Cuando a María le negaban la eucaristía.

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Hace un tiempo conocí a una muchacha, la llamaré María. Se incorporó, como tantos otros, a la catequesis de perseverancia para adultos de la parroquia.

María era muy retraída, intentaba pasar desapercibida y sus gestos denotaban que había sufrido mucho en su corta vida. María tenía por entonces, 22 años.

Con el correr de las semanas fui hablando con ella y conociendo su historia. Se había casado muy joven, con 18. En la noche de bodas su marido comenzó a pegarle.

Como era de esperar lo que así comenzó peor acabo. Luego de 2 años de infierno, de maltratos físicos y psicológicos, María decidió dejarlo.

Con 20 años ya estaba divorciada.

Como cada curso, al inicio, preguntaba a mis catecúmenos que temas querían tratar durante el año. María quiso saber si, cuando ella se muriese, se encontraría en el cielo con su ex marido y él, allí, seguiría maltratándola.

Cuando llegamos al tema de la eucaristía María comentó que su anterior párroco le impedía comulgar debido a que estaba separada y tenía una nueva pareja.

Quizás, con la ley en la mano, aquel párroco tenía razón. Quizás, si se hubiese preocupado de conocer mejor a María, de saber cómo había llegado al matrimonio, quizás, se hubiese percatado de que aquel matrimonio era nulo.

Quizás le habría recomendado que iniciase el proceso de nulidad matrimonial para poder volver a disponer, libremente, de su vida y restaurar así su relación con Cristo.

Quizás.

Pero María no entendía ni media palabra de derecho, mucho menos del canónico. María había nacido y crecido, como millones, en las zonas “periféricas” del mundo.

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Quizás debí decirle todo esto y someter a María a más sufrimiento. Pero aquella joven mujer de verdad quería comulgar, quería, necesitaba, ese maravilloso momento de intimidad con el Señor.

Con la ley en la mano María, que se casó engañada, que fue maltratada, violada y degradada, estaría condenada, con solo 20 años, a no participar nunca más de la Mesa del Señor.

¿Era esto lo que Cristo decía en los evangelios?

Lo lamento y podéis llamarme hereje o lo que queráis, pero no, no era ese el Evangelio de Cristo.

Luego de hablarlo con el párroco y con el obispo, le dijimos a María que olvidase su pasado, que rehiciese su vida y que viviese esa nueva vida fortalecida por Jesús sacramentado.

Habrá muchos que me dirán que hicimos mal. Allá ellos. María rehízo su vida. Hoy tiene una familia en perfecta armonía. Sus hijos crecen a la luz de la fe y ella ya no se retrae, ya no se siente excluida o apestada.

Conocí a muchas “Marías” en todos estos años y creo firmemente que no todo es blanco o negro. Que el pecado de unos no tienen por qué condenar a otros. Que las víctimas no pueden sufrir más de lo que ya sufrieron. Y que la ley esta al servicio del hombre y no el hombre al servicio de la ley.

Está claro que, aquellos que puedan y hayan sufrido estas situaciones, deben pedir la nulidad por la vía canónica. Pero también tengo claro que, aquellos que no pueden, tienen todo el derecho del mundo a, en la intimidad de su relación con Dios, acercarse al altar y ser fortalecidos por Cristo.

Paz y bien!

 

Gabriel López Santamaría

Padre de dos hijos, pertenece a la Orden Franciscana Seglar. Es fundador de pazybien.es y de Católicos en Red.

Padre de dos hijos, pertenece a la Orden Franciscana Seglar. Es fundador de pazybien.es y de Católicos en Red.

Fray Gabriel, el ángel de los desprotegidos de Colombia.

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