida para la gente laica. Su ideal de vida podría resumirse en: vivir conforme a la letra del evangelio y exponer a la gente las verdades de la fe como lo hicieron los Apóstoles”[2].

Después de ser condenados en el Sínodo de Verona en 1184, el Papa Inocencio III aprobó su modo de vida, rehabilitándoles en la Iglesia como asociación piadosa de seglares. El Propositum vitae, de 7 junio 1201[3], es un conjunto de normas de vida religiosa y ética que consta de 17 capítulos, con abundancia de citas bíblicas, en los que se especifica el modo de vida: rechazo del lujo en los vestidos; días marcados para el ayuno; austeridad en las comidas; ganarse la vida con el trabajo manual; la abstención de la usura y la restitución de los bienes injustamente ganados; ofrecer lo superfluo en limosnas a los pobres; el cumplimiento de los deberes conyugales en una vida pacífica y recta, llevada en humildad, paciencia y amor.

 

El Propósito es la Regla de vida para la tercera Orden; la primera y la segunda Orden recibieron del papa una Regla basada en las reglas benedictina y agustiniana.

 

El Propósito permite tener reuniones los domingos en un lugar adecuado, aprobando la predicación en dicha reunión, con permiso del obispo, de un hermano laico del grupo que fuera capaz. Esta predicación debía limitarse a una exhortación moral, a incitar a una vida justa y de piedad; no debía tratar de cuestiones teológicas, quedando así clara la distinción entre lo reservado a la predicación de los laicos y de los sacerdotes.

 

Otros grupos

Durando de Huesca, junto con otros compañeros, se presentó al papa Inocencio III para pedir su reincorporación a la Iglesia católica, después de haber estado en la herejía. Antes del restablecimiento fueron “examinados diligentemente sobre los dogmas de fe y los sacramentos de la Iglesia”. Mediante un “juramento, extendido por escrito y leído con la mano sobre los evangelios”, Durando, junto con los otros compañeros, confesaron  su fe.

 

Además, el papa les concedió un Propósito de vida[4]. Con este modo de vida, el papa pretende utilizarlos para el desarme de la herejía, mediante la predicación y discusión en “la controversia contra toda clase de errores”.

Otro grupo, los Pobres Lombardos, recibieron un primer Propósito de vida, aprobado por el papa en 1210[5]. Dos años más tarde, en 1212, el papa aprueba el Segundo Propósito de los Pobres Lombardos[6].

 

Los pobres católicos dirigieron un grupo de penitentes, que también tuvieron su propósito de vida el 26 mayo de 1212[7]. En Lombardía Bernardo Prim recibió en 1211, de Inocencio III, aprobación y regla para un programa de práctica evangélica y ministerio de la palabra contra los herejes[8].

 

En 1210 también Francisco de Asís se presentó ante el papa Inocencio III para que reconociese y autorizase el estilo de vida que estaba llevando con sus primeros seguidores; el papa, de viva voz aprobó su estilo de vida evangélica tan parecido en las formas e ideales a los de todos los grupos anteriores[9] .

 

“MEMORIALE PROPOSITI FRATRUM ET SORORUM DE PENITENTIA

 El documento

 

El Memoriale propositi es un documento de carácter jurídico que regula con normas el estilo de vida del movimiento penitencial. Se trata de un texto dirigido a penitentes que viven en sus propias casas –Memoriale propositi fratrum et sororum de penitentia in domibus propiis existentium-. No sabemos quién fue el autor del texto; la mayoría de los estudiosos se inclina por pensar que el documento viene de la mano del cardenal Hugolino de Ostia o de un grupo de juristas muy cercano a la Curia romana y a él en concreto.

 

Parece que la aprobación del Memoriale se hizo de forma oral, vivae vocis oraculo, por el papa Honorio III en el año 1221. El 30 de marzo de 1228 el papa Gregorio IX envió a todos lo penitentes de Italia la bula Detestanda, en la que se dejaba entender esta aprobación de Honorio III[10]. El texto permaneció oficialmente en vigor por espacio de casi setenta años: del 1221 al 1289. Del Memoriale se desprende que se trata de una Orden autónoma, que todavía no estaba orientada por Órdenes religiosas, y mucho menos sujeta a ellas.

 

El Memoriale ha sido conservado en cuatro manuscritos[11], de los que se desprende unánimemente que fue escrito en 1221. Los manuscritos contienen  modificaciones y añadiduras varias que fueron incluidas entre 1221 y 1228, dado que el texto se iba adaptando a las comunidades; sólo a partir de 1228 se consideró el texto como inmodificable[12].

 

Contenido

Una lectura superficial del texto[13] puede llevarnos a no descubrir la fuerza interna que encierra el documento. Bajo la forma legal, el Espíritu está presente en función de un proyecto evangélico exigente. La intensa vida de oración, la frecuencia de los sacramentos, la obediencia a Dios y a la autoridad constituida, el estilo de vida de pobreza, la paz y la caridad, la limosna, la visita a los enfermos, los sufragios por los difuntos, la austeridad en el vestir, el rigor en los ayunos y la abstinencia continua, la práctica de la justicia, etc, son valores de fuerte espiritualidad cristiana propuestos por la Iglesia para el seguimiento de Cristo y asumidos con libertad por los penitentes.

El Memoriale no contiene citas evangélicas, a diferencia del Propositum vitae de los Humillados; sin embargo, subyace en el texto todo un sentido evangélico; se pretende que el penitente viva su conversión diaria como medio para unirse más a Cristo.

 

El bien de la paz

En el Memoriale la paz tiene un papel fundamental. El sujeto que pide entrar en la fraternidad debe primero reconciliarse con el prójimo[14]. La misma obligación se impone a todos los penitentes en el momento de la confesión y comunión[15]. Al ministro de la fraternidad le compete restablecer la paz entre sus hermanos y hermanas y también con los extraños[16]

 

Otras prescripciones relacionadas con la paz y dirigidas a los penitentes, están contenidas en el Memoriale; entre ellas, el no llevar armas, pagar las deudas, restituir las cosas ajenas[17]. Otra obligación era hacer testamento dentro de los tres meses siguientes al ingreso en la fraternidad[18]; el hacer testamento se ha relacionado con la paz, para evitar litigios o apropiaciones indebidas de los bienes[19].

 

La figura del penitente que describe el Memoriale es la de una persona de paz, y desde ahí surge el atender a la propia familia, trabajar en servicio de los demás y llevar una vida de piedad realizando obras de misericordia.

 

El estilo de vida ascético-evangélico que trata de vivir el penitente, debe ayudarle a ser una persona de paz en medio de una sociedad de violencia, cuyos valores negativos se introducen también en las fraternidades. La paz es una meta a conseguir, no algo ya poseído.

En el Memoriale se contemplaba que, debido a exenciones y privilegios que tenían los penitentes[20], pudieran surgir conflictos; en esos casos, podían recurrir al obispo, por medio de su ministro de la fraternidad[21].

El movimiento penitencial tuvo influencia en la sociedad medieval, por la ejemplaridad de vida, por haber creado un espacio nuevo para la espiritualidad laical: laicos pacificadores y constructores de paz, capaces de llevar el bien de la paz donde estuvieran.

...

     [1] Entre los predicadores, está Tanquelmo, especialmente en los Países Bajos, entre 1112 y 1115; Pedro de Bruis, en el sur de Francia, hacia 1110-1120; Arnaldo de Brescia (muerto en 1155) al que sobrevivió un grupo, los arnaldistas, que se fusionaron después con los valdenses; Hugo Speroni, a partir del 1171; Pedro Valdés. Cf., J. ALVAREZ, Historia de la vida religiosa…, o.c., 268.

Por otro lado, Inocencio III, en la Bula Cum inaestimabile (12 mayo 1210) en B.R. 3, 246, que dirigió al arzobispo de Tarragona, sobre la profesión de fe de Durando de Huesca, mencionaba a “los queridos hijos Durando de Huesca, Guillermo de San Antonio, Juan de Narbona, Ermengardo, Bernardo, Raimundo de San Pablo, Ebrino y sus compañeros”.

Entregas anteriores:

 

     [2] Para un mayor conocimiento de este grupo y su evolución, ver: H. GRUNDMANN, Movimenti religiosi nel Medioevo, Bologna 1974, 65-74.

     [3] INOCENCIO III, Incumbit nobis, (7-VI-1201) en G.G. MEERSSEMANN, Dossier…, o.c., 276-282.

     [4] INOCENCIO III, Cum inaestimabile (12 mayo 1210) en B.R. 3, 246-249.

     [5] INOCENCIO III, Cum inaestimabile pretium (4-VI-1210) en G.G. MEERSSEMANN, Dossier…,o.c., 284-286.

     [6] INOCENCIO III, Ne quis (23-VII-1212) en G.G. MEERSSEMANN, Dossier…,o.c.,  288-289.

     [7] INOCENCIO III, Dilectus filius (26-V-1212) en G.G. MEERSSEMANN, Dossier…, o.c., 286-288.

     [8] INOCENCIO III, Cum inaestimabile (11 junio 1211) en B.R. 3, 249-253.

     [9] Francisco, en su Testamento, escrito al final de su vida (1226), escribe: “Y después que el Señor me dio hermanos, nadie me mostraba qué debía hacer, sino que el Altísimo mismo me reveló que debí vivir según la forma del santo Evangelio. Y yo lo hice escribir en pocas palabras y sencillamente y el señor papa me lo confirmó”.

El biógrafo de Francisco, Celano, escribe sobre este acontecimiento: “Viendo el bienaventurado Francisco que el Señor Dios le aumentaba de día a día el número de seguidores, escribió para sí y sus hermanos presentes y futuros, con sencillez y en pocas palabras, una forma de vida y regla, sirviéndose, sobre todo, de textos del santo Evangelio (…) Se trasladó a Roma con todos los hermanos mencionados queriendo vivamente que el señor papa Inocencio III le confirmase lo que había escrito (…) Y, después de exhortarles y aconsejarles sobre muchas cosas, bendijo a san Francisco y a sus hermanos y les dijo: ‘id con el Señor, hermanos, y, según El se digne inspiraros, predicad a todos la penitencia. Cuando el Señor omnipotente os multiplique en número y en gracia, me lo contaréis llenos de alegría, y yo os concederé más favores y con más seguridad os confiaré asuntos de más transcendencia'” (1 Cel 32).

     [10] GREGORIO IX, Detestanda (30-III-1228) en B.F. I, 39-40.

     [11] El mismo documento es nombrado, en algún autor, de diferente manera. Para R.M. Stewart, tres son los manuscritos: Veneciano, que fue encontrado en un códice en una librería de Florencia. El manuscrito data del siglo XIV o posiblemente del XV, pero contiene un texto del Memoriale con fecha muy cercana al 1221; esta redacción es la más pura y primitiva. Königsberg, de un manuscrito encontrado en esa ciudad alemana. Dicho manuscrito data de la segunda mitad del siglo XIV, pero contiene una versión del Memoriale de alrededor del 1228. Está estructurado en nueve capítulos, a los que siguen una serie de normas particulares. Capistrano, que fue encontrado en el convento franciscano del mismo nombre, en los Abruzos, Italia. En este códice, los doce primeros capítulos del Memoriale datan de 1228 lo más tardío; tiene la añadidura de un decimotercer capítulo sobre las culpas. Cf., R.M.STEWART, “De illis qui faciunt penitentiam”. The rule of the Secular Franciscan Order: origins, development, interpretation. Roma 1991, 140.

Por otro lado, otro autor, Lino Temperini, menciona los mismos manuscritos, aunque con diferente denominación, y añadiendo un cuarto. Temperini denomina Códice de Florencia al Veneciano de Stewart; Códice regiomontano al Königsberg de Stewart. Y añade Temperini el Códice de L’Aquila, que apareció en la Biblioteca de L’Aquila, del siglo XV. Al texto del Memoriale le siguen las Ordenaciones capitulares del 1290 y la Bula Supra Montem de Nicolás IV, de 1289. El texto es casi idéntico al Códice de Capistrano. Cf., L. TEMPERINI, Carisma e legislazione alle origini del terzo ordine di s. Francesco, Roma 1996, 78-80.

     [12] Es muy interesante el comprobar cómo en esta fecha de 1221 está escrita esta Regla de los penitentes; también está escrita la denominada Regla no bulada de los Hermanos Menores; y según muchos estudiosos, la Segunda Carta a los fieles, de Francisco a los seglares, estaría escrita como tarde en esta fecha de 1221. En la confrontación de los textos se ve que muchos de ellos coinciden, especialmente los dos últimos: la mano del autor es la misma.

     [13] Tomamos como texto el Códice de Florencia (o Veneciano); el texto original no presenta divisiones en capítulos. Cf., L. TEMPERINI, Carisma e legislazione…, o.c., 94-109.

     [14] En adelante, las citas que correspondan a dicho documento se citarán como Memoriale y el número que corresponda al texto citado. Memoriale, n.29: “Proximis se reconcilient”

     [15] Memoriale, n.15: “Reconcilient se proximis”

     [16] Memoriale n.26: “En cuanto a restablecer la paz entre los hermanos y hermanas o extraños en discordia, haga como parezca oportuno al ministro”.

     [17] Memoriale, n.16: “No empleen armas contra nadie, ni las lleven consigo”.

Memoriale, n.15: “Paguen las deudas pasadas y garanticen las futuras”.

Memoriales n.29: “Paguen las deudas”.

n.29: “El ministro le exponga al sujeto (antes de entrar en la fraternidad), la obligación de devolver las cosas ajenas”.

     [18] Memoriale n.25: “Todos los que por derecho puedan, hagan testamento de sus cosas dentro de los tres meses posteriores a la promesa, a fin de que no mueran sin testar”.

     [19] En el Documento por la paz de Asís de 1210, se habla de los bienes como generadores de más bienes; así, los que están por la labor del progreso en la comuna, deben poner sus bienes a producir para que ellos y por tanto la sociedad, eleven el nivel de vida.

Los penitentes que poseían bienes, no los ponían a trabajar, sino al servicio de los demás, lo que es de suponer generaría conflictos en la sociedad.

En la obligación de los penitentes de hacer testamento en favor de otros, aparece el argumento de evitar conflictos familiares en ausencia de testamento; creemos que en el fondo también existía la lucha por evitar que los bienes pudieran pasar a propiedad de la comuna, restando el uso de los mismos a obras de caridad. En este sentido es muy interesante la lectura de D. FLOOD, Francisco y el movimiento franciscano, Oñate 1996.

     [20] Los privilegios de no llevar armas (Memoriale n.16) y de no prestar juramento solemne de fidelidad (Memoriale n.17); en este último caso se hace referencia en el mismo número a lo que Gregorio IX había establecido en su bula Detestanda, de 30-III-1228, de que sólo se podía prestar juramento por la paz, la fe, en caso de calumnia y para dar testimonio de la verdad.

     [21] Memoriale n.26: “En cuanto a restablecer la paz entre los hermanos y hermanas o extraños en discordia, se haga como le parezca oportuno al ministro, pidiendo consejo al señor obispo, si esto fuera conveniente”.

     Memoriale n.27: “Si los hermanos y las hermanas son vejados en sus derechos y privilegios por los magistrados o regidores de los lugares donde habitan los ministros del lugar harán cuanto parezca oportuno, con el consejo del señor obispo”.

Parece ser que los conflictos con las autoridades locales eran abundantes, ya que a las autoridades les costaba asumir las exenciones de los penitentes. Los papas tuvieron muchas intervenciones a favor y en defensa de los privilegios concedidos a los penitentes.

Franciscanos en la COP23

Dichoso el que teme al Señor: