Cuidemos nuestra familia, seamos familia de quien no la tiene.

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La espiritualidad franciscana en cada época de la historia de la humanidad tiene algo que aportar. Es como en el juego de naipes: siempre tiene una baraja que puede ser ganadora. Todo depende de cómo la juguemos.

 

Uno de las contribuciones más urgentes a la cultura moderna ( o postmoderna según se quiera) es la re-creación de los vínculos afectivos que se dan en la familia.

Es curioso comprobar que todos los que adhieren a posturas ideológicas “progre”, tal vez con mucha más ignorancia que otra cosa, muestren como cosa normal lo que no es natural. El hombre para su correcta maduración biopsicológica necesita de amor, de estabilidad emocional, de hábitos. El ecosistema natural donde se proporciona este “sustento”  es la familia. Cuando no se reciben estos ingredientes para conformar una personalidad equilibrada, adulta… sucede lo que estamos experimentando en la sociedad occidental.

 

Con esto no estoy acusando a nadie…Cuando un sacerdote confiesa cincuenta niños previo a la primera comunión y solo uno vive con su papa y mama “naturales” esto nos está diciendo algo. No para salir despotricando a tontas y a locas. No para recitar teorías y teologías. Sino más bien para exigir que hagamos todos algo desde cada fraternidad, que debería ser un modelo de familia.

 

La Iglesia un hospital de campaña

Esta metáfora conque el Papa Francisco se aparta de las disquisiciones teológicas sirve para ejemplificar nuestro camino. Porque si la Iglesia es ese hospital, nosotros los franciscanos tenemos la terapéutica más añeja y más eficaz: el amor de familia, el amor de fraternidad.

Lejos de enredarme en argumentos intelectuales, propongo algunas actividades, que he visto realizar en algunos lugares donde hay hermanos franciscanos y que son profundamente sanadoras.

 

 

1.- En una familia se acoge y ama al que llega por lo que es, no por lo que tiene, no por sus capacidades, no por su inteligencia. Se lo acepta porque es un hijo y luego un hermano. Se acepta la vida como viene.

Del mismo modo ¡qué bueno en este mundo de anonimato prestarle un espacio al que llega para que sea re-conocido como persona, como alguien que vale, que tiene dones! Me dirán que muchas veces no sirve para la OFS. No importa, dejémonos de proselitismos interesados. Costruyamos espacios fraternos para estos “heridos”.

2.- Hagamos un lugar para los matrimonios con hijos. A menudo no hay tampoco espacios ni en las reuniones, ni en la Misa para ellos. Molestan, siempre siguen molestando los niños. Me muero de sana envidia de ver a mis hermanos presbiterianos, metodistas  y de otras denominaciones cristianas que tienen una guardería para acoger a los niños en el culto dominical. ¿No se podría facilitar la participación de matrimonios con hijos en las fraternidades y en otros grupos contando con el auxilio de una mama o una maestra jardinera a la cual se la “financiara” con el fondo común? ¿No  asociarían estos niños su  participación con algo divertido, lleno de alegría? Y lejos de ver a la Iglesia como un cuco encontrarían un solaz que se experimenta gozosamente distinto a otras propuestas?

3.- La soledad en nuestra cultura es densa. La falta de proyectos personales conduce a las adicciones de todo tipo y al suicidio. ¿No podemos construir espacios en nuestras parroquias, colegios en donde se practique la cultura del encuentro? Donde se charle con personas vivas ( no se chatee), donde se coma juntos, donde se propongan pequeñas metas todos juntos, Donde sean bienvenidos, niños, jóvenes personas de toda edad y condición… y una vez por semana simplemente estén juntos. No por edades sino mezclando todo, favoreciendo la inclusión y el enriquecimiento personal a través de la aceptación de la diversidad…Y que estos encuentros duren lo que duren, que tengan sentido más que continuidad.

4.- Fortalecer espacios de sanación como el acompañamiento espiritual, la escucha, la terapéutica de los vínculos.

Para eso deberían capacitarse los animadores con algunos cursos dirigidos a esta finalidad. Si no el voluntarismo es peor que la enfermedad.

 

El que no tenga familia que venga a nosotros

Me sorprendió y agradó esta campaña de los franciscanos polacos. Parafraseando el Evangelio:”Vengan a la Iglesia todos los que están afligidos y agobiados por no tener una familia, que nosotros les haremos un lugar”. ¿Es mucho pedir que se haga esto en nombre de Jesús? Y que el que llega experimente un poco del calorcito del amor de Dios que le podamos proporcionar.

No me canso en volver a citar a Fray Antonio de Guevara, un místico franciscano español del siglo de Oro: “Toda la espiritualidad franciscana nace y se consuma en el amor, con amor piensa, con amor crea, con amor obra”. “La mejor pieza del cuerpo es el corazón, y la mejor alhaja del corazón es el amor. Y si el corazón no se emplea bien, su dueño será el más desdichado de la tierra; no sabe bien vivir, quien no sabe amar”.

 

Sembrar amor en tantos desdichados familia-less es el cumplimiento cabal de nuestra Regla en el mundo. Adonde pongamos nuestras energías espirituales esa es una elección que nos debería cuestionar seriamente en estos tiempos tan desoladores.

 

María Cecilia Jaurrieta ofs

 

 

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Escrito por Cecilia Jaurrieta

Maria Cecilia Jaurrieta esta casada y tiene cinco hijos y seis nietos. Profesó en al Orden Franciscana Seglar en 1986.
Es bioquímica y ha colaborado con distintos medios graficos y radiales franciscanos como NUEVA POMPEYA y EL MENSAJERO DE SAN ANTONIO. Ha publicado varios trabajos relacionados con la religiosidad popular en la Editorial San Pablo. Ha recibido capacitación en mediación comunitaria con la cual ha enriquecido los talleres de educación para la paz que anima desde 1998.

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