Cuando matábamos en nombre de Dios.

Vista desde el castillo de Montsegur.
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Este fin de semana hice un viaje que llevaba mucho tiempo anhelando, un viaje por el Languedoc, en Francia.

Siempre me ha atraído la Edad Media, quizás porque es la época de Francisco o porque es una época de extremos y yo, debo confesarlo, soy un poco también así.

He visitado Albi, Toulouse, Montesgur, Carcasona y Béziers. Todo con un hilo conductor: los cataros o albigenses.

No voy a detenerme aquí a contar la historia de este grupo herético contemporáneo de Francisco. Mucho hay escrito y muy accesible desde la web. Solo quiero compartir con vosotros una reflexión que me asalto subiendo al castillo de Montsegur (o lo que queda de el).

Al comenzar el largo y escapado camino a la cima, me encontré con una antigua estela de piedra que recuerda el lugar, en donde, el 16 de marzo de 1244, doscientos diez cristianos cataros fueron quemados vivos por las fuerzas militares del Papa.

Aquel era el punto final de una larga casería, llamada Cruzada, que la Iglesia emprendió contra la herejía catara.

Ascendimos, con mi familia, el escarpado monte Pog y quisimos ofrecer ese sacrificio (no se imaginan lo que eso supone con una niña de 3 años, un niño de 9 y mi estado físico) en reparación de aquel pecado.

El monte Pog y los restos de Montsegur en la cima.

Aquellos hombres y mujeres “perfectos” habían decidido creer en Cristo de una forma distinta. Ciertamente, desde la visión católica, era una herejía, pero ¿justificaba eso tal carnicería? Claro que no.

Ya sé, alguien me dirá “eran otros tiempos” … otros “ellos también mataron a otros cristianos” (cierto, en defensa propia) pero ¿qué lectura del Evangelio habrán hecho nuestros antepasados para justificar matar en nombre de Dios?

¿No es acaso la misma lectura errónea que los terroristas islámicos hacen del Córan?

Recorriendo estos lugares y empapándome de la historia de aquella cruzada, no pude (no puedo) dejar de sentirme en parte culpable. No puedo evitar pensar qué pensarían de nosotros, católicos, aquellos hombres y mujeres.

La “herejía” catara se expandió rápidamente por esta zona de Francia, más que por su dualismo y teología, por su clara contraposición al clero católico de la época, más dado a los lujos y placeres de la carne, que a los espirituales.

Vivimos en tiempos en el que muchos católicos levantan banderas de odio contra el islam y los musulmanes, generalizando así lo que un grupo de trastornados hace (matar en nombre de Dios) y me pregunto ¿qué distingue a “nuestros” trastornados católicos de antaño de aquellos otros trastornados musulmanes de ahora?

Está claro que el Evangelio puede ser utilizado y manipulado para justificar nuestras más bajas miserias. Y eso venimos haciendo desde hace casi 2000 años.

Lo que sucedió en la cruzada contra los albigenses (llamados así porque tuvo su origen en la ciudad de Albi) no fue distinto de lo que se replicó en las otras cruzadas. No fue distinto de lo que ha sucedido en los últimos diez siglos en cada conflicto de religión: cristianos matando cristianos, cristianos matando musulmanes, cristianos violando mujeres y niños, cristianos saqueando ciudades…

Ya, ya se, me diréis “pero los otros también lo hicieron” Y yo os pregunto ¿y eso justifica nuestro comportamiento?

Cuando un grupo de terroristas islámicos siembra el miedo y la muerte, es fácil acusar a todo el islam de terrorista. ¿Pero que sucede cuando el miedo y la muerte son sembrados desde el propio poder religioso? ¿Cuándo era el propio Papa quien ordenaba las cruzadas? ¿No era eso “terrorismo de estado”?

Mis hijos ofrecen unas flores en el Camps des cremats.

He aprendido mucho estos días. Mucho sobre nuestra historia como Iglesia, sobre nuestras miserias, sobre nuestros pecados. Sobre la miopía que manipula el Evangelio y lo hace justificar cualquier cosa, incluso la quema masiva de seres humanos vivos…

Y no me digan que era otro tiempo, Cristo es el mismo, ayer, hoy y siempre. Y su mensaje también.

Vivimos tiempos convulsos. Tiempos en que los extremismos vuelven a tomar protagonismo. ¿Estamos seguros de que no repetiremos los errores del pasado? Mucho me temo, al leer algunas columnas católicas, que volveríamos a quemar al “hereje” si pudiésemos.

Alguien me dijo en Facebook “tú no has quemado a nadie” y lleva razón, yo no, pero mis antepasados sí. Y si no denunciamos aquello que hoy sucede, si no reflexionamos a la luz de la historia, nos convertimos en cómplices.

El sitio de Montsegur duró diez meses. Al final del asedio los cataron se rindieron y las tropas del Papa les ofrecieron quince días para “reflexionar”: o abjurar de su fe o la hoguera. Muy similar, sino idéntico, a lo que ISIS hace en los territorios conquistados.

Cuando conoces la historia te vas dando cuenta como, más allá del supuesto “celo apostólico”, lo que de verdad movía a todos nuestros antepasados (y a nuestros contemporáneos) era el poder, el dinero, la riqueza, las tierras.

Usamos el nombre de Dios para justificar nuestros actos, incluso nos convencemos de que hacemos lo que hacemos y decimos lo que decimos “en nombre de Dios”…

Hay una frase atribuida a Arnaldo Amalric, monje cisterciense y obispo de Narbona. Puede que la haya dicho o puede que no, pero refleja a la perfección la mentalidad de aquellos hermanos nuestros. Se cuenta que, durante el sitio de Béziers, en julio de 1209, un soldado dijo al obispo “cuando entremos en la ciudad ¿cómo distinguiremos a los buenos cristianos de los cataros?” La respuesta atribuida al monje fue “matadlos a todos, Dios reconocerá a los suyos”…

 Sin dudas de que cuando nos llegue la hora Dios sabrá reconocer a los suyos, pero estoy seguro de que aquellos que mataron y matan en nombre de Dios no estarán entre ellos.

Paz y bien!

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Padre de dos hijos, pertenece a la Orden Franciscana Seglar. Es fundador de pazybien.es y de Católicos en Red.

Padre de dos hijos, pertenece a la Orden Franciscana Seglar. Es fundador de pazybien.es y de Católicos en Red.

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