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    Argentina, la agenda del Papa y las otras agendas

    El Papa tiene una agenda. Pero, en Argentina, no la comprenden. No la saben o no la quieren entender. La historia de Cristo se repite. “Nadie es profeta en su tierra”, reza el pasaje bíblico. “Parece que al igual que a Jesús, muchos pretenden cambiar, imponer, recomendar al Papa argentino otras agendas”, constató un editorial del diario L’Osservatore Romano en el más reciente número de su edición en ese país. Una toma de postura neta, mientras la prensa argentina sigue debatiendo hasta el infinito las razones por las cuales Francisco no visitó aún su tierra natal.

    “Con diversidad de intenciones le sugieren cambiar los destinatarios de sus cartas y gestos, los que debe o no recibir en audiencias, las líneas teológicas más apropiadas y ‘políticamente correctas’ y hasta su agenda de viajes apostólicos”, indicó el artículo, en el número del sábado 15 de julio que se distribuye con el diario Perfil.

     

    “Si se utilizara más tiempo en leer sus escritos, entender su mensaje, interpretar el contenido profundo de sus gestos y especialmente su lugar en la historia contemporánea y en el kairós de la Iglesia, probablemente reflexionaríamos más antes de pretender cambiar o luchar con su agenda”, agregó el texto de su director editorial, Marcelo Figueroa, hombre de extrema confianza del Papa.

     

    No se trató de un simple desfogo, sino de una fina reflexión bíblica. Basado en las escrituras (desde el evangelio de Lucas), que conoce a profundidad, Figueroa trazó un paralelismo entre el contexto al cual se enfrentó Jesús y el debate público argentino. Con resultados sorprendentes. Así, algunas de sus frases resultaron sugerentes. A Cristo “intentaron forzarle a hacer declaraciones a favor” de ciertas ideologías, buscaron reclutaron en “planes revolucionarios” e intentaron que abandonara su vocación y destino.

     

    Además, cuando la agenda del mesías perjudicó intereses de poder la enfrentaron “con burdas calumnias, operaciones de desprestigio y campañas que pretendían pronosticar su fracaso ministerial”.

     

    “Desde sus primeros pasos como obispo de Roma y aún antes, en su conocido mensaje durante el Cónclave, el Papa Bergoglio dejó bien clara su agenda. Los pobres, los marginados, los excluidos, la misericordia, la evangelización en el amor, los encarcelados, las víctimas de todo tipo de esclavitudes modernas, y muchas otras que están presentes en sus gestos, discursos y en la geopolítica espiritual de sus viajes apostólicos”, agregó.

     

    El editorial precisó que el pontífice no piensa cambiar su agenda, ni perderá el rumbo sólo por las críticas recibidas. Una premisa que se aplica a la Argentina, pero también a otras latitudes. Es, quizás, el destino manifiesto de Bergoglio. Un Papa reformador, un Papa profeta. Este perfil lo hace un líder extremamente atractivo, a nivel popular, pero también sumamente incómodo para ciertos sectores del poder establecido. Sólo desde esta dicotomía podrían comprenderse sea los altos niveles de aceptación que aún mantiene en las encuestas, sea la obstinada mala prensa que le dedican.

     

    En los medios de comunicación argentinos las noticias sobre el líder católico se alternan entre los detalles anecdóticos (y gestos de ocasión), los “escándalos” o la “lucha de poder” en el Vaticano”, las audiencias (a quién recibe, a quién no) y la eterna pregunta: ¿Por qué el Papa no ha realizado aún una visita apostólica a su país? Escasísimo espacio suele dedicarse a su mensaje, a su predicación o sus opciones espirituales. Salvo honrosas excepciones. De esta aproximación superficial emerge una imagen de un Francisco político, calculador, cuanto menos “avalador” de ciertos proyectos y ciertas iniciativas. Pero resulta una fisionomía enana y extemporánea.

     

    De ahí, quizás, la compulsión por indicarle al Papa cuál debería ser su agenda. A cuáles personajes debería llamar, qué mensajes debería dar. Pero el ministerio de Bergoglio es mucho más vasto y multifacético, no resulta simple ni simplista. Aunque su mensaje sea eficaz, llano y comprensible.

     

    El editorial de “L’Osservatore Romano” se publicó tras una semana de nuevas especulaciones sobre una posible visita apostólica a Argentina en 2018. Esto, luego de una nota publicada por el diario La Nación en la cual se abrió la puerta a esa eventualidad. En rigor, el texto del periodista Joaquín Morales Solá no ofreció datos absolutamente nuevos. Pero sí transmitió algunos criterios válidos. A saber: “El Papa tiene el deseo de viajar a la Argentina, pero quiere encontrar el mejor momento para hacerlo”. El mejor momento político sí, pero, sobre todo, el mejor momento social.

     

    Al respecto, Francisco puso una condición: Su visita tendrá lugar cuando “ceda la conflictividad”. O, dicho de otra manera, “cuando sienta que su visita será motivo de unión y no de división”. Como lo ha repetido, una y otra vez, un hombre cercano al pontífice: el legislador Gustavo Vera, referente de la organización La Alameda. Un mensaje dirigido no sólo al gobierno del presidente Mauricio Macri, sino a todos los sectores sociales. Así vista, la condición no debería ser entendida como una crítica implícita a nadie en particular. Es, más bien, una invitación a reflexionar, todos, sobre los tiempos que corren en la Argentina.

     

    Por lo pronto, fuentes del gobierno argentino confirmaron al Vatican Insider que existe una voluntad manifiesta por recibir al Papa en el momento en que él lo decida. La anunciada visita a Chile y Perú en enero fue tomada como una desilusión en el vecino país. Aunque, siendo objetivos, esa gira no excluye la posibilidad del periplo papal argentino. Eso sí, considerando las fechas, resultaría extraño -aunque no imposible- que se repita una visita sudamericana a distancia de pocos meses. Más factible sería pensar en la segunda parte del año.

     

    Más allá de las especulaciones, por ahora no existe confirmación oficial. El ansiado viaje a Argentina permanece, entonces, como una enorme interrogante. Hasta ahora la oficina de las visitas apostólicas del Vaticano no tiene entre sus tareas trabajar sobre ese recorrido. Todo se mantiene como hace algunos meses atrás: “Ni siquiera está en estudio”. Pero ese estatus puede cambiar de un momento a otro. Y eso, según los interlocutores habituales del Papa, depende más bien de los argentinos.

    Por Andrés Beltramo en LaStampa

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    El cardenal Parolin clausurará el Jubileo del Perdón de Asís

    El cardenal Parolin clausurará el Jubileo del Perdón de Asís

    Coincide con el VIII centenario de su institución y ha sido enriquecido por la peregrinación privada del papa Francisco

    El cardenal Pietro Parolin, secretario de Estado de la Santa Sede, presidirá el próximo 2 de agosto, la celebración de clausura solemne por los 800 años del ‘Jubileo del Perdón de Asís’, que se realizará en la capilla de la Porciúncula, indica la web oficial de los franciscanos.

    El ‘Perdón de Asís’ se concede a los peregrinos que van a la Porciúncula para recibir la indulgencia plenaria. San Francisco obtuvo el privilegio de Honorio III en 1216. El 2 de agosto de cada año la indulgencia se extiende a las parroquia y las iglesias franciscanas del mundo.

    La Porciúncula es una pequeña iglesia que se encuentra dentro de la Basílica de Santa María de los Ángeles, dentro del municipio de Asís pero a unos 4 kilómetros afuera de las murallas de la ciudad. Allí inició el movimiento franciscano. El nombre Porciúncula significa ‘pequeña porción de tierra’ y es mencionado por vez primera en un documento que data de 1045, actualmente en los archivos de la Catedral de San Rufino, en Asís.

    El evento de este año será particularmente solemne porque coincide con el VIII centenario del Perdón de Asís, que llevó a realizar el jubileo iniciado el 2 de agosto de 2016, el cual fue enriquecido por la peregrinación privada del papa Francisco a la Porciúncula, dos días después.

    Así el próximo 1º de agosto, a las 11, p. Michael A. Perry, Ministro general de los Hermanos Menores, presidirá una solemne celebración eucarística que culminará con la procesión de “Apertura del perdón”, que se prologará con una vigilia en esa tarde hasta el día siguiente cuando los peregrinos recibirán la indulgencia plenaria.

    Dicha vigilia de oración será presidida por Mons Domenico Sorrentino y consta de la procesión de antorchas dirigida por Mons. José Rodriguez Carballo, Secretario de la Congregación para los Institutos de vida consagrada.

    El 2 de agosto llegarán miles de jóvenes de la 37º Marcha franciscana y en ese día habrá una misa prácticamente a cada hora, entre las cuales la presidida por el cardenal Parolin, además de confesionarios siempre abiertos. Por la noche habrá un concierto de la Banda de la Gendarmería del Vaticano, seguido de un espectáculo de fuegos artificiales en el lugar de la Porciúncula, cerrándose así el evento.

     

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    La opinión de un laico sobre las propiedades ociosas en la Iglesia

    Downton Abbey y la condición humana

    Ver esta saga británica multipremiada conlleva el ejercicio de perforar la gruesa capa de prejuicios que tenemos los plebeyos televidentes en contra de los ricos de cualquier origen.

    ¿Qué me pueden enseñar esos aristócratas pasados de moda? Preconcepto habitual que practicamos a diestra y a siniestra en nuestras relaciones cotidianas. ¿Qué me puede enseñar este cura, este portero, este ricachón, este niño, este chico autista, este adicto, este político, este viejo, esta monja, este chico Down, este gay?

    También nos enseña a  poner en duda  aquella simplificación que considera que todos los ricos son felices y que todos los pobres son buenos. O  que los patrones no tienen sentimientos de compasión y que los pobres practican “naturalmente” una solidaridad de clase.

    Las lecciones de una mujer indignada: En particular uno no puede dejar de identificarse con una dama de la familia, la Sra Isobel Crawley quien vive en estado de permanente indignación. Se indigna ante las injusticias con las que tropieza pero su actitud es siempre constructiva. Como diríamos ahora, protesta con propuestas.  Ese sentimiento la moviliza a la acción. Es una enfermera calificada, ayudante “critica” del  director del hospital local. Su tenacidad en generar alternativas consigue que parte del fastuoso castillo se convierta en un hospital para soldados convalecientes del frente británico durante la I Guerra Mundial. Los recursos sanitarios locales  han sido desbordados y no existe ningún lugar mas apropiado que la opulenta mansión. Todos los miembros de la familia ofrecen su colaboración no solo la “servidumbre”.

    El uso social de la propiedad

    En pleno siglo XXI muchas propiedades –algunas imponentes- pertenecientes a la Iglesia están ociosas. Algunas sirvieron de noviciados o seminarios, otras fueron asilos de niños o de ancianos. A todas les afecto la crisis de vocaciones que atraviesa  la institución. Esta situación solo trae problemas de administración a los economatos.  Y sin embargo nadie parece hacerse cargo de que por medio de ellas se lleva a su cumplimiento las obras de misericordia tanto corporales como espirituales.

    Necesidades de todo tipo se muestran en nuestras sociedades y los que tienen la obligación de poner en práctica la Doctrina Social de la Iglesia parecen elegir mirar para otro lado. Ni siquiera el papa Francisco, todo el Catecismo y la DSI parecen horadar las conciencias de quienes solamente administran bienes adquirdos por el santo Pueblo de Dios con su limosna. Es una suerte de ateismo practico que por un lado traslada al Estado las responsabilidades de la deuda social y por el otro no se siente responsable ante Dios del cumplimiento de las enseñanzas que predica hacia afuera.

    Me pregunto con qué  autoridad moral se puede como Iglesia -es decir un cuerpo colegiado- predicar, exigir, increpar al Cesar… uno asiste indignado –como la Sra. Crawley-  que un uso social de las propiedades de la Iglesia -repito adquiridas con la limosna del santo Pueblo de Dios- haría mas digna la vida de tantos hombres y mujeres que necesitan un espacio.

     

    ¿Quienes necesitan un lugar?

    Las personas en situación de calle aunque fuera solamente de día.

    Los emigrantes y refugiados hasta que se resuelva su situación.

    Las victimas de la violencia familiar, el abuso infantil, la trata y la prostitución.

    Las familias pobres que acuden a grandes urbes en busca de tratamiento medico para sus familiares.

    Futuras madres con dificultades para seguir con un embarazo no aceptado por sus esposos o familiares.

    La lista se puede extender a la organización de turismo para familias pobres, lugares retiros de bajo costo, lugares de atención de adictos y tantas otras emergencias que merecen un techo.

     

    Lo que dice el Catecismo sobre el destino universal de los bienes

    “El hombre, al servirse de esos bienes, debe considerar las cosas externas que posee legítimamente no sólo como suyas, sino también como comunes, en el sentido de que puedan aprovechar no sólo a él, sino también a los demás” . La propiedad de un bien hace de su dueño un administrador de la providencia para hacerlo fructificar y comunicar sus beneficios a otros, ante todo a sus próximos. (CIC #2404)

    “Los bienes de producción —materiales o inmateriales— como tierras o fábricas, profesiones o artes, requieren los cuidados de sus poseedores para que su fecundidad aproveche al mayor número de personas. Los poseedores de bienes de uso y consumo deben usarlos con templanza reservando la mejor parte al huésped, al enfermo, al pobre”. (CIC #2405)

    Voluntad pastoral

    Nadie dice que sea fácil. Pero “la imaginación de la caridad” sabe encontrar soluciones. En muchas comunidades hay miedo a fracasar.

    Es cierto que hay una sobrecarga de responsabilidades y oficios en los que han permanecido dentro de la institución. Apenas se puede con lo que hay. Mucho menos pensar un poco más allá.

    Es cierto que es una complicación.

    Pero ¿por qué nos manejamos con criterios tan mundanos? Hay experiencias exitosas por todas partes, pero como excepción no como política pastoral homogénea, como una cultura  del  uso social. Inclusive muchas ordenes religiosas han tercerizado la administración de muchos bienes generando fuentes de trabajo, con un doble beneficio social.

    Nadie esta hablando con el simplismo de los que quieren “vender el Vaticano”. Administrar cuesta no solo dinero sino dolores de cabeza.  Sin embargo en muchas oportunidades resulta difícil, casi imposible conectar el “gratis date” de Jesús (“Gratis lo recibisteis, dadlo gratis” Mateo, 10,8) con la administración con criterios estrictamente comerciales  de los bienes heredados.

    La conversión deseada

    La Iglesia ha renunciado hace tiempo a obligar a sus seguidores sean laicos o religiosos. Prefiere la conversión. San Francisco de Asís tenía muy claro el pecado que se encapsula tras la propiedad de los bienes… Por eso llegó hasta destruir una casa que habían construido sus hermanos en su ausencia. Muy raramente se han administrado las propiedades sin que la tentación de la avaricia se haga presente.

    La mujer sunamita compadecida del profeta Eliseo sugirió a su esposo construir una habitación para alojarlo (2 Reyes 4,9-10). Si su ejemplo nos inspirara ni siquiera haría falta construir nada. Bastaría con usar los bienes como quien ha de rendir alguna vez cuentas al Señor.

    Lo importante.

    Entre las inspiradas frases que el guionista de Downton Abbey nos regala hay una sumamente provocadora: “la guerra nos enseña cuales son las cosas verdaderamente importantes”.

    Creo que el papa Francisco trata en vano de explicarnos cuales son esas cosas verdaderamente importantes. Porque estamos en guerra con todos aquellos que vulneran la condición humana. Y esperar soluciones solamente del Estado no solo es una utopía, es una verdadera necedad.

    Lamentablemente muchas teologías lejos de acicatear las conciencias de los administradores parecería que procuran adormecerla generando mil y un excusa para evadirse de un mandato que viene del Antiguo Testamento.

    Muchas veces uno se pregunta si habrá llegado ese tiempo anunciado por Jesús: “Cuando el Hijo del hombre venga ¿encontrará fe sobre la tierra?” (Lucas, 18,8)

     

     

    María Cecilia Jaurrieta

     

    Nota: inspirado en la actitud de acogida de la hermana Teodora, de San Vicente de Paul.

     

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    Cizanyaware

    No sé qué símil utilizaría hoy. Pero los virus informáticos se me antojan muy parecidos a lo que Jesús nos explica en el Evangelio.

    El sistema operativo de cada uno de nosotros es bueno y capaz, pero está expuesto a que aparezca algún virus que, imitándolo, lo destroce. Para eso se han inventado los antivirus; para reforzar el sistema original y defenderlo. Y ahí estamos nosotros, creciendo, trabajando y defendiéndonos en un mundo variopinto y diverso. Y cayendo en la cuenta de que: ¡Cuántos más virus, mejores antivirus!

    Pero, ¿no sería mejor acabar con ellos? Pues supongo que sí. Es la pregunta que -en el evangelio- hacen los criados al amo, tentados de acabar de una vez con la cizaña. El amo les contesta que tengan paciencia, que dejen crecer juntos -al trigo y a la cizaña- y que él se encargará de separarlos al final del tiempo.

    Nosotros somos impacientes. Preferimos cortar de raíz una situación o excluir a una persona para vivir tranquilos y sin sobresaltos. Nos erigimos en jueces; pretendiendo saber quién es trigo y quién virus o cizaña y haciendo prevalecer nuestro criterio. Extirpar un virus de raíz puede llevarnos a borrar todo el sistema; cargándonos los contenidos buenos junto con los dañados. Y eso, sí que es un riesgo… Pero hay otro derivado: ¿Quién te dice que tú no eres cizaña o virus para tu hermano? ¿No debías ser tú también extirpado?

    Menos mal que Dios es paciente y precavido. No quiere perdernos a ninguno, aunque para ello tenga que dejarnos crecer y fortalecernos ante las adversidades: con la cizaña o con virus.

    Así pues, como el trigo y la cizaña van a seguir estando juntos, no nos queda otra que entrenarnos para saber trabajar -en medio de la dificultad- sin dejar de ser trigo y trigo del bueno. ¡Total, quien no levante su cruz detrás de Jesús no es digno Él! Éste sí que es un buen antivirus…

    Via LCDLP

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    La confianza se hace abandono

    Que el bien convive con el mal lo experimentamos dentro de nosotros y lo vemos en torno a nosotros. No parece ser éste, sin embargo, el trasfondo de la parábola del trigo y la cizaña; en ella, más que de la inevitable cercanía entre el bien y el mal, se trata de la cercanía escandalosa entre ciudadanos del Reino y partidarios del Maligno.

    La pregunta de los criados al amo: “Señor, ¿no sembraste buena semilla en el campo?, ¿de dónde sale la cizaña?”, refleja el escándalo que les causa la situación y el reproche nada velado que hacen al dueño del campo.

    La última pregunta de los criados: “¿quieres que vayamos a arrancarla?”, describe esa reacción tan de nuestra casa, de nuestra psicología, de nuestra condición humana, que es el impulso a erradicar de inmediato lo que nos estorba, en este caso, gavillas enteras de agentes del mal o de “partidarios del Maligno”.

    Sobre ese trasfondo de escándalo, de reproche y de prisas por erradicar, acontece la revelación del designio de Dios: “No hay más Dios que tú, que cuidas de todo”.

    Ya puedes, hermano mío, volver a escandalizarte de ese Dios único –no hay otro-, que cuida de su Hijo y de quienes crucifican a su Hijo, cuida de la adúltera amenazada de muerte y de quienes la acusan para matarla, cuida del publicano y del fariseo, del africano pobre y del europeo rico, de los que se ahogan en la miseria y de los que nadan en la abundancia, de quienes mueren abrasados por el sol de Dios en una barca sin pan y sin agua, y de quienes se tuestan al sol para presumir de verano.

    Ya puedes volver a escandalizarte de ese Dios único –no hay otro- “que hace salir su sol sobre malos y buenos, y llover sobre justos e injustos”. Tal vez estas palabras escandalosas de Jesús nos ayuden a entender las palabras escandalosas de la Sabiduría que hemos escuchado en nuestra celebración: “Tú, poderoso soberano, juzgas con moderación y nos gobiernas con gran indulgencia, porque puedes hacer cuanto quieres”. Tú juzgas con moderación haciendo salir tu sol para todos; tú gobiernas con gran indulgencia haciendo bajar tu lluvia sobre todos.

    Hay palabras que pierden el tono del sarcasmo sólo si las pronuncia alguien que sufre, un vencido, un pobre, una víctima, y las palabras que hablan de Dios pertenecen todas a esa familia, también las palabras con las que nosotros hemos orado hoy: “Tú, Señor, eres bueno y clemente… lento a la cólera, rico en piedad y leal”. Palabras-verdad si las dice un crucificado; palabras-sarcasmo si las dice quien se burla de un crucificado. Palabras de fe si las dice un pobre que confía en el Señor; confesión agradecida si las pronuncia quien, de la mano de Dios, ha pasado de la esclavitud a la libertad, del pecado a la gracia, de la muerte a la vida.

    Pero todos sabemos que entre aquella súplica confiada y aquella confesión agradecida está la noche oscura de la humanidad que sufre, la noche de las víctimas, la noche de Cristo crucificado; entonces en los labios del creyente sólo quedan palabras de entrega confiada; entonces la confianza se hace puro abandono: “Padre, a tus manos encomiendo mi espíritu”.

    Queridos: No penséis que unos son los que piden esperanzados la salvación, otros los que agradecen porque la han recibido, y otros aún los que han nacido para conocer sólo la oscuridad de la noche. En realidad, cada uno de nosotros experimenta en sí mismo esos tiempos distintos de la fe, y estamos tan familiarizados con ellos que, mientras oramos confiadamente al Señor de nuestras vidas, ya agradecemos como si hubiésemos recibido la salvación que anhelamos, y nos mostramos dispuestos a aceptar con amor de hijos la oscuridad de la noche que puede envolvernos. Y si oramos desde la oscuridad de la noche, entonces la confianza es sólo confianza, el agradecimiento es puro agradecimiento, y el amor es pura gratuidad, humilde semejanza del amor perfecto de Dios.

    Sólo la comunión real con el dolor de Cristo y con el dolor de la humanidad puede llenar de verdad y purificar de sarcasmo las palabras de nuestra oración.

    Entonces empezarán a tener un profundo significado también para esta asamblea eucarística las palabras de la revelación, que hablan de “juzgar con moderación, gobernar con indulgencia, dar lugar al arrepentimiento, enseñar a ser humano”.

    Cristo y los pobres nos enseñan a creer, a orar, a amar. Dios non enseña a ser humanos. Feliz comunión con Cristo y con los que sufren.

    Feliz domingo.

    Mons. Santiago Agrelo Martínez, OFM

    Arzobispo de Tánger.

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    La importancia de lo pequeño

    Al cristianismo le ha hecho mucho daño a lo largo de los siglos el triunfalismo, la sed de poder y el afán de imponerse a sus adversarios. Todavía hay cristianos que añoran una Iglesia poderosa que llene los templos, conquiste las calles e imponga su religión a la sociedad entera.

    Hemos de volver a leer dos pequeñas parábolas en las que Jesús deja claro que la tarea de sus seguidores no es construir una religión poderosa, sino ponerse al servicio del proyecto humanizador del Padre -el reino de Dios- sembrando pequeñas «semillas» de Evangelio e introduciéndolo en la sociedad como pequeño «fermento» de una vida humana.

    La primera parábola habla de un grano de mostaza que se siembra en la huerta. ¿Qué tiene de especial esta semilla? Que es la más pequeña de todas, pero, cuando crece, se convierte en un arbusto mayor que las hortalizas. El proyecto del Padre tiene unos comienzos muy humildes, pero su fuerza transformadora no la podemos ahora ni imaginar.

    La actividad de Jesús en Galilea sembrando gestos de bondad y de justicia no es nada grandioso ni espectacular: ni en Roma ni en el Templo de Jerusalén son conscientes de lo que está sucediendo. El trabajo que realizamos hoy sus seguidores parece insignificante: los centros de poder lo ignoran.

    Incluso los mismos cristianos podemos pensar que es inútil trabajar por un mundo mejor: el ser humano vuelve una y otra vez a cometer los mismos horrores de siempre. No somos capaces de captar el lento crecimiento del reino de Dios.

    La segunda parábola habla de una mujer que introduce un poco de levadura en una masa grande de harina. Sin que nadie sepa cómo, la levadura va trabajando silenciosamente la masa hasta fermentarla por completo.

    Así sucede con el proyecto humanizador de Dios. Una vez que es introducido en el mundo va transformando calladamente la historia humana. Dios no actúa imponiéndose desde fuera. Humaniza el mundo atrayendo las conciencias de sus hijos hacia una vida más digna, justa y fraterna.

    Hemos de confiar en Jesús. El reino de Dios siempre es algo humilde y pequeño en sus comienzos, pero Dios está ya trabajando entre nosotros promoviendo la solidaridad, el deseo de verdad y de justicia, el anhelo de un mundo más dichoso. Hemos de colaborar con él siguiendo a Jesús.

    Una Iglesia menos poderosa, más desprovista de privilegios, más pobre y más cercana a los pobres siempre será una Iglesia más libre para sembrar semillas de Evangelio y más humilde para vivir en medio de la gente como fermento de una vida más digna y fraterna.

    José Antonio Pagola

    16 Tiempo ordinario – A
    (Mateo 13,24-43)

    23 de julio 2017

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    Santa Clara de Asís, uniendo el cielo y la tierra.

    Dado la proximidad de la Solemnidad de nuestra madre y hermana Santa Clara de asís en el once de agosto aprovecho para ir adentrándonos poco a poco en quien era y es esta santa mujer que en el siglo veintiuno aún sigue gritando su eco  a los cuatro costados del mundo como en el siglo doce. Nunca podremos agotar la vida de una mujer como esta que supo unir cielo y tierra en aquella silenciosa y escondida parcela de San Damián. Para ello permitidme ir haciendo unos breves apartados con la conciencia de que estos se pueden siempre ampliar más.

    ¿Quién fue Santa Clara de asís?

    Esta santa nace en el seno de una familia noble alrededor del 1193 ó 1194, algunos incluso atreven a dar fechas exactas, el 16 de julio 1193. Las  fuentes de Tomas de Celano y las Actas del proceso de canonización promovido solo pocos meses después de su muerte nos hablan del nacimiento de la Santa en el 1193 ó 1194. Su domicilio familiar se sitúa en el corazón mismo de la ciudad, donde esta santa vivió; la plaza de la catedral de San Rufino. Aquí en esta iglesia San Francisco de asís aprende a leer y a escribir.

    ¿Clara nace santa?

    Ciertamente que no. Nuestra santa nace en una familia aristócrata, hija mayor de Favarone de Ofreduccio y Ortolana, descendiente de familia noble y feudal, no olvidando que esta era una mujer muy piadosa y de gran celo por el Señor. Clara es hermana de Catalina y Beatriz que junto a su madre, ya fallecido su padre, las reunirá en el seguimiento al Señor, siendo nuestra santa una antorcha, un faro que ilumina desde lo alto.

    Desde su niñez la tradición nos cuenta cómo Clara se mostraba dotada de grandes virtudes. Clara de nombre, más clara en sus opciones, toda una vida de transparencia total. Era una niña muy aficionada a la oración, una persona que vivía desde la interioridad. Con tierna edad llevaba en su cuerpo frágil la práctica de la mortificación. Clara se niega a alimentarse de su ración de comida en el palacio familiar, la cual a través de su amiga la envía a los pobres. También muestra gran desagrado a las cosas mundanos, en sus escritos usará la palabra “siglo” para designar todo lo que era para ella estorbo en su seguimiento. Como veis Clara crece como una niña normal dotada de virtudes.

    No podemos rehusar la educación que ofrecería Ortolana a su primogénita. Según la costumbre de la época nuestra santa aprendería las tareas de hilar y tejer, servicio que ofrecerá después incluso en el lecho de su muerte. Recibiría una educación en las formas y culturas cortesanas y ¿cómo no? pues llegada la edad de contraer matrimonio según perfilaba sus parientes, Clara la enseñarían a ser esposa y madre como la mujeres de aquella época, la prudencia, el sometimiento, la humildad…¡No me extraña que Clara se niegue a someterse a otras voluntades que no concuerdan con su opción de vida, a saber, en su segunda carta a su muy amiga Inés de Praga le dice << …|Y si alguien te dijera otra cosa o te sugiriera otra cosa, que impida tu perfección o que parezca contraria a la vocación divina, aunque debas venerarlo, no quieras, sin embargo, seguir su consejo, 18sino, virgen pobre, abraza a Cristo pobre>> (“CtaCl 17-18). Clara  bien conocía el papel de la mujer en la familia, pero ella supo discernir su seguimiento a Cristo con unas entrañas maternas, no olvidando a los pequeños (los pobres, los enfermos…) en su alrededor. ¡Clara enseña con ejemplo y nunca se deja apartar del seguimiento de Cristo ni por nada ni por nadie!

     

    Vocación de Clara

    ¡Vaya sorpresón! Nada más ni nada menos cuanto los parientes de Clara quisieron casarla, esta que antes había tenido unos encuentros secretos con Francisco de Asís, el poverello de Dios, teniendo esta alrededor de dieciocho años “se caen del burro”. Si su tío Monaldo viviera se lo preguntaríamos y muy bien nos lo sabría explicar.

    Clara no solo de nombre, sino en sus opciones, había escuchado algunas veces la predicación de Francisco su compatriota y sin duda alguna había abierto su corazón al Santo Espíritu y a la palabra divina. A sus oídos le llegaría también la denuncia de Francisco ante el Obispo y el pueblo entero abandonándose así a la providencia divina. Clara seria posiblemente conocedora de la profecía de Francisco restaurando la ermita de San Damián, palabras que ella misma insertará en su testamento <<venid y ayudadme en la obra de San Damián, porque en él vivirán unas señoras, con cuya famosa y santa vida religiosa será glorificado nuestro Padre celestial>> (TestCl 13-14). Al igual Clara tuvo que saber que de inmediato algunos jóvenes de su ciudad se habían unido a Francisco queriendo abrazar la misma vida, entre ellos su primo Rufino. Claro que Clara quedaría impresionada de todo esto, pero en ella algo más hubo, Alguien halló una morada habitable en ella. Alguien que desde su niñez llevaba un negocio tan grande y loable y en el castillo interior de aquella mansión sin puertas se encontraron y se amaron. Tanto así nos dice Santa Clara en su testamento que <<…después de que el Altísimo Padre celestial se dignó iluminar con su misericordia y su gracia mi corazón para que siguiendo el ejemplo y la enseñanza de nuestro bienaventurado padre Francisco, yo hiciera penitencia…>> (TestCl 24) Clara ciertamente fue una mujer de espíritu disponible, supo captar, percibir los suaves soplos del Espíritu. Apertura de corazón y acogida a los mensajeros del mismo Dios.

    El día dieciocho de Marzo, la noche del Domingo de Ramos de 1212, Clara decidida, sin temor ni temblor, como fuerte guerrero, con sus propias manos jóvenes forzó la puertas de los muertos (porque aquí solamente se pasaban a los muertos) obstruido por vigas y piedras. Abierta la puerta y pudiendo escapar del castillo bien vigilado, va deprisa como otra María a la capilla de la Porciúncula donde la esperaban Francisco y sus hermanos. Allí Francisco que bien conocía el percance la corta el cabello voluntariamente como signo de entrega al Señor y de penitencia. Yo no quiero imaginar el “pollo” que se formó el día siguiente en aquel castillo. Francisco en aquella misma noche conociendo la resistencia familiar, la llevó seguidamente al monasterio Benedictino de San Pablo de las Abadesas en Bastia Umbría, a fin de defenderla de la ira familiar y a la espera de clarificar cuál sería la forma de vida de Clara y su participación en su fraternidad. ¡Claro que le sorprendería Francisco, que una joven tan débil llevara la misma forma de vida que los hermanos llevaban! ¿Y cómo no? No ignoraremos por supuesto, que Clara siendo la primera mujer en seguir a Francisco, una dama joven de una familia noble y de honor, que siguiera aquel que era el hazmerreir del pueblo (claro lejos de los proyectos divinos que solo hablan al alma…), que  su vinculación con él podía suscitar un mal entendido. Clara en su testamento hablará de ello <<…y el bienaventurado Francisco, considerando que si bien éramos frágiles y débiles según el cuerpo, no rehusábamos ninguna necesidad, pobreza, trabajo, tribulación o menosprecio y desprecio del siglo, antes al contrario, los teníamos por grandes delicias, como a ejemplo de los santos y de sus hermanos había comprobado frecuentemente en nosotras, se alegró mucho en el Señor; 2y movido a piedad hacia nosotras, se obligó con nosotras a tener siempre, por sí mismo y por su Religión, un cuidado amoroso y una solicitud especial de nosotras como de sus hermanos>> (TestCl 27-29)

     

    Clara empieza su gran aventura de la vocación sobreponiéndose a los obstáculos y el miedo para darle una respuesta concreta a la llamada que el Señor la había inspirado en su corazón.

     

    En alabanza de Cristo. Amén.

     

     

    Hna. Catalina Mª Inmaculada

     

                                                                                          Continuará

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    Pagola: “Todavía hay cristianos que añoran una Iglesia poderosa, que imponga su religión”

    Al cristianismo le ha hecho mucho daño a lo largo de los siglos el triunfalismo, la sed de poder y el afán de imponerse a sus adversarios. Todavía hay cristianos que añoran una Iglesia poderosa que llene los templos, conquiste las calles e imponga su religión a la sociedad entera.

    Hemos de volver a leer dos pequeñas parábolas en las que Jesús deja claro que la tarea de sus seguidores no es construir una religión poderosa, sino ponerse al servicio del proyecto humanizador del Padre -el reino de Dios- sembrando pequeñas «semillas» de Evangelio e introduciéndolo en la sociedad como pequeño «fermento» de una vida humana.

    La primera parábola habla de un grano de mostaza que se siembra en la huerta. ¿Qué tiene de especial esta semilla? Que es la más pequeña de todas, pero, cuando crece, se convierte en un arbusto mayor que las hortalizas. El proyecto del Padre tiene unos comienzos muy humildes, pero su fuerza transformadora no la podemos ahora ni imaginar.

    La actividad de Jesús en Galilea sembrando gestos de bondad y de justicia no es nada grandioso ni espectacular: ni en Roma ni en el Templo de Jerusalén son conscientes de lo que está sucediendo. El trabajo que realizamos hoy sus seguidores parece insignificante: los centros de poder lo ignoran.

    Incluso los mismos cristianos podemos pensar que es inútil trabajar por un mundo mejor: el ser humano vuelve una y otra vez a cometer los mismos horrores de siempre. No somos capaces de captar el lento crecimiento del reino de Dios.

    La segunda parábola habla de una mujer que introduce un poco de levadura en una masa grande de harina. Sin que nadie sepa cómo, la levadura va trabajando silenciosamente la masa hasta fermentarla por completo.

    Así sucede con el proyecto humanizador de Dios. Una vez que es introducido en el mundo va transformando calladamente la historia humana. Dios no actúa imponiéndose desde fuera. Humaniza el mundo atrayendo las conciencias de sus hijos hacia una vida más digna, justa y fraterna.

    Hemos de confiar en Jesús. El reino de Dios siempre es algo humilde y pequeño en sus comienzos, pero Dios está ya trabajando entre nosotros promoviendo la solidaridad, el deseo de verdad y de justicia, el anhelo de un mundo más dichoso. Hemos de colaborar con él siguiendo a Jesús.

    Una Iglesia menos poderosa, más desprovista de privilegios, más pobre y más cercana a los pobres siempre será una Iglesia más libre para sembrar semillas de Evangelio y más humilde para vivir en medio de la gente como fermento de una vida más digna y fraterna.

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    Sin prisas por sembrar

    ¡Qué prisas para sembrar y para cosechar! No me extraña que parte de la simiente se caiga por el camino y otra se malogre en la recogida.

    Comienza el evangelio diciendo que Jesús se sentó al otro lado del lago y “les habló mucho rato en parábolas”, perdiendo tiempo; sin prisas, como si no tuviera otra cosa que hacer. Y lo hizo poniéndose en la piel de aquella gente de pueblo; hablándoles con su lenguaje y usando ejemplos de su vida cotidiana.

    Les explicó el reino de Dios como si fuera una siembra. Le dijo que a Dios Padre le pertenecen la tierra, la semilla y el fruto. Y les fue desgranando el ejemplo: La semilla es la Palabra de Dios y la esparce Jesús. La tierra somos nosotros con nuestras peculiaridades. Y el fruto, aquello que permitimos que nazca. El querer de Dios sale de él y a él llega, transformada -o no- en fruto: “no volverá a Él vacía, sino que hará su voluntad y cumplirá su encargo”.

    Todos creemos ser tierra buena. La mala, la pedregosa, la polvorienta se da en los demás… Juzgamos la vida de los otros por sus frutos, sin saber si en ellos se depositó mucha o poca semilla. Les evaluamos sin considerar el cuidado que Dios puso en ellos o las dificultades que tuvieron para fructificar. Mientras que somos muy benévolos con nosotros sin querer reconocer que no cumplimos el sueño de Dios en nuestra tierra.

    El caso es que esa Palabra precisa más de paciencia que de honradez. Es Dios el que sigue sembrando y cosechando donde uno menos espera. Mientras tanto, la Creación entera está esperando a que tú y yo escuchemos y cumplamos lo que Dios quiere y demos a luz el fruto esperado. Sin querer apropiarnos de lo que no es nuestro.

    Y en esto -como en casi nada- las prisas no son buenas dejémonos hacer. El sosiego y el calor del verano puede contribuir a ralentizar el ritmo de producción y a admirar los campos del reino. Sin prisas, para dar fruto.

    Via LCDLP

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    Sembrar

    Al terminar el relato de la parábola del sembrador, Jesús hace esta llamada: “El que tenga oídos para oír que oiga”. Se nos pide que prestemos mucha atención a la parábola. Pero, ¿en qué hemos de reflexionar? ¿En el sembrador? ¿En la semilla? ¿En los diferentes terrenos?

    Tradicionalmente, los cristianos nos hemos fijado casi exclusivamente en los terrenos en que cae la semilla, para revisar cuál es nuestra actitud al escuchar el Evangelio. Sin embargo es importante prestar también atención al sembrador y a su modo de sembrar.

    Es lo primero que dice el relato: “Salió el sembrador a sembrar”. Lo hace con una confianza sorprendente. Siembra de manera abundante. La semilla cae y cae por todas partes, incluso donde parece difícil que pueda germinar. Así lo hacían los campesinos de Galilea, que sembraban incluso al borde de los caminos y en terrenos pedregosos.

    A la gente no le es difícil identificar al sembrador. Así siembra Jesús su mensaje. Lo ven salir todas las mañanas a anunciar la Buena Noticia de Dios. Siembra su Palabra entre la gente sencilla, que lo acoge, y también entre los escribas y fariseos, que lo rechazan. Nunca se desalienta. Su siembra no será estéril.

    Desbordados por una fuerte crisis religiosa, podemos pensar que el Evangelio ha perdido su fuerza original y que el mensaje de Jesús ya no tiene garra para atraer la atención del hombre o la mujer de hoy. Ciertamente, no es el momento de “cosechar” éxitos llamativos, sino de aprender a sembrar sin desalentarnos, con más humildad y verdad.

    No es el Evangelio el que ha perdido fuerza humanizadora; somos nosotros los que lo estamos anunciando con una fe débil y vacilante. No es Jesús el que ha perdido poder de atracción. Somos nosotros los que lo desvirtuamos con nuestras incoherencias y contradicciones.

    El Papa Francisco dice que, cuando un cristiano no vive una adhesión fuerte a Jesús, “pronto pierde el entusiasmo y deja de estar seguro de lo que transmite, le falta fuerza y pasión. Y una persona que no está convencida, entusiasmada, segura, enamorada, no convence a nadie”.

    Evangelizar no es propagar una doctrina, sino hacer presente en medio de la sociedad y en el corazón de las personas la fuerza humanizadora y salvadora de Jesús. Y esto no se puede hacer de cualquier manera. Lo más decisivo no es el número de predicadores, catequistas y enseñantes de religión, sino la calidad evangélica que podamos irradiar los cristianos. ¿Qué contagiamos? ¿Indiferencia o fe convencida? ¿Mediocridad o pasión por una vida más humana?

    15 Tiempo ordinario – A
    (Mateo 13,1-23)
    16 de julio 2017

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    Como la lluvia sobre tu tierra

    De la mano, así es como la madre Iglesia nos lleva a gustar el misterio de la celebración eucarística: ella prepara para sus hijos la mesa de la palabra que escuchamos, ella nos ayuda a contemplar las cosas divinas, ella nos dispone para que, en la mesa del Cuerpo de Cristo, comulguemos, comiendo y bebiendo, lo que en la mesa de la Palabra habíamos comulgado escuchando y contemplando.

    El de la homilía es un tiempo para la contemplación.

    Tres imágenes ofrece hoy a la mirada de la fe la mesa de la palabra: Una representa la palabra que sale de la boca de Dios; otra muestra a Dios ocupado en trabajos de labranza; la tercera nos acerca al misterio de la palabra del Reino sembrada en el corazón de los hombres.

     

    La palabra que sale de la boca de Dios:

    Para todos resulta familiar aquella cita de la Sagrada Escritura que hizo Jesús en el desierto: “No sólo de pan vive el hombre, sino de toda palabra que sale de la boca de Dios[1]. “Palabra que sale de la boca de Dios” es la palabra creadora que da consistencia al universo, es la palabra de la promesa a Abrahán y a su descendencia, es la palabra de la ley divina entregada a Israel en el Sinaí. “Palabra que sale de la boca de Dios” es la que divide el mar para dar libertad a un pueblo de esclavos, es la que convoca el maná en las mañanas del desierto para saciar el hambre de su pueblo, es la que saca de la roca manantiales de agua para apagar la sed de los rebeldes. “Palabra que sale de la boca de Dios” es la que da esperanza a los pobres, consuelo a los afligidos, fortaleza a los que ya se doblan. De esa palabra decimos que “sale de la boca de Dios”, pues es en la boca donde resuenan y de donde parecen salir nuestras palabras; entendemos, sin embargo, que la palabra de Dios sale de Dios, sale de su intimidad, de sus entrañas de madre, de su corazón de padre, de su voluntad, del amor que es su propio ser: ese amor es nuestra fuerza, esa voluntad es nuestra luz, esa palabra es nuestra vida: ¡Es verdad, el hombre vive de toda palabra que sale de la boca de Dios!

    Pero hoy, en nuestra eucaristía, el profeta nos ha invitado a contemplar la palabra de Dios, no como un sonido en el aire, ni como escritura en las páginas de un libro sagrado, sino como lluvia y nieve que bajan del cielo a la tierra y no vuelven al cielo sino después de haber cumplido su misión, que es la de empapar la tierra, fecundarla y hacerla germinar para que dé semillas y pan. Así, la palabra que viene de Dios, no vuelve a Dios sin haber cumplido su encargo.

    La imagen de la lluvia y la nieve que bajan del cielo y vuelven al cielo, evoca el misterio de la encarnación y también el de nuestra celebración eucarística.

    Por la encarnación del Hijo de Dios, lluvia y nieve del cielo, la palabra divina empapó la tierra de esperanza, la fecundó de santidad, para que el árbol viejo de la humanidad caída diese de nuevo frutos de vida eterna. Si le preguntas a Jesús de Nazaret cuál es el encargo que ha recibido del Padre, él te dirá: “Yo he venido en nombre de mi Padre”; “yo he venido para que tengan vida, y la tengan en abundancia”; “yo he venido para servir, y dar la vida en rescate por muchos”; “he venido a buscar y salvar lo que estaba perdido”.

    Ya sé que no podemos encerrar en palabras, aunque sean infinitas palabras, el misterio revelado en la encarnación del Hijo de Dios. Por eso a cada uno de nosotros se le ha dado la gracia y la tarea de entrar cada día de nuestra vida en esa historia de amor para conocer el encargo que el Hijo de Dios ha recibido y cumplido.

    Quiere ello decir que tampoco se podrá nunca encerrar en palabras el misterio de la eucaristía; sólo se nos concede la gracia y se nos confía la tarea de entrar en él, gustar de él, ahondar en él, pues es en la eucaristía donde de modo real y verdadero alcanza a los hijos de la Iglesia la lluvia y la nieve del cielo, es en la eucaristía donde se nos ofrece la palabra divina, el Hijo de Dios, que viene a empapar nuestra tierra, a fecundarla y hacerla germinar.

     

    Dios, solícito labrador:

    Por su parte el salmista ha propuesto a la mirada contemplativa de nuestra fe la imagen de Dios, labrador solícito de su tierra. Considera los múltiples aspectos de la acción divina que en el Salmo se describen: “Tú cuidas de la tierra, la riegas, la enriqueces… preparas los trigales, riegas los surcos, igualas los terrones… coronas el año con tus bienes”. Las palabras evocan aquel paraíso terrenal plantado por Dios para el hombre que había creado; evocan también la tierra prometida, aquella tierra que manaba leche y miel, la tierra en la que Dios colocó a Israel para que en ella viviese con libertad de hijo. Pero, sobre todo, aquellas palabras de nuestra oración traen a la memoria de la fe el misterio de la encarnación, e iluminan con luz nueva el misterio de nuestra eucaristía. Hoy hemos cantado con el salmista y dijimos: “Tú cuidas de la tierra, la riegas, la enriqueces”; nuestras voces se unieron a la suya en el canto porque habíamos escuchado la revelación de “la palabra que sale de la boca de Dios” para que la tierra dé semilla al sembrador y pan al que come; pero las palabras de aquel canto a Dios labrador nosotros las dijimos también y sobre todo porque el Padre Dios nos ha dado a Cristo, y Cristo es para nosotros sacramento que oculta y desvela todo el cuidado de Dios por su tierra.

    Al darnos a su Hijo –encarnación y eucaristía-, Dios ha preparado para nosotros los trigales, ha regado los surcos, ha igualado los terrones. En Cristo la acequia de Dios va llena de agua para el mundo entero; en nuestra eucaristía Dios corona con sus bienes el año de la salvación.

     

    La palabra del Reino:

    La tercera imagen de esta liturgia festiva hace referencia al destino de la palabra del Reino. Pudiera parecernos una palabra desaprovechada, pues a nadie se le oculta que, sembrada generosamente por el sembrador –los mensajeros del evangelio-, puede malograrse de muchas maneras; pero algo en esa parábola nos está diciendo que aquel ciento por uno y aquel sesenta y aquel treinta que la semilla produce en la tierra buena, compensan con creces la semilla que haya podido perderse caída al borde del camino, abrasada en terreno pedregoso, o ahogada entre zarzas.

    Antes, sin embargo, de que consideréis la parábola del sembrador como una promesa de fruto abundante para la siembra del Reino de Dios, creo que a todos nos ayudará gustar de esta narración evangélica y verla como anuncio profético de lo que estamos viviendo en la eucaristía dominical, pues la palabra del Reino hoy ha sido sembrada ya en nuestra tierra, y nos disponemos además a recibir en la santa comunión la semilla de la humanidad celeste que es Cristo resucitado. Es buena la semilla, es cuidadoso el labrador; sólo cabe esperar una cosecha de fruto abundante para el Reino de Dios.

     

    Bajo el signo de la cruz:

    Es hermoso todo lo que hemos contemplado en el misterio de la palabra de Dios, pero vosotros, iluminados por la fe, sabéis que nada hay verdadero y espiritual, tampoco belleza, que no esté marcado con el signo de la cruz.

    Por eso os invito todavía a discernir ese sello de autenticidad divina en todo lo que hoy hemos admirado y gustado.

    Mira cómo baja la lluvia a empapar tu tierra, mira a Cristo, “el cual, siendo de condición divina… se despojó de sí mismo… y se humilló a sí mismo, obedeciendo hasta la muerte y muerte de cruz”. Mira cómo prepara el Padre Dios esta tierra suya que es cada uno de nosotros: “Él nos ha bendecido con toda clase de bendiciones espirituales, en los cielos, en Cristo”, él, “por el grande amor con que nos amó, estando muertos a causa de nuestros delitos, nos vivificó juntamente con Cristo… y con él nos resucitó y nos hizo sentar en los cielos en Cristo Jesús”. Mira cómo siembra Dios la palabra del Reino en nuestra vida: “Tanto amó Dios al mundo que le dio a su propio Hijo”.

    Nada hay en nosotros verdadero y espiritual que no sea trabajado con la cruz de Cristo, nada que no sea mullido con el Espíritu de Cristo, nada que no sea regado con la sangre de Cristo.

    Hemos contemplado tres imágenes. En todas hemos visto el sello de la cruz. La luz que todas las ilumina es el amor que Dios nos tiene.

    Feliz domingo.

    Mons. Santiago Agrelo, OFM

    Arzobispo de Tánger.

    [1] Mt 4, 4; cf. Dt 8, 3.

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    La pobreza del campo y la ciudad.

    Un padre rico, queriendo que su hijo sepa lo que es ser pobre, lo envía a pasar unos días con una familia campesina.

    El chico pasó tres días y tres noches en el campo.

    Al volver a la ciudad, mientras viajan en el coche, el padre le pregunta:

    – ¿Que me cuentas de tu experiencia?

    – Bien. -responde el muchacho.

    – ¿Has aprendido algo? -insiste el padre.

    el chico responde:

    – Que nosotros tenemos un perro y ellos cuatro. Que tenemos una piscina, con agua tratada, en el jardín pero ellos tienen un rio, con agua cristalina, peces y otras cosas bellas.

    Que nosotros tenemos luz eléctrica para iluminar nuestro jardín y ellos la luna y las estrellas… Que nuestro jardín llega hasta el muro, el de ellos, hasta el horizonte.

    Que nosotros compramos nuestra comida. Ellos la cultivan, la cosechan y la cocinan. Que nosotros escuchamos música en un CD o en el móvil y ellos escuchan una sinfonia constante de pájaros, grillos y otros animales… todo eso acompañado, algunas veces, del canto de un vecino mientras cultiva la tierra.

    Que nosotros usamos el microondas pero lo que ellos cocinan tiene el sabor del fuego…

    Que nosotros, para protegernos, vivimos rodeados de recintos con alarmas… ellos viven con las puertas abiertas, protegidos por la amistad de sus vecinos.

    Que nosotros vivimos enganchados al movil, el ordenador, la television… ellos están enganchados a la vida, al cielo, al sol, al agua, al campo, a los animales, a sus oscuridades y a sus familias.

    El padre estaba muy impresionando de los sentimientos de su hijo. Al final el muchacho concluye:

    – ¡Gracias por haberme enseñado que pobre somos!

     

     

     

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    El bus de la misericordia recorre Chile

    No sólo el “Bus de la libertad” o el “Bus de la diversidad” recorren las calles del país. También está el “Albergue Móvil”, una iniciativa de la Iglesia Católica en Concepción que desde de mayo acoge a personas que viven en situación de calle, dándoles un lugar para dormir. El también conocido “bus de la misericordia” cuenta con cuatro camas, dos baños con ducha, alimentación, ropa y se instala todos los días en la plaza de la Independencia en Concepción, desde las 22:30 hasta las 7:30 horas.

    La iniciativa, impulsada por el arzobispo de Concepción, monseñor Fernando Chomalí, hace suyo el llamado a la misericordia del Papa Francisco, acogiendo a aquellas personas que viven en situación de calle, para que estas personas puedan dormir y descansar de manera más digna.

    En esa línea, cada noche un grupo de voluntarios acompaña a los indigentes entregándoles cariño, apoyo y un lugar digno donde pasar la noche. El albergue cuenta con permiso municipal para instalarse en la plaza de la Independencia de Concepción de 22:30 a 7:30 horas.

    En tanto, la máquina fue donada por la empresa Buses Hualpén y su transformación estuvo a cargo de la Dirección de Diseño del Duoc UC, a la cual se sumó el Sindicato de Trabajadores de Huachipato y de Asmar, alcanzando una inversión cercana a los $39 millones.

    via El Demócrata

     

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    Franciscanos y Laudato Si. Aplicaciones pastorales.

    Ponencia de fray Jaime Campos, OFM (Director de la Oficina JPIC de la Curia General OFM) y fray Vicente Felipe, OFM (Responsable de JPIC de la Provincia de la Inmaculada, España) sobre las aplicaciones pastorales de la Laudato Si.

    La ponencia se realizó el pasado 16 de junio en el marco del Seminario sobre Ecología de la CEE.

    Puedes consultar los materiales de los que habla fray Vicente, en nuestro Kiosko.

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    Acoger y amar.

    Recorran los buses que quieran, del color que se les antoje, las calles de Chile. Tienen derecho a expresar su opinión. Pero, ¡no usen en vano la gran palabra libertad, ni confundan con medias verdades! La Verdad nos hace libres, dice el Evangelio; esa Verdad que es Jesucristo, no unas pocas frases sesgadas. Él fue un hombre libre: acogió a todos, abrazó a todos, miró con cariño a todos, respetó la primordial dignidad de todos. Y puso un fundamento que nada puede relativizar como principio de relación entre los seres humanos: el mandamiento del amor. “Ámense unos a otros como Yo los he amado”. Acoger y amar. A cada ser humano.

    No habría que agregar nada más. Pero las circunstancias urgen: acoger y amar también a aquellos seres humanos que, habiendo existido siempre en la historia de la humanidad, por primera vez en esta historia se están abriendo un espacio de reconocimiento en las sociedades de hoy: mujeres y hombres homosexuales, bisexuales, transexuales. La emergencia y visibilización de estos hermanos y hermanas asusta, escandaliza y hasta endurece a algunos, tal vez encerrados en moralidades tradicionales, interpretaciones fundamentalistas o parciales de la Biblia, o en otras ideas fijas sobre el hombre que no se han cuestionado. Están invitados a preguntarse qué significa acoger y amar HOY, en un mundo que ha cambiado, que evoluciona y se transforma día tras día. Lo nuevo podrá asustarnos a todos, pero los seguidores de Cristo estamos llamados a mirar lo nuevo con los ojos de Dios, que permanentemente “hace nuevas todas las cosas”. Y a hacerlo desde los grandes principios de la fe, especialmente el amor al prójimo.

    Tal como Jesús exigió ayer un “cambio de mentalidad” (metánoia) a quienes lo escuchaban y siguieron, nos lo pide a los cristianos de hoy. ¿Cómo acoger y amar HOY? Ciertamente no del mismo modo que ayer. Entre muchas otras cosas, ya no es posible justificar la discriminación a los hombres y mujeres LGBT. Ellos y ellas son, cada día más, parte del “nosotros” de la humanidad. Están aquí, “saliendo del clóset” cada día, dando la cara a pesar de las incomprensiones. Tienen los mismos derechos fundamentales que todos. Son hijos de Dios de igual dignidad que todos los seres humanos, creados “poco inferiores a los ángeles” (Sal 8). Los que son cristianos tienen por el bautismo la misma condición de sacerdotes, profetas y reyes que todos los bautizados. Son parte de la Iglesia, miembros del Cuerpo de Cristo. Sobre todo: tienen derecho a ser quienes son y a amar y amarse como todos los seres humanos. Tienen derecho a no vivir escondidos ni equilibrando dobles vidas desgastantes, injustas y, muchas veces, trágicamente truncadas por el suicidio.

    Me parece que es eso lo que está en juego con la deambulación del bus naranja. Parece ser conducido por personas que no reconocen la diversidad real ni creen en la igual dignidad de todos los seres humanos. Y que, además, optan por decirlo agresivamente por las calles de las ciudades, esparciendo en forma de consignas, verdades junto con medias verdades que, o bien confunden, o crean un clima de radicalización e intolerancia. De paso, le niegan a Nicolás lo que verdaderamente necesita: una familia donde sea acogido y amado, no un papá con pene y una mamá con vulva, para usar -sólo por esta vez- el mismo lenguaje callejero y provocativo del mentado bus.

    Que nuestras ciudades sean recorridas por el Espíritu de la Libertad, el Espíritu de Jesucristo, libre como Él y colorido como el arcoíris que Dios creó como signo de la alianza con sus criaturas.

    Guillermo Rosas Diaz, SS.CC

    Texto publicado en el perfil de Facebook del autor.

    Nota:

    Guillermo Rosas Díaz nació en Santiago de Chile en 1954. Pertenece a la congregación de los Sagrados Corazones de Jesús y de María y fue ordenado sacerdote en 1984 en Valparaíso (Chile).

    Es doctor en Sagrada Liturgia por el Pontificio Instituto Litúrgico San Anselmo de Roma. Ha sido miembro y director de la Comisión Nacional de Liturgia de la Conferencia Episcopal de Chile (1995 a 2016) e integrante del equipo de liturgistas del Consejo Episcopal Latinoamericano (CELAM) desde 1997.

    Ha sido presidente de la Asociación Chilena de Liturgia del 2013 al 2016. Desde abril de 2016, es el vicedecano de la Facultad de Teología de la Pontificia Universidad Católica de Chile.

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    Fray Pizzaballa: “A los cristianos les salvará su testimonio”

    «Estamos en un periodo de cambio de época. No sabemos cómo será Oriente Medio en el futuro. En Tierra Santa la situación está bloqueada, no hay negociaciones. Por un lado está Israel, que se siente más fuerte, y por otra los palestinos, débiles y divididos. El ISIS no está físicamente presente en Tierra Santa, sí lo está en cambio su ideología extremista. Crece también el extremismo entre los judíos y aumenta la preocupación entre las minorías, sobre todo entre los cristianos». Un año después de su nombramiento, el 24 de junio de 2016, como administrador apostólico del Patriarcado latino de Jerusalén, monseñor Pierbattista Pizzaballa, que antes fue custodio de Tierra Santa, hace balance de su trabajo y alza la mirada a todo oriente Medio, haciendo un llamamiento a más de 200 periodistas católicos reunidos hace unos días en un encuentro nacional en la localidad italiana de Grottammare.

    «Oriente Medio –dice mons. Pizzaballa– ya no volverá a ser lo mismo. Harán falta generaciones enteras para reconstruir las infraestructuras, pero sobre todo un tejido social estable y sólido. La guerra en Siria e Iraq ha hecho saltar todo por los aires, incluidas las relaciones entre las diversas comunidades. Ciudades como Alepo, en Siria, los pueblos cristianos de la Llanura de Nínive, que estuvieron ocupados por el ISIS, han sido en gran parte destruidos. En 2016 emigraron a Belén cerca de 130 familias cristianas, medio millar de personas, todas con hijos en busca de un futuro mejor».

    Mons. Pizzaballa, ¿cuál es hoy el rasgo distintivo de las comunidades cristianas en Oriente Medio?
    Su gran testimonio. Es verdad que muchos se han marchado, pero los que se han quedado testimonian su fe no entre las paredes de su casa sino ayudando a los ancianos, a los niños, a los discapacitados, a los refugiándose, reuniéndose para rezar. Me han llamado mucho la atención los jóvenes de Alepo, que a pesar del peligro que corren reparten agua a los que la necesitan; las familias cristiana de los pueblos sirios controlados por Al Nusra, que sabiendo que el islam prohíbe el alcohol escondieron el vino para la misa para poder seguir celebrando. Y cómo no citar el gran compromiso delos cristianos de Jordania y el Líbano acogiendo a los refugiados de Siria e Iraq. En Israel, hoy viven 125.000 cristianos, 11.000 en Jerusalén. En Palestina, son apenas 40.000. Estos son los números. Sin embargo, estoy seguro de que el cristianismo en Oriente Medio no va a desaparecer. Nuestra fuerza no reside en los números sino en el testimonio.

    Después de un año como administrador apostólicos del Patriarcado Latino de Jerusalén, ¿qué balance puede hacer y cuánto piensa que puede durar aún su mandato?
    Ha sido un año muy difícil. Estamos viviendo un tiempo de transición y es impensable creer que las crisis que están marcando a Oriente Medio no afecten también a la Iglesia. No hay una iglesia en todo Oriente Medio que esté en condiciones. Y no hablo solo de las católicas. Por lo que a mí respecta, los problemas del Patriarcado Latino son de dos tipos: de vida eclesiástica interna y de tipo económico, deudas para entendernos. En este primer año, he trabajado mucho con los sacerdotes, visitándolos uno a uno en sus casas, para comprender y escuchar. En aquellos días dos tercios de los sacerdotes habían sido desplazados, obispos incluidos. Ahora, un año después, las tensiones se han relajado. El desafío consiste en seguir adelante en esta dirección y saldar deudas. Nadie nos dará dinero así que habrá que vender algunos activos. ¿Cuánto durará mi cargo? No tengo ni idea. La figura de administrador no puede durar eternamente. He cumplido un año y preveo otro. Mi tarea consiste en preparar las condiciones para que el futuro patriarca pueda actuar en un contexto interno de serenidad.

    Esa serenidad que falta en toda Tierra Santa debido al conflicto que aún sigue abierto, por no hablar del muro de separación, la ocupación militar, las colonias. ¿Es que la tan deseada solución “dos pueblos, dos estados” ha quedado obsoleta?
    Respecto a las negociaciones, estamos muy lejos del objetivo. Como cristianos, debemos mantener viva la atención sobre la necesidad de diálogo. Técnicamente, la solución “dos pueblos, dos estados” es muy complicada, pero no veo alternativas posibles. El muro es una herida muy profunda en la historia, en la geografía y en la vida del país, pero ya no se habla de ello en la opinión pública, casi parece algo digerido. No podemos seguir fingiendo que esa herida no existe. Nuestra tarea es hablar de ella, de manera clara y respetuosa, no facciosa. Las colonias y las fronteras son un problema, junto al estatus de Jerusalén. La versión definitiva de las fronteras entre ambos estados y la eliminación (o no) de las colonias es uno de los temas más dolorosos de la crisis, pues influye en la vida de los territorios con mucho peso, sobre todo en los palestinos. A cualquier gobierno le costará mucho cambiar la situación sobre el terreno, también por los costes que supone, humanos, sociales y económicos. Todo eso hace que quede lejos una perspectiva de futuro estable.

    Jerusalén, la Ciudad Santa, está sufriendo una progresiva judeización. Se trata de un nudo difícil de desatar donde los cristianos no pueden ser solo espectadores…
    El futuro de Jerusalén se decide al mejor postor. No tenemos ni las posibilidades ni los recursos para competir en este contexto. En su tiempo, como Custodia nos gastamos mucho para edificar 80 apartamentos: permisos, una burocracia lenta, obstáculos de todo tipo. Hoy con un decreto se construyen 8.000. Pero queda fuera de toda discusión que el carácter de Jerusalén es universal. La ciudad debe garantizar constitucionalmente la libertad de acceso, movimiento, acción, expresión, a todas las comunidades, independientemente del número.

    ¿Jerusalén es una ciudad abierta?
    Sin duda. No compete a la Iglesia ni a la Santa Sede establecer sus fronteras. Sobre esto deben ponerse de acuerdo las partes en conflicto. Nuestro deber es dar los criterios para definir el sistema futuro de la ciudad. Y el criterio es que todos son ciudadanos iguales, lo que significa que todos tienen los mismos derechos. Cuando se habla del futuro de Jerusalén, solo se hacen referencias a los judíos y a los musulmanes, los cristianos no se tienen mucho en cuenta. También es verdad que en los últimos 15-20 años no recuerdo un solo discurso de la Iglesia católica sobre Jerusalén. Protestantes y ortodoxos se cuidan mucho de no debatir sobre la cuestión de la Ciudad Santa. En cambio, sería importante decir una palabra al respecto.

    ¿Qué impacto tendría la eventual decisión de Trump de trasladar la embajada de EE.UU de Tel Aviv a Jerusalén?
    Sería como encender una cerilla en un bidón de gasolina.

    Antes mencionaba la cuestión de la ciudadanía como uno de los criterios para definir el futuro de Jerusalén, ¿por qué?
    Es el reto del futuro. La comunidad internacional debe prestar mucha atención a este tema sobre todo ahora, preocuparse no solo del negocio de la reconstrucción de Oriente Medio sino encargarse también de que se reconstruyan las legislaciones y constituciones. El derecho de ciudadanía es determinante, por eso creo que las ayudas deben estar condicionadas a su respeto: todos los ciudadanos son iguales. No se pueden crear reservas para cristianos, sunitas, chiitas, yazidíes, kurdos, etcétera. El modelo de convivencia en Oriente Medio, basado en la identidad entre fe y comunidad, hoy ha fracasado. La convivencia debe basarse en otras perspectivas. El tema es la ciudadanía y no la laicidad positiva, que no existen en Oriente Medio. Kurdos, yazidíes, cristianos, sunitas, chiitas, turcomanos, todos con los mismos derechos, empezando por la libertad de conciencia. Reconstruir Oriente Medio sin encuadrar estos aspectos sería un fracaso y la antecámara de crisis futuras. Sobre esto los cristianos debemos trabajar e insistir. La presencia cristiana obliga a todas las sociedades en Oriente Medio, también a las mayorías relativas islámicas, a interrogarse sobre este aspecto desde una perspectiva distinta de la musulmana.

    ¿Cómo son las relaciones entre la Iglesia e Israel?
    Hay que tener en cuenta dos aspectos: la negociación entre el estado de Israel y la Santa Sede y la vida ordinaria de la Iglesia local. Sobre el concordato que definirá desde el punto de vista legal el futuro de la Iglesia en Israel, está en la recta final. La firma podría llegar este mismo año. Luego habrá que interpretar el acuerdo. Por lo que respecta a la vida ordinaria de la Iglesia local, no hay ninguna actitud por parte de Israel. Prácticamente no existimos. Si miramos las escuelas, se conceden ayudas a todos los centros privados menos a los cristianos y, en todo caso, siempre en menos medida que en el pasado. Como cristianos, debemos estar más presentes sobre el terreno, no podemos limitarnos a la queja. Es tarea de la Iglesia construir relaciones cada vez más positivas con Israel para dar a entender que somos una realidad territorial con la que deben medirse. Lamentablemente, muy a menudo las decisiones que se toman no nos tienen en consideración para nada.

    Desde hace tiempo las peregrinaciones están en declive, debido también a las tensiones en Oriente Medio que alargan la sombra sobre la seguridad de los fieles. ¿Qué se puede hacer para reactivarlas?
    Tierra Santa es segura. Las peregrinaciones son un apoyo a los cristianos locales porque dan trabajo. Estaría bien que los obispos europeos apoyaran las peregrinaciones a Tierra Santa, por ejemplo lanzando campañas como ya pasó en el año 2000.

    Aparte de la peregrinación, ¿qué otro instrumento puede ser útil para apoyar a los cristianos de Tierra Santa?
    La comunicación. Siempre le digo a los analistas: seguid hablando de Jerusalén y Tierra Santa, no solo a través de la lente del conflicto y las tensiones sino contando las cosas bonitas que hay. Venid a Tierra Santa. No hay evangelización sin comunicación. Y la evangelización no puede prescindir de Jerusalén. No se puede hablar de Cristo sin hablar de los lugres donde vivió y donde su comunidad custodia su memoria. Mostrad que en toda situación, incluso en la peor, hay siempre una luz, por pequeña que sea, desde la que poder empezar. Narrad las ocasiones de encuentro, de diálogo, que en un contexto tan dramático demuestran que no todo es odio, rencor, guerra y armas.

    Via SIR

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    Fray Nicola Riccardi nombrado subsecretario del nuevo Dicasterio vaticano.

    El Santo Padre ha nombrado subsecretario del Dicasterio para el Servicio del Desarrollo Humano Integral a fray Nicola Riccardi , OFM.

    Fray Nicola es docente en la Facultad de Teología, cátedra de Justicia y Paz, de la Universidad Pontificia Antonianum en Roma.

    El Dicasterio, creado por el Papa Francisco en Agosto de 2016, asume la solicitud de la Santa Sede por todo lo que se refiere a la justicia y la paz, incluidas las cuestiones que conciernen a las migraciones, la salud, las obras de caridad y el cuidado de la creación, según recoge su estatuto.

    Cabe recordar que el nuevo Dicasterio nace de la fusión de los antiguos Pontificio Consejo Cor Unum, Pontificio Consejo Justicia y Paz, así como el Pontificio Consejo para la Pastoral de los Emigrantes e Itinerantes y el Pontificio Consejo de la Pastoral para los Operadores Sanitarios.

    Una fusion que es parte de las reformas de la Curia vaticana encaradas por el Papa, desde que asumió, en marzo de 2013.

    El nombramiento de fray Nicola acrecienta el protagonismo del carisma franciscano en la renovación de la Iglesia.

    Nuestra felicitación para el hermano Nicola y encomendamos su nuevo servicio a la Iglesia en nuestras oraciones.

    Paz y bien!

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    Cardenal Farrel: “el futuro de la Iglesia depende de los laicos”.

    “El futuro de la Iglesia depende de los laicos”, y aquel futuro empieza ya. El cardenal Kevin Farrell, Prefecto del Dicasterio para los Laicos, Familia y Vida, está más que convencido de que “este es el momento en la vida de la Iglesia en el que realmente podemos intentar implementar aquello de lo que ya hablaba el Vaticano II: el papel de los laicos”.

    En una entrevista concedida a America, el purpurado norteamericano -residente en el Vaticano desde agosto del año pasado- lamenta los “malentendidos y confusión”que han rodeado en un momento u otro la llamada conciliar de que todo el pueblo de Dios asuma el protagonismo que le corresponde como bautizados. Malentendidos que, a veces, han producido hasta “luchas internas” entre diferentes sensibilidades en la Iglesia -por no decir que nos han hecho “perder mucho terreno y mucho tiempo”– pero que, con el ejemplo del Papa Francisco, ya parecen agua pasada.

    “Los laicos tienen una vocación que desempeñar en la Iglesia, y estoy firmemente convencido de que el futuro de la Iglesia depende de ellos”, opina el cardenal bien querido y afable, incluso en su antiguo cargo como obispo de Dallas. “Siempre he sentido la necesidad de promover a los laicos dentro de la Iglesia y dentro de su organización”, añade al respecto.

    Afán este de dar voz a los fieles de a pie que, como cuenta el purpurado, el Papa Francisco comparte plenamente. “Cada vez que le veo en ceremonias o eventos, siempre se acerca y se interesa por cómo van las cosas”, revela Farrell. “Está muy interesado en saber cómo va todo”.

    Y en cuanto a cómo van las cosas a nivel de personal, el Prefecto descubre que, tras dos nuevos fichajes en los últimos meses  -del sacerdote brasileño Alexandre Awi Mello como secretario y de la laica consagrada española Marta Rodríguez como director del departamento de asuntos de la mujer- ahora está inmerso en la búsqueda de un laico o una laica para encabezar la sección de familia.

    “Me gustaría contar para esta oficina con un hombre o mujer que esté casado/a y que tenga una familia, porque tendría más credibilidad y, es más, tienes que tener alguien al mando que entienda la vida y la familia, la moralidad y todo lo demás”, afirma el cardenal Farrell.

    A nivel de trabajo, por otro lado, Farrell no duda en destacar que el enfoque en su dicasterio está firmamente fijado en la llamada de Francisco a ser “una Iglesia en salida, una Iglesia misionera”. Sobre todo en las visitas ad limina, donde “tenemos que escuchar lo que pasa, asimilar lo que los obispos nos cuentan y no tener respuestas preparadas de antemano”. “A veces en el pasado, nosotros [los oficiales del Vaticano] nos precipitábamos al responder y decir a los obispos lo que tenían que hacer“, lamenta.

    Y es que este nuevo método en Laicos, Familia y Vida -de “escuchar” a los obispos y “entrar en diálogo” con ellos- ya ha producido importantes frutos, declara el purpurado. Sobre la Amoris laetitia, por ejemplo, de la que, desvela, tras ocho visitas ad limina. “ningún [obispo] haya tenido nada negativo” que decir. “Está siendo muy bien recibida en la Iglesia”, dice Farrell con respecto a la exhortación apostólica, aunque sí es consciente de que hay algunos que no están de acuerdo con su contenido.

    “La mayoría de los obispos la acogen bien, pero hay un par de ellos que tienen miedo a abrirse a una Iglesia que es más acogedora y más misericordiosa“, opina el cardenal. “Creo que a veces les gustaría que las cosas fueran blanco y negro, pero la vida humana no siempre es así. Queremos respuestas inmediatas, respuestas fáciles, pero no las hay”.

    Y en lo concierne a su “jefe” el Papa, el cardenal Farrell revela que este período de casi un año ya que ha estado a su lado en el Vaticano solo le ha hecho profundizar en su respeto hacia un hombre que considera “muy pensativo, profundamente espiritual, cariñoso e involucrado”.

    “Él me impresiona”, se confiesa el purpurado, como pocos le han impresionado en el pasado: “en el sentido de ser como Cristo”.

    “No es una persona mediática ni un hombre del espectáculo”, profundiza Farrell. “Pero lo que hace… con todos, cuando está hablando contigo: es como si fueras la única persona en todo el mundo por la que se tuviera que preocupar“. El secreto, agrega el Prefecto, de “por qué es tan popular”: su manera “es lo que atrae y lo que hace volver a la gente a la Iglesia”.

     

    Via RD

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    Tres llamadas de Jesús

    El evangelio de Mateo ha recogido tres llamadas de Jesús que hemos de escuchar con atención sus seguidores, pues pueden transformar el clima de desaliento, cansancio y aburrimiento que a veces se respira en algunos sectores de nuestras comunidades cristianas.

    “Venid a mí todos los que estáis fatigados y agobiados, y yo os aliviaré”.

    Es la primera llamada. Está dirigida a todos los que viven su religión como una carga pesada. No son pocos los cristianos que viven agobiados por su conciencia. No son grandes pecadores. Sencillamente han sido educados para tener siempre presente su pecado y no conocen la alegría del perdón continuo de Dios. Si se encuentran con Jesús se sentirán aliviados.

    Hay también cristianos cansados de vivir su religión como una tradición gastada. Si se encuentran con Jesús aprenderán a vivir confiando en un Dios Padre. Descubrirán una alegría interior que hoy no conocen. Seguirán a Jesús no por obligación, sino por atracción.

    “Cargad con mi yugo, porque es llevadero, y mi carga, ligera”.

    Es la segunda llamada. Jesús no agobia a nadie. Al contrario, libera lo mejor que hay en nosotros, pues nos propone vivir haciendo la vida más humana, digna y sana. No es fácil encontrar un modo más apasionante de vivir.

    Jesús libera de miedos y presiones, no los introduce; hace crecer nuestra libertad, no nuestras servidumbres; despierta en nosotros la confianza, nunca la tristeza; nos atrae hacia el amor, no hacia leyes y preceptos. Nos invita a vivir haciendo el bien.

    “Aprended de mí, que soy sencillo y humilde de corazón, y encontraréis descanso para vuestras vidas”.

    Es la tercera llamada. Hemos de aprender de Jesús a vivir como él. Jesús no complica la vida. La hace más clara y sencilla, más humilde y más sana. Ofrece descanso. No propone nunca a sus seguidores algo que él no ha vivido. Por eso puede entender nuestras dificultades y nuestros esfuerzos, puede perdonar nuestras torpezas y errores, animándonos siempre a levantarnos.

    Hemos de centrar nuestros esfuerzos en promover un contacto más vital con Jesús en nuestras comunidades, tan necesitadas de aliento, descanso y paz. Me entristece ver que es precisamente su modo de entender y de vivir la religión lo que conduce a no pocos, casi inevitablemente, a no conocer la experiencia de confiar en Jesús. Pienso en tantas personas que, dentro y fuera de la Iglesia, viven “perdidas”, sin saber a qué puerta llamar. Sé que Jesús podría ser para ellas la gran noticia.

    14 Tiempo ordinario – A
    (Mateo 11,25-30)
    09 de julio 2017

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    Alégrate, canta.

    Lo dice el Señor: “Alégrate, hija de Sión; canta, hija de Jerusalén”.

    Sólo el Señor puede decirlo, pues ese «alégrate» y ese «canta» son imperativos de fiesta para quienes sólo conocen la vulnerabilidad de lo pequeño –Sión, Jerusalén-, la fragilidad de lo femenino –hija de Sión, hija de Jerusalén-, la hostilidad de los poderosos con sus carros, sus caballos y sus arcos guerreros.

    Lo dice el Señor a quien ha conocido de cerca, porque las ha sufrido, la injusticia y la humillación: «Alégrate y canta», porque «tu rey viene a ti justo y victorioso».

    La profecía lo anunciaba para un futuro tan cierto como la fidelidad de Dios a su palabra.

    El evangelio nos los revela ya cumplido en Jesús de Nazaret.

    Y tú, en tu eucaristía, lo celebras recordando la profecía, proclamando el evangelio y saliendo gozosamente al encuentro de tu Rey, que viene a ti para ser él mismo tu justicia y tu victoria, tu fiesta y tu descanso.

    Él «vino a ti» por la encarnación, pues nació para ti, vivió para ti, murió para ti, resucitó para ti.

    Y es él quien ahora te dice: “Venid a mí todos los que estáis cansados y agobiados, y yo os aliviaré”.

    Él «viene a ti» porque te ama y confía en ti, y te pide que «vayas a él» por la fe, porque te fías de él, porque él te merece confianza-.

    Ese «venid a mí», que resuena hoy como súplica humilde en cada asamblea eucarística, evoca el grito de Jesús en el día de su entrega por todos los agobiados: «Tengo sed».

    Tengo sed de aliviar vuestro cansancio, tengo sed de quedarme con vuestras heridas, tengo sed de hacerme con vuestras enfermedades, tengo sed de hacer mía vuestra muerte: «Tengo sed», «venid a mí».

    Mons. Santiago Agrelo Martínez, ofm

    Arzobispo de Tánger.

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    La Familia Franciscana se compromete a vivir la Laudato Si

    Los máximos representantes de la Familia Franciscana se han sumado a la campaña del Movimiento Católico Mundial por el Clima para poner en práctica la Laudato Si.

    La iniciativa consiste en firmar un compromiso (puedes hacerlo AQUí: http://vivelaudatosi.org) para:

    • Rezar por y con la creación.
    • Adoptar una forma de vida sencilla.
    • Trabajar por el cuidado de nuestra “casa común”.
    De izq a der.: Fray Michael Perry, Ministro General OFM. Fray Mauro Jöhri, Ministro General OFMCap, igor Kauser, Ministro General OFS y Fray Marco Tasca, Ministro General OFMConv.
    Tibor Kauser, actual Ministro General OFS y Encarnación del Pozo, ex Ministra General OFS
    Ministros Provinciales de las distintas obediencias de la Península Ibérica.

     

    COMPROMÉTETE TÚ TAMBIÉN. FIRMA EL COMPROMISO AQUÍ: http://vivelaudatosi.org

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    La Unión Europea limitará las ayudas de las ONG a los inmigrantes

    Italia amenazó el pasado miércoles con bloquear sus puertos a las naves de las organizaciones no gubernamentales que llegaran con inmigrantes. Era un ultimátum a Bruselas para mostrar que la paciencia del Gobierno italiano, presionado por la opinión pública, se está acabando. El país recibió de inmediato bellas palabras: «Italia es heroica y es necesario apoyarla», dijo el presidente de la Comisión Europea, Jean-Claude Juncker. Pero cuando se trata de pasar de las palabras a los hechos, hasta ahora Italia se ha quedado sola, mientras en el país la emergencia por la inmigración se hace cada día más explosiva.

    Dos cócteles molotov se lanzaron contra un hotel que debía acoger a 35 refugiados, en Carpeneda di Vobarno, en la provincia de Brescia, al norte de Italia. Es solo un reflejo de la tensión y temor a la inmigración que se está creando en Italia. La opinión pública, de derecha e izquierda, sin distinción, percibe en la inmigración la principal amenaza para el país, tanto en las grandes ciudades como en los pequeños municipios, donde comienza a aflorar un profundo malestar con algunos gestos de racismo.

    Para afrontar el problema Italia se está movilizando como no lo había hecho hasta ahora con el objetivo de lograr el apoyo de la Unión Europea. Por iniciativa del ministro del Interior, Marco Minniti, el domingo se reunió en París con sus colegas de Francia y Alemania así como con el comisario europeo Dimitri Avramopoulos. Entre los puntos más importantes acordados está el de imponer límites a las organizaciones no gubernamentales (ONG), prohibiéndoles entrar en aguas territoriales de Libia, además de exigirles la presentación de balances económicos transparentes.

    En ocasiones, se ha acusado a las ONG de actuar como si sus naves fueran taxis para los inmigrantes, acusación que aquellas rechazan. Aunque a menudo se elogia también su acción humanitaria, algunos expertos consideran que la intervención de los barcos de las ONG en aguas libias tiene un efecto llamada, favoreciendo que muchos inmigrantes subsaharianos se aventuren a llegar hasta el país norteafricano, hasta donde viajan personas procedentes de más de 30 estados con la esperanza llegar a Europa.

    Otro aspecto fundamental planteado por el Gobierno italiano en la reunión de París fue la redistribución de los inmigrantes, exigiendo que «ningún país se eche atrás en esta responsabilidad». Pero muchos países de la UE se muestran contrarios a compartir esta responsabilidad. La posición del ministro Minniti es conocida: Italia no puede ser el único país que ofrece sus puertos a las naves de diversa nacionalidad que salvan a los inmigrantes en el Mediterráneo. Minniti precisó que los puertos de Marsella y Barcelona podrían ser puntos de acogida también. Pero ayer todos los medios italianos destacaron, citando fuentes de Bruselas, que tanto España como Francia son contrarios a la idea de permitir el desembarco en sus puertos de rescatados en el Mediterráneo.

    Huida de la miseria

    Además, el presidente francés, Emmanuel Macron, ha hecho una clara distinción entre refugiados políticos y económicos en un discurso ante la Asamblea: «Es necesario realizar de forma coordinada en Europa una acción eficaz y humana que nos permita acoger a refugiados políticos que corren un riesgo real porque forma parte de nuestros valores, sin confundirlos con los inmigrantes económicos y sin abandonar el indispensable mantenimiento de nuestras fronteras». Cabe destacar que el 80 por 100 de los inmigrantes que llegan a Italia son económicos.

    La minicumbre de París sobre inmigración sirvió para preparar la reunión de ministros de Interior de la UE del próximo jueves en Tallin, capital de Estonia, país que ostenta la presidencia de la Unión en este semestre. El primer ministro, Paolo Gentiloni, les dirigió ayer un grito de alarma: «Italia entera pide que toda Europa comparta el problema de la inmigración, algo muy necesario si Europa quiere seguir creyendo en sus principios, en su historia y en su civilización. La Unión Europea debe evitar que la situación sea insostenible», clamó Gentiloni.

    A pesar de ese grito de alarma, en Italia no hay muchas esperanzas en la UE. Seguramente habrá más ayuda económica, pero difícilmente se compartirá la cuota de inmigrantes. En lo que va de año, han llegado a Italia por mar cerca de 85.000 inmigrantes, un 15% más que el año anterior.

    Ángel Gómez Fuentes/ABC

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    El buen sexo es cosa de tres.

    Lejos de ser un tabú, la propuesta cristiana para la sexualidad es “mucho más plena y realista que la que te vende el mundo”. Así lo explican a Misión varios matrimonios y profesionales de la orientación familiar, que muestran por qué el sexo es tan importante para la vida conyugal, y aclaran en qué consiste, de verdad, la calidad de la relación íntima entre los esposos. Una pista: no tiene que ver con la variedad de posturas en la cama… aunque eso también cuenta.

    Se miran con un cariño y una química tal, que muchos se quedarían desconcertados al escuchar su testimonio. María y Javi vivieron nueve años de noviazgo sin tener relaciones sexuales y hace dos se unieron en matrimonio. “Como es lógico, esperábamos con muchas ganas el momento de acostarnos juntos y ser una sola carne. Porque si la sociedad te vende que el sexo, incluso sin amor, es la bomba, para nosotros, que nos queremos tanto y tenemos una visión trascendente de nuestro matrimonio, tenía que ser una pasada”, cuentan.

    Lo que ocurre es que la realidad no es, ni en su caso ni en ningún otro, como pintan las películas: El día a día está lleno de cansancio, de estrés… y eso, sumado a nuestra inexperiencia, nos ha hecho darnos cuenta de que la relación sexual es muy importante para un matrimonio, pero no por las mismas razones por las que la sociedad dice que importa el sexo”, aclaran.

    No hablan de chasco, ni cambiarían sus años de noviazgo, “porque descubrir juntos la vida matrimonial es algo incomparable”, pero reconocen que “las series, los anuncios, etc., no ayuda a vivir el sexo con naturalidad y plenitud. Te venden que debe ser súper intenso, frecuente, innovador, todo placer, y si no lo vives así, es que algo estarás haciendo mal…, y si no haces esta postura, no llegas al orgasmo, o si no tienes ganas siempre, algo falla. Nadie lo vive así, pero la presión la tienes encima”.

    El sexo importa mucho

    No parece que exageren en el retrato ambiental: “Si tu vida sexual va bien, lo demás no importa”; “Lo que debes decirle para tener el mejor sexo oral de tu vida”; “Cuatro trucos infalibles para que ella alcance el orgasmo”… Estas frases no están sacadas de una página de contactos, sino de anuncios y titulares publicados en los principales medios españoles.

    Y claro, semejante bombardeo hace mella en los matrimonios, católicos o no. Nieves González Rico, máster en Sexología y directora de Centro de Atención Integral a la Familia (CAIF) de la Universidad Francisco de Vitoria, sabe, por lo que ve en consulta, que “la sociedad vende una imagen idealizada y falsa de la relación sexual que hace mucho daño, porque, al compararla con nuestra realidad limitada, surgen las preguntas: ¿Por qué no deseo como imagino que debo desear? ¿Acaso no amo? ¿Por qué mi cónyuge no me busca?”.

    En realidad, esta visión irreal parte de una premisa cierta: la relación sexual es vital para los esposos; más aún, es parte constitutiva del amor conyugal, porque es lo que diferencia el amor entre los cónyuges de cualquier otro amor. “Hay muchos bienes –explica la doctora– que como matrimonio estamos llamados a compartir con otros: el tiempo, el dinero, la casa… pero hay un bien exclusivo de los esposos que es la intimidad conyugal, y que se compone de sentimientos, pensamientos, confidencias, y una entrega física plena a nivel sexual”.

    Ya no es un tabú

    Inconformes con la propuesta que la sociedad les ofrece, pero conscientes de la importancia del sexo, cada vez son más los matrimonios de todas las edades que buscan vivir su intimidad de un modo pleno. Matrimonios como Sara y Alejandro, que el pasado mayo acudieron a una ITV matrimonial sobre sexualidad, organizada por el COF de Las Rozas (Madrid). “La gente dice que la Iglesia está obsesionada con el sexo, pero es la sociedad la que lo está –afirman–.

    Llevamos veinte años juntos y en ningún sitio nos han hablado de estos temas con la claridad, hondura, verdad y belleza con que lo hace la Iglesia”. Por eso rechazan el cliché de que para los católicos el sexo es un tabú: “Al contrario: antes parecía mal hablar de sexo, porque era algo tan íntimo que exponerlo en público escandalizaba; pero ahora la sexualidad está tan deformada que la propuesta de la Iglesia llena de esperanza, realismo, buen humor y placer a quienes la vivimos”.

    Ahora bien, si el sexo es tan importante es justo porque la relación conyugal no se reduce a lo que ocurre bajo las sábanas. Como señala Javier Vidal-Quadras, presidente de la asociación de orientación familiar FERT, “el sexo tiene mucha importancia en un matrimonio, pero no más, ni menos, que el resto de dimensiones de la persona”.

    Como recuerda, “somos cuerpo y alma, y nuestra única manera de amar cabalmente es entregando y recibiendo todo lo que somos: sexualidad, afectividad, memoria, inteligencia, voluntad…Todas las dimensiones de nuestro ser han de ponerse al servicio del amor, y no al revés”.

    • “La sexualidad está tan deformado que la propuesta de la Iglesia llena de esperanza, realismo, buen humor y placer a quienes la vivimos”

    De calidad y sin miedo

    Pero, ¿cómo se vive bien la sexualidad conyugal?; ¿depende la calidad de una relación solo de la frecuencia e intensidad? Aunque todo ello influye y no es secundario, “la calidad de una relación sexual se mide, en primer lugar, por el respeto”, afirma Vidal-Quadras, autor también de Amar se escribe contigo(EIUNSA, 2016), entre otras obras. Y lo explica así: “Cuando entregas el cuerpo con el sí definitivo del matrimonio, el pudor que antes te protegía de ser contemplado como mero objeto de placer, se diluye ante tu cónyuge y se transforma en delicadeza”.

    ¿Es esto sinónimo de mojigatería, represión o monotonía? En absoluto: “A partir de ese punto, respetando la finalidad de los órganos sexuales y la complementariedad femenina y masculina, cada matrimonio ha de encontrar su camino, sin miedo a disfrutar al máximo de la relación sexual, con la frecuencia, intensidad y diversidad que les una con mayor fuerza”.

    Tras diez años de matrimonio, Eva y Carlos traducen las palabras del experto con el diccionario de la experiencia: “Para nosotros, lo que hace que una relación sexual sea de calidad es la entrega íntima que ponemos en juego. Desde un punto de vista físico, a veces disfrutas más porque el entorno lo facilita, estás más receptivo, o el otro está más acertado, y a veces disfrutas menos porque estás cansado, menos sensible o el otro no hace lo que esperabas”.

    Sin embargo, “cuando eres consciente de que el otro te está dando lo más íntimo que tiene; que te acoge en tu imperfección, te quiere y te desea tal y como eres; que le gustas aunque tengas tripa, la relación sexual es una experiencia impresionante”, dice Carlos.

    Y lo curioso es que “en los días en que físicamente la relación no es una pasada, al darte cuenta de todo eso, acabas por disfrutarlo más”, apunta Eva.

    Y concluyen: “Cuanto más corazón pones, incluso aunque no te apetezca mucho ese día, sacas fuerzas para unirte con una complicidad preciosa”.

    • “Cada matrimonio ha de encontrar su camino, sin miedo a disfrutar al máximo de la relación sexual, con la frecuencia e intensidad que les una con mayor fuerza”

    El camino al placer

    Para avanzar por este camino de intimidad, los expertos recomiendan tomarse al pie de la letra la expresión “hacer el amor”: aunque los arrebatos de pasión están bien de forma ocasional, conviene cuidar las condiciones para que surjan la unidad y el gozo, sin fiarlo todo al “aquí te pillo, aquí te mato”.

    A la noche le precede el día. “Para que surja el placer –asegura González Rico– se necesita un recorrido que es preciso conocer y cuidar con paciencia y delicadeza: buscar momentos en que no se esté muy cansado, cuidar la estética (ducha o baño previos, aceites para masaje, belleza del ambiente…) y descubrir con calma el cuerpo de la persona amada, a través de los besos y las caricias (esencial en la mujer, ya que su respuesta sexual es más lenta), sin precipitar el coito”.

    La directora del CAIF, que es también especialista en Pastoral Familiar por el Pontificio Instituto Juan Pablo II, destaca que “es importante tener iniciativa, buscarse y citarse. El placer es un regalo de Dios y está llamado a ir de la mano del gozo, esa alegría profunda que nace al saber que el abrazo es a toda mi persona. Y como momento sagrado que es dentro de la vida matrimonial, encierra una liturgia que hay que cuidar”.

    María y Javi lo explican a su modo: “Como nos dijo un amigo cura, la relación sexual del fin de semana empieza el lunes con el primer beso de la mañana. No importa cuidar solo los preliminares de la relación, sino ser cariñosos el resto del tiempo: mandar un mensaje si el otro está agobiado, buscar ratos para hablar de todo aunque sea mientras doblas la ropa…”

    Orgasmo, unión con Dios

    Hablar de “liturgia” y de “regalo de Dios” para referirse al sexo no es una metáfora. Autores como el polaco Ksawery KnotzEl sexo que no conoces (Planeta, 2010)– o el francés Yves Semen La espiritualidad conyugal según Juan Pablo II (Desclée De Brouwer, 2011)– apuntan que el propio san Juan Pablo II explicó en sus catequesis sobre la Teología del Cuerpo que el orgasmo es una suerte de éxtasis místico, en el que los esposos se unen entre sí y a Dios, por expreso deseo divino y a ejemplo de la Trinidad.

    Ya lo había dicho Pío XII en 1951, en una cita que recoge el Catecismo: “El Creador hizo que los cónyuges, durante la conjunta y plena entrega física, experimenten placer y felicidad corporal y espiritual, y por tanto, cuando buscan y dan uso a este placer, no están haciendo nada malo, tan solo aprovechan algo que les fue dado por el Creador”.

    Conscientes de toda esta riqueza, Eva y Carlos lo sintetizan así: “En estos años hemos vivido momentos diferentes y, a veces, nos hemos alejado de la propuesta de la Iglesia, cosa nos ha pasado factura. Por eso somos conscientes de que el sexo es un camino de santidad. Si dejamos a Dios al margen de la vida sexual, no solo se empobrece el sexo, sino todo el matrimonio. No es que Dios nos espíe, sino que sabemos que en la cama podemos optar: o somos la simple unión de dos cuerpos con algo de cariño o somos la unión de dos personas completas que se dan por entero. Al amarnos, abrazamos nuestros cuerpos con toda nuestra alma, y por eso estamos abrazando el plan de Dios para cada uno y para los dos como matrimonio”.

    Y concluyen: “Al vivir el sexo como cosa de tres, nosotros dos y Dios, los católicos disfrutamos mucho más del sexo que el resto de la gente”.

    Tres altares en casa

    El franciscano polaco Ksawery Knotz es doctor en Teología Pastoral y autor de numerosos libros de espiritualidad conyugal. Basándose en la Teología del Cuerpo de san Juan Pablo II, y tras décadas acompañando a cientos de matrimonios, ha acuñado la teoría de los tres altares, que reflejó en su obra El sexo que no conoces(Planeta, 2010), y hoy se transmite en retiros matrimoniales y cursos de novios de todo el mundo.

    Según Knotz, el matrimonio tiene una espiritualidad propia que une a los esposos entre sí y a Jesucristo, y que deben cuidar a través de tres “altares domésticos”:

    Altar de la oración. En él, los esposos “construyen los lazos con Cristo, le invitan a ser partícipe de los asuntos que viven y, gracias a la oración personal y conjunta, celebran su presencia entre ellos”. Su símbolo es un pequeño altar (en un rincón, una mesita…) ante el que rezan unidos.

    Altar del compartir. Los esposos “construyen los lazos conversando sobre los asuntos de su vida en común. Simboliza la preocupación de que el trabajo fuera de casa no distancie a la pareja”. Su símbolo es la mesa del comedor, donde se habla y se comparten los alimentos.

    Altar del obsequio. Los cónyuges construyen aquí su unión más íntima y genuina, “compartiendo el amor y el placer, mediante las relaciones sexuales. En este altar, colaboran con el Dios creador”. Su símbolo es el lecho conyugal.

    Via Revista Misión.

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    El Papa a la FAO: las guerras, el terrorismo y las migraciones no son fatalidades

    «Las guerras, el terrorismo, los desplazamientos forzados de personas que cada vez más impiden o, al menos, condicionan fuertemente incluso las actividades de cooperación, no son fruto de la fatalidad, sino más bien consecuencia de decisiones concretas». Lo denunció el Papa en el mensaje que leyó el cardenal Pietro Parolin en su nombre hoy, 3 de julio de 2017, durante la sesión inaugural de la 40a Conferencia general de la FAO, en Roma. En el mensaje el Pontífice subrayó que las ayudas a los países pobres «siguen mermando día con día» a pesar de los «reiterados llamamientos», y afirmó que el hambre y la desnutrición son la consecuencia de una condición de subdesarrollo «causada por la inercia de muchos o por el egoísmo de unos pocos».

    Jorge Mario Bergoglio quiso contribuir en las sesiones de trabajo de la agencia de las Naciones Unidas con un aporte para el programa con el objetivo de dar semillas a las familias rurales que viven en las zonas afectadas por conflictos y la sequía. El próximo 16 de octubre, anunció el Secretario de Estado Vaticano, Francisco intervendrá personalmente en la FAO en ocasión de la Jornada Mundial de la Alimentación, dedicada este año al tema «Cambiar el futuro de la migración».

    «Una mirada a la situación actual del mundo no nos ofrece imágenes consoladoras», escribió el Papa en el mensaje leído por Parolin ante los ministros de agricultura de los países miembros de la FAO. « No podemos, sin embargo, permanecer únicamente preocupados o acaso solo resignados. Este momento de evidente dificultad —recordó el Pontífice— debe hacernos también más conscientes de que el hambre y la malnutrición no son solamente fenómenos naturales o estructurales de determinadas áreas geográficas, sino que son el resultado de una más compleja condición de subdesarrollo, causada por la inercia de muchos o por el egoísmo de unos pocos. Las guerras, el terrorismo, los desplazamientos forzados de personas que cada vez más impiden o, al menos, condicionan fuertemente incluso las actividades de cooperación, no son fruto de la fatalidad —denunció Francisco—, sino más bien consecuencia de decisiones concretas. Se trata de un mecanismo complejo que fustiga ante todo a las categorías más vulnerables, excluidas no solo de los procesos productivos, sino también obligadas a menudo a dejar sus tierras en busca de refugio y esperanza de vida. Como también están determinados por decisiones tomadas en plena libertad y conciencia los datos relativos a las ayudas a los Países pobres, que siguen mermando cada día, no obstante los reiterados llamamientos ante las situaciones de crisis cada vez más destructoras que se manifiestan en diferentes áreas del planeta. Hay que ser conscientes de que en estos casos la libertad de elección de cada uno se conjuga con la solidaridad hacia todos, en relación con las necesidades, cumpliendo de buena fe los compromisos asumidos o anunciados».

    Al respecto, «animado también por el deseo de alentar a los Gobiernos, quisiera unirme con una contribución simbólica al programa de la FAO para proveer de semillas a las familias rurales que viven en áreas donde se han juntado los efectos de los conflictos y de la sequía. Este gesto se suma al trabajo que la Iglesia viene realizando, según su vocación de estar de parte de los pobres de la tierra y acompañar el compromiso eficaz de todos en favor suyo». Este compromiso «nos lo pide hoy la Agenda para el Desarrollo 2030, cuando reitera el concepto de seguridad alimentaria como objetivo impostergable. Pero solo un esfuerzo de auténtica solidaridad será capaz de eliminar el número de personas desnutridas y privadas de lo necesario para vivir. Es un desafío muy grande para la FAO y para todas las Instituciones de la Comunidad internacional. Un reto en el que también la Iglesia se siente comprometida en primera línea».

    Todos, subrayó el Papa, «todos somos conscientes de que no basta la intención de asegurar a todos el pan cotidiano, sino que es necesario reconocer que todos tienen derecho a él y que deben por tanto beneficiarse del mismo. Si los continuos objetivos propuestos quedan todavía lejos, depende mucho de la falta de una cultura de la solidaridad que no logra abrirse paso en medio de las actividades internacionales, que permanecen a menudo ligadas solo al pragmatismo de las estadísticas o al deseo de una eficacia carente de la idea de compartir». Cuando un país no es capaz de dar respuestas adecuadas «porque no lo permita su grado de desarrollo, sus condiciones de pobreza, los cambios climáticos o las situaciones de inseguridad», según el Papa, «es necesario que la FAO y las demás Instituciones intergubernamentales puedan tener la capacidad de intervenir específicamente para emprender una adecuada acción solidaria».

    Al final de la lectura del mensaje papal, el cardenal Parolin anunció oficialmente que el próximo 16 de octubre, con motivo de la Jornada Mundial de la Alimentación, cuyo tema para 2017 es «Cambiar el futuro de la migración», el Papa visitará la sede de la FAO aceptando la invitación que le hizo el Director general, el profesor José Graziano da Silva.

    Via VI

    Puedes leer el mensaje completo aquí: http://www.news.va/es/news/mensaje-del-papa-a-la-fao-ante-egoismo-e-inercia-u