Curso: Franciscanos Seglares ayer y hoy.

En este curso nos hemos propuesto aportar recursos para la formación cristiana en general y de los franciscanos en particular. Por ello comenzamos hace unas semanas con la publicación de nuestro Curso sobre Sectas y Nuevos Movimientos Religiosos y continuamos hoy con uno sobre la Historia de la Orden Franciscana Seglar. 

El autor es Fray Mario Garcia, OFMCAP y el presente es fruto de su “tesina” titulada: “Franciscanos Seglares, ayer y hoy”.

Esperamos que, en palabras del propio autor, la lectura lleve “a los seglares y a los religiosos, a profundizar en la espiritualidad de la Orden Franciscana Seglar, tan rica en vida y tan posibilitadora de crear espacios nuevos para la fe y el compromiso social”.

La primera parte de este curso abordará la evolución histórica, desde los grupos penitentes hasta la Orden Franciscana Secular, mientras que la segunda se centrará en la actualidad de la OFS en la Iglesia.

Como novedad, al final del curso, ofreceremos a nuestros lectores la posibilidad de completar una evaluación de los conocimientos adquiridos y, aquellos que la superen, recibirán un ejemplar de la tesina de Fray Mario en formato libro. 


PRIMERA PARTE.

DE LOS GRUPOS DE PENITENTES A LA ORDEN FRANCISCANA SECULAR.

Los Movimientos de Penitencia.

Situación social y religiosa en los siglos XII y XIII.

La vida civil.

En los primeros siglos de la Edad Media, el emperador se sometía al papa; los nobles a los reyes; el pueblo llano a los nobles. Todo estaba ordenado en aquel mundo feudal en el que los mayores dominaban a los menores; era un mundo en el que los privilegiados protegían a los sin privilegios, a cambio de la servidumbre de éstos. Era una sociedad estructuralmente injusta[1]. Las tensiones que se producían en la Iglesia y en la sociedad de finales del siglo XII eran señal clara de que las cosas habían empezado a cambiar.

 

La sociedad italiana a comienzos del s. XIII fue el fruto de una larga transforma­ción. La estructura feudal de la alta Edad Media fue dejando paso a una nueva sociedad burguesa y comerciante que se iba formando en torno a las grandes ciudades.

 

El poder civil y el eclesiástico mantenían fuertes pugnas por la hegemonía, y cada vez la gente aceptaba menos los abusos y la corrupción.

 

A lo largo del s. XII y XIII las relaciones entre el campo y la ciudad se intensificaron. La ciudad iba absorviendo un gran número de campesinos, constituyéndo­se así en centro de producción, de comercio y de consumo. La ciudad era el eje de las pugnas por el poder entre la nueva nobleza y los eclesiásticos. La población se duplicó, y para acogerla, se fundaron nuevas villas, lo que supuso una gran transformación para Europa.

 

Con la ciudad aparece el comercio, y con ello una gran movilidad de los bienes; surge una nueva clase social, los comerciantes, y con ellos, la moneda como elemento de cambio. Los mercaderes son los hombres nuevos, los hombres del futuro; ellos son los nuevos señores feudales, con todo el poder. Con ellos están los banqueros, que acumulan el dinero. Este poder económico representa la seguridad y la felicidad, olvidando valores espirituales y morales. Esto fue decisivo en el nacimiento y evolución de los movimientos evangélicos pauperísticos de los siglos XII y XIII, entre los que se incluye el movimiento comenzado por Francisco de Asís.

 

Todo ello nos da una sociedad segura de sí misma, no dependiente y en la que se afirma una clara tendencia expansiva.

 

La vida eclesial

 

La vida eclesial no presentaba mejores perspectivas que la civil; en ella, alternaba y convivía la corrupción y la reforma, especialmente en aspectos disciplinarios. El poder secular controlaba casi todos los cargos eclesiásticos. El clero y la vida monacal no eran referencia para la gente deseosa de vivir una vida de perfección.

 

Es el papa Gregorio VII (1073-1085) quien pone en alerta a los cristianos contra los sacerdotes que no vivían con dignidad su ministerio. Abundaba el clero simoníaco y concubino, al que a través de diversos sínodos se le va asestando duros golpes: desde las deposiciones permanentes de los simoníacos, a la prohibición de asistir a misa de un sacerdote concubino (recuerdo de la ordenación sinodal del año 1059 del papa Nicolás II). El papa Gregorio VII, en su programa reformista, pretendía la libertad de la Iglesia ante el poder secular; y también la reforma a fondo de la vida de la misma. Recurrió al derecho; en el Dictatus papae (1074-75), recogió 27 sentencias sobre los privilegios de la Iglesia romana y del Papado, para demostrar el poder de la Iglesia. De haberse llevado a cabo, se hubiera dado una concentración de poderes y un grado de centraliza­ción jamás alcanzado antes[2].

...

 

Una cuestión muy importante en el pontificado de Gregorio VII fue la lucha de las investiduras. En el año 1059, Nicolás II había establecido la prohibición a clérigos y sacerdotes, de recibir de laicos una iglesia, lo mismo con pago que sin pago de dinero. Gregorio VII, bajo pena de excomunión y anulación del acto realizado, prohibió a los clérigos recibir de manos de laicos la investidura de obispados, abadías e iglesias. El sínodo de cuaresma de 1080 dispuso lo mismo, y fulminó la excomunión contra los laicos investientes[3].

 

Con posterioridad a Gregorio VII accede a la silla de Pedro Inocencio III (1198-1216). La Iglesia que encontró no había mejorado mucho[4]; él mismo intentó dar ejemplo de austeridad y conversión. Con este papa se invirtieron los papeles, con el dominio de lo religioso sobre lo temporal y secular: era la Christianitas, cuya pretensión fue unificar toda la cristiandad, incluídos los Santos Lugares de Jerusalén, lo que motivó todo el empuje reconquistador de las Cruzadas.

 

Dentro de su pontificado, se celebra el IV Concilio de Letrán (1215), que pretendió clarificar ciertos puntos fundamentales sobre la eucaristía y la vida religiosa.

 

A partir de la reforma gregoriana, la vida religiosa comenzó a vivir momentos de apogeo monástico. Cluny sirvió como punto de apoyo importante en la reforma de la Iglesia. Roberto, abad de Molesmes (muerto en 1111), dejó su monasterio en busca de un tipo de vida más austero. Esto le llevó a Citeaux, Francia, donde comenzó a vivir en 1098 la regla de san Benito, con una interpretación más estricta de la misma. Comenzaba el Císter. Con san Bernardo de Claraval (1090-1153), el Císter llegó a ser la Orden monástica más influyente en la renovación eclesial y espiritual. A la muerte de Bernardo, la Orden contaba ya con 343 abadías, 66 de ellas fundadas por el mismo santo.

 

Al inicio del siglo XII, Norberto de Xanten (1080-1134) abandonaba su prometedora vida para dedicarse a una vida de pobreza y predicación itinerante por Alemania y Francia. En 1120 fundó Prémontré -Francia- con algunos discípulos. El papa Honorio confirmó su modo de vida en 1126, denominándolos Canónigos regulares de san Agustín según la forma de vida de la Iglesia de Prémontré. Esta nueva Orden se extendió muy pronto por toda Europa[5]. Dentro de las innovaciones premostratenses está la Tercera Orden laical, fundada por el propio San Norberto en 1123, aunque no se puede hablar de Tercera Orden en sentido jurídico hasta el siglo XVIII.

 

Junto a las nuevas formas de vida monástica está el fuerte impulso de los movimientos eremíticos.

 

Referencias:

     [1] Cf. J. ALVAREZ GÓMEZ, Historia de la vida religiosa. Vol.II: Desde los Canónigos Regulares hasta las reformas del siglo XV, Madrid 1989, 256.

     [2] Cf. H. JEDIN, Manual de Historia de la Iglesia (III). De la iglesia de la primitiva Edad Media a la reforma gregoriana, Barcelona 1970, 573.

     [3] Cf. Ibid.,  576.

     [4] Dentro de la situación de la Iglesia, el clero, en  ocasiones, dejaba mucho que desear. Francisco de Asís se decanta siempre por los sacerdotes, “y no quiero advertir pecado en ellos, porque miro en ellos al Hijo de Dios y son mis señores. Y lo hago por este motivo: porque en este siglo nada veo corporalmente del mismo Altísimo Hijo de Dios sino su santísimo cuerpo y santísima sangre, que ellos reciben y solos ellos administran a otros”. En (Test 9-10) en Francisco de Asís. Escritos. Biografías. Documentos de la época, Edición preparada por J.A. GUERRA, BAC nº 399, Madrid 1978, 122.

     [5] En Prémontré había cuatro clases de miembros: canónigos, clérigos, novicios y conversos. También estaban los donados u oblatos. San Norberto admitió desde el principio a las mujeres a formar parte de su Orden. Inicialmente vivían en el mismo monasterio de los varones dando lugar a los monasterios dobles, que duraron hasta 1140. Las canonesas fueron trasladadas a otros edificios no lejos de los varones. En la actualidad hay dos clases de monasterios de canonesas premostratenses, unos dependen del Abad general y otros dependen del Ordinario del lugar; pero todos los monasterios tienen los mismos Estatutos de la Orden adaptados para ellas en 1945. Cf. J. ALVAREZ GÓMEZ, Historia de la vida religiosa…, 43-44.

Sigue el curso completo en:

Escrito por Fray Mario Garcia

Fray Mario es hermano menor capuchino y fue ordenado sacerdote en 1988. Actualmente reside en Pamplona (España) y, entre otras muchas tareas pastorales, es Asistente Nacional de la Orden Franciscana Seglar.

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